Buena política

En su número de esta semana, la revista El Siglo me publica el artículo que encontraréis transcrito a continuación.

BUENA POLÍTICA
EL SIGLO, 12.11.12

En época electoral los mensajes tienden a simplificarse hasta el extremo. El ruido de titulares, frases hechas y cortes de audio y vídeo de 20 segundos no dejan hueco a la argumentación serena y las posibilidades de entendimiento, de llegar a acuerdos, tienden a desaparecer. Si esta circunstancia se diera sólo una vez cada cuatro años, se podría aceptar un corto período de empobrecimiento intelectual en aras de un enfrentamiento dialéctico simplificador, ya que la contienda electoral mueve a fijar en trazo grueso las posiciones de unos y otros. Lamentablemente, en Catalunya y España parece habernos instalado en un escenario preelectoral permanente, como esas ferias que recalan en un pueblo para pocos días y acaban siendo parte del paisaje. Con la multiplicación de consultas electorales en los últimos cuatro años y la progresiva equiparación del lenguaje parlamentario a la retórica electoral, la confrontación de posiciones se ha visto rebajada a un diálogo de sordos, en la que ya nadie aspira a convencer al otro, ni nadie aspira a llegar a puntos de encuentro, a pesar de que sean ahora más necesarios que nunca para avanzar en los terrenos social, económico y político.

La regeneración de la política y la recuperación de la confianza ciudadana en ella pasan necesariamente por rectificar esa permanente deriva electoralista y recuperar el valor de la palabra y de las palabras en la política. Pero no sólo entre responsables políticos y ciudadanía (sobre ello ya se ha reflexionado mucho y con bastante acierto a raíz del movimiento 15-M) sino también entre los propios responsables políticos. De no abordarse también esta cuestión será imposible romper la peligrosa espiral de la desafección ciudadana.

Me preocupa sobremanera la incapacidad de los actuales dirigentes de Catalunya y de España de llegar a los necesarios acuerdos políticos. Los presidentes Mas y Rajoy, que han acordado aplicar en sus respectivos gobiernos las políticas más gravosas para la ciudadanía, han protagonizado un teatral desencuentro en el momento crucial en que debía de explorarse un acuerdo político de fondo capaz de encauzar el evidente desgaste de las relaciones entre Catalunya y España.

A pesar de que tanto Mas como Rajoy son conscientes de que el año que viene es obligatorio revisar el vigente acuerdo de financiación autonómica (2009-2013), han preferido cerrar toda vía de diálogo en estos momentos por un evidente interés partidista. Artur Mas obtenía lo que siempre quiso: la llave para adelantar las elecciones y el pretexto para evitar el debate sobre su nefasta gestión de dos años de gobierno en los que se han acumulado paro, recortes sociales y deuda. Mariano Rajoy obtenía una excusa para que en las elecciones gallegas se pudiera hablar de otra cosa que no fueran los recortes aplicados por Núñez Feijóo y para que Antonio Basagoiti y Alicia Sánchez-Camacho pudieran presentarse como la mejor garantía para la unidad de España. Mas y Rajoy han hecho política en el peor sentido de la palabra, olvidando su principal obligación como gobernantes y echando mano de sus calculadoras electorales para arrimar el ascua a sus respectivas sardinas.

Mientras PP y CiU buscan réditos partidistas y electorales del choque entre identidades nacionales sin importarles el coste que tenga, la apuesta del socialismo catalán, a la que queremos sumar a nuestros compañeros socialistas, a los progresistas y a una mayoría de demócratas españoles, es la de renovar un profundo acuerdo entre los pueblos de España a través de una alternativa sensata, del federalismo y la reforma constitucional que propone Pere Navarro. Sin miedo. Para avanzar.

Sabemos que no lo tenemos fácil, porque el ruido, las posiciones extremas y el inmediatismo lo tapan todo. Pero pese a las dificultades pretendemos un triple objetivo: obtener los mejores resultados posibles que permitan llevar a cabo nuestro proyecto federal; ser útiles el día después de las elecciones, puesto que ese día Catalunya seguirá padeciendo unos niveles alarmantes de paro y unas desigualdades y una pobreza crecientes que hay que abordar con políticas muy distintas a las practicadas por CiU y PP; y promover una manera diferente de hacer política, en la que prime la transparencia, el diálogo, la renuncia a manipular los sentimientos y el compromiso de resolver los problemas que afectan directamente a la ciudadanía. Porque, al final, federalismo es pacto entre ciudadanos. Es decir, buena política.

Acerca de Miquel Iceta

Sóc primer secretari del PSC, president del grup socialista al Parlament de Catalunya i candidat a la Presidència de la Generalitat

Publicado el Lunes 12 noviembre 2012 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Los comentarios están cerrados.