Después del 11-S, federalismo!

Quiero dedicar la actualización semanal de mi diario en internet a reflexionar sobre la gran manifestación independentista de la Diada Nacional de Catalunya y sus efectos sobre la política catalana y española. Después de mis comentarios al respecto encontraréis una selección de artículos sobre la cuestión que me han interesado especialmente y una selección más breve aún de artículos sobre otras cuestiones que han estado presentes en el debate público de esta última semana. Aprovecho para recordar que casi cada día recomiendo artículos de interés a través de mi Scoop.it y también les doy difusión a través de mi cuenta en Twitter, de mi perfil y página en Facebook, y en el recopilatorio Alternatives.

Empiezo, pues, hablando de la manifestación del 11 de septiembre. Lo hago a título estrictamente personal, y lo hago sin depurar, cuando acabo de llegar de la celebración de la Fiesta de la Rosa del PSC en Gavà, de forma sencilla, pensando en voz alta, sin buscar ni precisiones terminológicas ni pretendiendo fijar una doctrina acabada, pero con voluntad de entrar a fondo en un debate que marcará los meses y los años a venir.

En primer lugar, dejadme que lo diga, sin necesidad de entrar en ninguna polémica sobre la cifra de asistentes, que probablemente nos encontramos ante la manifestación más grande de la historia de Cataluña y que, a pesar de que las motivaciones de cada persona para asistir a la manifestación pueden ser diversas, no se puede obviar de ninguna manera que la finalidad de los convocantes y el lema de la manifestación “Catalunya, nou estat d’Europa” eran inequívocamente independentistas, precisamente la razón por la cual yo decidí no participar en ella. Hay que felicitar, pues, a la Assemblea Nacional Catalana por el éxito de su convocatoria, que ha ido precedida y acompañada de una significativa cobertura institucional, política y mediática.

Hace muchos años que la Diada Nacional de Catalunya acoge manifestaciones de cariz independentista pero nunca hasta ahora habían conseguido una participación tan masiva. Es obligado, pues, preguntarse las razones de este éxito y, cada cual desde su perspectiva política, dar la respuesta que considere más adecuada. Sin ordenarlas por su importancia, creo que hay fundamentalmente tres razones que explican el salto cuantitativo y cualitativo de la respuesta que ha recibido este año la convocatoria de la manifestación del 11-S. Una es, sencillamente, el aumento de ciudadanos y ciudadanas de Cataluña que creen que la identidad de Cataluña, su lengua y su cultura, sus intereses y sus expectativas, estarían mejor defendidos en un Estado catalán independiente del español. Es decir, la manifestación constata que probablemente hoy hay más independentistas que en ningún otro momento de nuestra historia. Dos, también ha aumentado significativamente el número de ciudadanos y ciudadanas que perciben un inaceptable desprecio a nuestra realidad nacional y un trato financiero injusto. Y tres, el impacto de la crisis económica se traduce en malestar social que encuentra en la reivindicación de “más dinero para Cataluña” una respuesta a una desazón creciente y a un futuro incierto. Seguro que pueden haber otras razones y siempre podríamos enriquecer con muchos matices las afirmaciones anteriores, pero creo que las razones mencionadas sirven como punto de partida para el análisis.

También hay que decir que personas que pueden compartir algunas de las razones antes mencionadas no han asistido a la manifestación precisamente por su contenido netamente independentista; del mismo modo que algunos asistentes a la manifestación no son independentistas pero han creído conveniente manifestar su malestar sobre el actual estado de cosas participando en la marcha. Nos encontramos el caso, por ejemplo, de que a pesar de que el PSC no apoyaba la manifestación, destacados dirigentes del partido y miembros de su Comisión Ejecutiva  participaron en ella, en una muestra más del potencial del PSC para recoger sensibilidades distintas.

Lógicamente, en el momento de fijar una posición política sobre las cuestiones de fondo a debate no podemos fijarnos sólo en la manifestación, porque si ya hemos visto que la elevada participación en la manifestación responde a un fenómeno complejo, todavía es más compleja la realidad catalana toda. Y no podemos perder de vista el hecho de que muchos catalanes no comparten la “necesidad vital” que probablemente tienen muchos manifestantes de separarse del resto de España (hay también quienes piensan que romper con España sería una aberración) y también los hay que piensan (que pensamos) que a pesar de la importancia y la dificultad de las cuestiones pendientes de resolver en el encaje de Cataluña en el Estado español, conviene seguir intentando encontrar la manera de compartir un proyecto común con el resto de pueblos de España.

Nos guste o no, la manifestación señala una bifurcación del catalanismo, que ha pasado de ser dominado muy mayoritariamente por los que pensamos que los anhelos de Cataluña pueden y deben encontrar respuesta positiva en el marco de una España autonómica y federal, a una situación en que una parte muy significativa del catalanismo, que puede ser incluso mayoritaria, piensa que “con España no hay nada que hacer”. El catalanismo se divide, pues, a partir de ahora en dos corrientes que, si bien pueden compartir la estima por el país, su lengua, su cultura, la voluntad de defender de la mejor forma posible los intereses de los catalanes y la de participar muy activamente en el proceso de unidad europea, tienen un objetivo final muy distinto: unos quieren marcharse y los otros queremos seguir intentando un nuevo acuerdo con el resto de España que permita seguir construyendo un proyecto compartido.

No quiero esconder la preocupación y la tristeza que siento. El PSC ha trabajado siempre para evitar que se produjera esta división del catalanismo y entre los catalanes, pero después de haberlo conseguido a lo largo de 30 años, hoy la situación ha cambiado debido a la fuerte ofensiva de la derecha española contra el intento muy legítimo de profundizar en el autogobierno que perseguíamos con el nuevo Estatuto, de la percepción de que la izquierda española no es siempre capaz de hacer frente con éxito a la deriva recentralizadora y uniformadora de la derecha española (algunos piensan que ni tan sólo está dispuesta a hacerlo e incluso hay quienes piensan contra toda evidencia que PP y PSOE son el mismo, poniendo en el mismo saco a los que votaron el Estatuto y a los que recogían firmas contra el Estatuto en el resto de España y lo impugnaron ante el Tribunal Constitucional) y, muy especialmente, debido a la maldita Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto.

A pesar de que lamento la división del catalanismo, que quizás algunos intentarán utilizar contra todos los catalanistas, seamos independentistas o no, creo que en estos momentos es obligado clarificar posiciones. Creo que ya ha acabado el momento de los conceptos ambiguos: ya no se trata ni de transición nacional (¿hacia dónde?), ni de estructuras de Estado (¿cuáles? ya tenemos presidente, gobierno, Parlamento, Consejo de Garantías Estatutarias, delegados en Bruselas, París, Berlín y Nueva York…; creo que antes de gastar más en estructuras de estado habría que evitar recortes en salud y educación), ni de derecho a decidir, ni de autodeterminación. Se trata de decir claramente si queremos marcharnos o si queremos intentar quedarnos. Y los federalistas queremos intentar quedarnos por la vía del diálogo, del acuerdo, del pacto; no queremos marcharnos, no queremos romper, no nos queremos separar. Unos y otros, independentistas y autonomistas y federalistas, estamos abocados a encontrar soluciones a través de la política y de los mecanismos institucionales de la democracia.

Por eso doy por hecho que el presidenteMas será coherente con su planteamiento de estos días y se presentará a las próximas elecciones con un programa netamente independentista, como en su día hicieron el Partido Québécois o el Scottish National Party, confirmando lo que yo he pensado siempre: los partidos nacionalistas tarde o temprano se plantean obtener la independencia de su nación. Yo creo que se puede ser catalanista sin ser nacionalista, y sin ser independentista. Sobre las diferencias entre catalanismo y nacionalismo siempre me ha gustado citar un artículo al respecto de Ernest Lluch. Y no haría falta que dijese que consideraría un error gravísimo que alguien intentara expulsar del catalanismo a aquellos y aquellas que no somos ni nacionalistas ni independentistas, sería un flaco favor al catalanismo y un pésimo servicio a Cataluña.

Por cierto, sólo después de unas elecciones ganadas por partidos que reclamen explícitamente la independencia se puede considerar abierta esta perspectiva desde el punto de vista político e institucional, es decir, las eventuales consultas sobre la secesión son posteriores a las victorias de los independentistas, y la victoria del sí, de producirse, no haría sino abrir las negociaciones de un proceso de secesión que son habitualmente largas y difíciles, y que topan con marcos jurídicos muy rígidos, como lo es en este caso el español (ved al respetco los artículos de Xavier Arbós y Javier Pérez Royo). Descarto por inaceptables e inaplicables las decisiones unilaterales, ilegales o las derivadas de conflictos violentos. Sean cuales sean los problemas y las dificultades, la política democrática tiene que encontrar los caminos para resolverlos, incluso para encontrar los mejores instrumentos para dirimir conflictos a los que no se haya encontrado una solución satisfactoria para las dos partes.

¿Qué creo que tiene que hacer el PSC en este momento? En primer lugar recordar su Declaración de principios, adoptada por unanimidad en 2008, que afirma rotundamente: “Somos federalistas porque queremos promover un proyecto compartido entre los pueblos de España a partir del respeto a la realidad plurinacional, pluricultural y plurilingüística del Estado”. En estos momentos, pues, hay que perfilar con más nitidez el proyecto de catalanismo federalista del PSC y, por lo tanto, el proyecto de un catalanismo no independentista. El PSC precisó en su 5º Congreso, en 1987, su propuesta federal. La hemos defendido con un eco menor del que creo se merecía, y más si vemos el punto al que hemos llegado. ¿Cuántas veces los presidentes Maragall y Montilla habían advertido contra la desafección? También lo hizo Pere Navarro en el Comité Federal del PSOE celebrado el domingo antes de la Diada: “España será federal o no será”. Para una reflexión más en profundidad sobre mi visión federal aprovecho para recomendaros la lectura de cinco artículos que he escrito a lo largo de los últimos 8 años sobre esta cuestión:

A nadie extrañará, pues, que siga defendiendo el ideal federal. Porque creo que es el que mejor se ajusta a un mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas, porque evita el choque de identidades y la fractura de la sociedad en función de los varios grados de autoidentificación nacional, porque es coherente con los valores de fraternidad, solidaridad e internacionalismo, y porque tiene como instrumentos privilegiados la acción política democrática, la negociación y el pacto. Lógicamente, en el caso de España tendremos que encontrar soluciones federales que contemplen la plurinacionalidad del Estado español.

El PSC tiene la responsabilidad de seguir trabajando por la unidad civil de los catalanes y la máxima cohesión social, tiene que explicar qué país queremos y cómo queremos construirlo, cómo pensamos que se defienden mejor los intereses de los catalanes y las catalanas, cómo pensamos impulsar nuestra lengua, nuestra cultura y nuestros intereses, cómo los defenderemos en una España que, del mismo modo que Cataluña se ha movido, también se tiene que mover. Ahora toca concretar qué queremos y explicar que, a pesar de las dificultades, que las hay, cómo seremos capaces de conseguirlo en el marco español. Cómo profundizar en el autogobierno, cómo recuperar íntegramente el Estatuto, cómo desarrollar una cultura federal en el resto de España y en las instituciones españolas.

Siempre se nos interpela sobre la ausencia de federalistas más allá del Ebro. Los hay, pero son pocos, hablan poco y son todavía menos escuchados, por ahora… Precisamente por eso y ante la evidencia de que si no se arreglan algunas cuestiones pendientes el conflicto y una eventual ruptura están servidos, en el resto de España también se debe reflexionar sobre cómo mejorar el encaje de Cataluña y, si se llega a considerar que la transformación federal del conjunto del Estado es imposible, entonces habría que pensar en cómo satisfacer específicamente las legítimas demandas de Cataluña: el reconocimiento real y sincero de la plurinacionalidad, la pluriculturalidad y el plurilingüismo del Estado, y un pacto fiscal justo, como el que hemos reclamado y votado en el Parlament de Catalunya los socialistas catalanes.

Por lo tanto, o Estado federal o solución bilateral. Con las reformas legales que haga falta, la de la propia Constitución si se quiere conseguir un Senado federal. Yo no soy muy partidario de empezar poniendo las etiquetas al nuevo acuerdo que estamos buscando, hay que retomar el hilo del pacto constitucional del 1978 y el impulso que pretendía dar Pasqual Maragall a esta cuestión con el Estatuto del 2006. Y cuando hablo de no empezar poniendo las etiquetas, hablo de evitar bautizar antes de tiempo un acuerdo que todavía no tenemos. No enredemos la madeja más de la cuenta antes de tiempo, diciendo que tiene que ser federal, bilateral, asimétrico o confederal. Soy más partidario de fijar los objetivos concretos a lograr y acordar los mejores mecanismos para conseguirlos. Tiempo habrá para bautizarlo después.

Personalmente, preferiría una solución federal, en la que Cataluña fuera como Baviera (en esto comparto criterio con Joan Majó) pero no me cierro a una solución estrictamente bilateral si al resto de España conviene más hacerlo así. Los objetivos que dibujo parten de una premisa clara: nosotros no queremos marcharnos, no queremos romper, somos federales y queremos seguir trabajando para tender puentes de diálogo, para encontrar soluciones acordadas. Porque somos federalistas, porque trabajaremos sin desfallecer por encontrar una solución que garantice una relación fraternal entre los pueblos de España. Y por lo tanto no compartimos el objetivo final de los independentistas. Y en esto tenemos que ser claros desde el primer momento cuando los términos del debate ya han sido claramente fijados.

En definitiva estamos discutiendo si queremos marcharnos o queremos quedarnos. No tenemos que rehuir el debate sobre la independencia, hay que poner sobre la mesa las razones de los que no queremos la separación y también nuestras propuestas para seguir avanzando en el autogobierno, el reconocimiento de nuestra personalidad nacional y la obtención de una financiación justa. Las razones de los independentistas ya están sobre la mesa. Ahora tenemos que poner las nuestras, que no tienen nada que ver con el miedo y que no responden a intereses foráneos, tienen que ver con nuestros valores, nuestras convicciones, y nuestra manera de entender como se defienden mejor los intereses de los ciudadanos y las ciudadanas de Cataluña en los ámbitos español y europeo.

Sé que hay gente que contempla con escepticismo nuestra propuesta. Yo digo a veces que el federalismo es como la vida, exige diálogo, tenacidad, paciencia, capacidad de acordar, y que a veces cuesta mucho, que a veces se avanza y a veces se retrocede, como en casi todo en la vida. ¿Si no me entiendo con los vecinos de mi escalera, estoy obligado a marchar o es mejor intentar establecer reglas de convivencia? ¿Si quiero construir una Europa federal con pueblos tan distantes como el de Estonia, por ejemplo, como lo haré si ya no soy capaz de entenderme con la gente de Albacete? ¿Qué sentido tiene establecer fronteras con los pueblos hermanos de Aragón, País Valenciano y las Islas? Ciertamente topamos y toparemos con dificultades. Pero yo soy de los que creo que vale la pena seguir intentándolo. Entre otras cosas porque la independencia es irreversible, con ventajas e inconvenientes, mientras el federalismo es y tiene que ser dinámico, como lo requieren las relaciones entre los pueblos.

Ciertamente hace falta que los socialistas catalanes actualicemos, precisemos y concretemos nuestra propuesta federal. De hecho no hemos digerido aún los estragos de la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto. No tanto sus efectos legales y competenciales concretos, sino la anomalía democrática que implica haber modificado un texto aprobado por dos tercios del Parlament de Catalunya, negociado en las Cortes Generales, aprobado por mayoría absoluta por el Congreso de los Diputados y el Senado, y ratificado mayoritariamente por los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya en referéndum.

La Sentencia se produjo, en condiciones especialmente anómalas, en julio del 2010, después tuvimos que afrontar las elecciones al Parlament de noviembre de 2010, las elecciones municipales y las elecciones generales de 2011 y, finalmente, un Congreso de renovación en diciembre de 2011. Esto explica, a pesar de que no excusa, nuestro retraso en ofrecer una respuesta más acabada. Pero la responsabilidad no es sólo nuestra: así como en España gobiernan los que se lucharon a capa y espada contra el Estatuto, Catalunya tiene en estos momentos un gobierno que ha renunciado a desplegar el Estatuto, que parece más interesado en sacar rendimientos políticos del conflicto que no en encontrar soluciones concretas a los problemas.

La izquierda española y muy especialmente el PSOE tienen que participar también en el esfuerzo de definición de este proyecto compartido. Las soluciones federales son, por naturaleza, caminos de doble dirección, nadie puede imponer su criterio al otro y las mejores soluciones son las acordadas. Y, en estos momentos, quizás más que nunca en la historia, el resto de España, o como mínimo los progresistas del resto de España, se tienen que implicar activamente en encontrar la solución a los problemas pendientes que, si se enquistan, pueden hacer saltarlo todo por los aires.

Y no tenemos que olvidar tampoco la especial responsabilidad del PP y de Mariano Rajoy, que tienen que dar una respuesta, aceptando que su actitud en el proceso estatutario ha sido una de las causas más importantes del malestar que se evidenció en la manifestación del 11-S, como ya se evidenció también en la manifestación del 10-J en rechazo de la sentencia del Tribunal Constitucional.

Como decía hoy en Gavà Alfredo Pérez Rubalcaba, si PP y CiU se han puesto tan a menudo de acuerdo en recortar, ahora conviene que cojan hilo y aguja para coser lo que se ha ido descosiendo.

Para ir acabando querría hablar sobre el papel del president Mas y de CiU en este debate. Tengo la clara sospecha que para ellos este debate es una fuga hacia adelante para evitar que en las próximas elecciones se hable del balance de su gobierno. Hasta cierto punto es lógico: hoy Cataluña está peor que cuando CiU llegó al gobierno. La Cataluña del 2012 está más parada, más recortada y más endeudada que la Cataluña del 2010. Ni formaron el gobierno de los mejores, ni han acertado en sus alianzas con el PP, ni con sus políticas económicas y sociales. Ni han desplegado el Estatuto, ni han recuperado nada de lo que nos hizo perder la sentencia del Tribunal Constitucional, ni tampoco parece que tengan que obtener demasiado en la financiación que habría que negociar el año que viene.

En estas condiciones difícilmente CiU y el president Mas quieren ir a unas elecciones a rendir cuentas. Quieren que se discuta sobre otras cosas. Pero actuando así olvidan cuáles son sus obligaciones.

Los políticos responsables intentan resolver problemas, no aprovechan los problemas para rehuir sus responsabilidades. ¿Cómo piensa CiU y el president Mas obtener una buena negociación del pacto fiscal si la mezclan con la reivindicación de la independencia?

Al margen de las dificultades económicas actuales que, ciertamente, dificultan avances en este sentido, el gobierno de España tendría que renunciar a hacer recaer todo el esfuerzo de reducción del déficit en las Comunidades Autónomas y, en vez del desgraciado Fondo de Liquidez Autonómica tendría que haber emitido “hispabonos”, del mismo modo que estamos reclamando a la Unión Europea que emita “eurobonos” –Alfredo Pérez Rubalcaba escribió un magnífico artículo en El País proponiéndolo.

Mezclar pacto fiscal e independencia, como hace el president Mas, es renunciar al pacto fiscal, como explica de forma rotunda Joan Manel Perdigó. Exigir un mejor trato económico anunciando que la ruptura es inevitable es renunciar a buscar soluciones a un problema, precisamente para después poder decir que no hay más salida que la independencia. El planteamiento de CiU es un terrible error. Van a Madrid diciendo: “si no me das lo que quiero, rompo mañana; y si me lo das, rompo pasado mañana”. ¿Cómo quieren obtener nada de este modo? Actuando así, CiU y el president Mas están olvidando sus obligaciones institucionales y sus responsabilidades, que son las de obtener rendimientos en favor de los catalanes y las catalanas, no las de agravar los problemas para hacer avanzar su proyecto político independentista.

Y todo ello tiene también un aire de elecciones anticipadas. Así lo explica Joan Tapia. CiU ha fracasado en su gestión, sabe que los años de gobierno que tiene por delante serán muy difíciles y prefiere envolverse en la bandera independentista para ir a unas elecciones anticipadas en las que intentarán canalizar el descontento social para traducirlo en apoyo electoral. Si lo consiguen habrán servido muy bien a sus intereses partidistas, pero habrán hecho un pésimo servicio a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.

De todo esto hará falta que hablemos mucho más y mucho más a fondo en las semanas y meses que vendrán. Os propongo ahora unos cuantos artículos sobre todas las cuestiones que he ido mencionando:

Sobre otras cuestiones de actualidad en esta semana os recomiendo leer los siguientes artículos:

ZW 316 Recomendaciones de enlaces al servicio de la reflexión y la acción política y social realizada por mi amigo Antoni Gutiérrez-Rubí. Aquí encontraréis todos los ZONA WEB.

http://www.okfestival.org

Del 17 al 22 de septiembre, se celebrará en Helsinki el Open Knowledge Festival. Esta primera edición cuenta con la participación de una gran cantidad de comunidades de más de 40 países distintos.

El eje central del encuentro es la acción en el conocimiento abierto, analizando el valor que puede generar, los ecosistemas que se pueden generar en las organizaciones para beneficiarse de este intercambio, y los impactos que puede tener a nivel de transparencia en nuestra sociedad.

El “conocimiento abierto” es un concepto integral que implica compartir el conocimiento en todas sus formas -desde los genes a datos geográficos, desde la literatura al código de programación- para que pueda ser libremente utilizado, modificado y compartido por todos. Esta idea ofrece una oportunidad de transformación positiva dentro de nuestra sociedad de la información, donde las jerarquías viejas son reemplazadas por la agilidad y la diversidad que ofrece la red a través de la cooperación.

En la era de las comunicaciones globales digitales, los beneficios que se obtienen en todos los sectores de la sociedad mediante la apertura de conocimiento son relevantes. El programa cuenta con una gran variedad de temas (que permiten recorrer los distintos ámbitos): democracia abierta y movimientos ciudadanostransparencia y rendimiento de cuentas, ciudades abiertasdiseño y hardwarepatrimonio culturaldesarrollo abiertoinvestigación y educacióngeodatarecursos de software abiertosperiodismo de datos y visualizacióngenero y diversidadnegocio y datos abiertos y conocimiento abierto y sostenibilidad.

#OkFest es la etiqueta oficial del evento. También se puede seguir en Facebook.

Acerca de Miquel Iceta

Sóc primer secretari del PSC, president del grup socialista al Parlament de Catalunya i candidat a la Presidència de la Generalitat

Publicado el Domingo 16 septiembre 2012 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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