González Casanova describe al Presidente Montilla

José Antonio González Casanova describe hoy en un artículo publicado en El Periódico de Catalunya las características que definen al Presidente Montilla. Lo encontraréis transcrito a continuación.

Montilla: de Séneca a Manolete

JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ CASANOVA*

EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, 22 de agosto de 2009

El presidente número 128 de la Generalitat de Catalunya aporta a esta institución centenaria una figura humana y política de radical novedad. El catalán-cordobés José Montilla acaba con los mitos antidemocráticos que estipulan que un presidente debe ser de casa nostra (como los obispos) y que els altres catalans no son quienes para gobernar Catalunya. En pleno mandato ya lidera el secular proyecto catalán de una integración libre y justa en el Estado español. Al encomendarle la presidencia de la Generalitat el voto mayoritario del Parlament, Montilla supo que a él le correspondía ahora lidiar con ese miura hispánico. Era su combate principal y su mejor certificado de catalanidad.

Le antecedieron en la lidia cuatro presidentes memorables. Francesc Macià proclamó la República catalana en una federación ibérica, pero el federalista Estatut de Núria no encajaba en la posterior Constitución y l’Avi tuvo que aceptar una frágil y breve autonomía. Lluís Companys repitió el intento federalizante y fue encarcelado. De nuevo presidente, la guerra le trajo al huido Gobierno central, que, de hecho, sustituyó a la Generalitat. Franco lo hizo fusilar por separatista. No cito al admirable presidente Irla porque vivió y murió exiliado.

En 1977, Josep Tarradellas logró ya «estar aquí», pero se conformó con una Mancomunitat si la presidía él, dejó en la cuneta a su valedor Joan Reventós y, fiel republicano, acabó de marqués. Durante 23 años, un patriota lleno de fe, Jordi Pujol, aprendió la astuta ambigüedad de Tarradellas y adoptó la conllevancia como estrategia de trueque. A cambio de un suave chantaje que llamó «gobernabilidad» se aseguró un poder monopolista, culminado y perdido por el apoyo mutuo Aznar-Pujol (Mas). Iniciado ya el siglo XXI, Maragall, otro patriota con fe pero de izquierdas, creyó que en España había muchos federales como él. Tachado de invasor prepotente por el macizo de la raza, y de inoportuno por los oportunistas de casa nostra, dimitió dejándonos, eso sí, el mejor Estatut de nuestra historia moderna.

Y llegó Montilla. Insultada su candidatura por «desnaturalizar» a Catalunya, según Felip Puig; recordado oportunamente por Pujol su origen de «extrema izquierda estatalista española»; negada su capacidad de liderazgo catalán; acusada su dependencia del presidente Rodríguez Zapatero y ridiculizadas su persona y su habla catalana, ahora Pujol le alaba el coraje, que él nunca quiso tener, porque se ha jugado el tipo y el cargo, no ha cedido a las presiones de ERC ni del PSOE; ha sido paciente, razonable y tenaz; diplomático pero sincero, comprensivo sin ceder.

El modelo Castells de financiación es un avance en el autogobierno de toda autonomía y demuestra que, encabezada por Catalunya, otra España, solidaria y federal, es posible. Su reciente discurso madrileño les ha recordado a ignorantes y frívolos que las comunidades autónomas son hoy en día más Estado que nunca.

El ‘President’ ha denunciado la catalanofobia atizada por el PP y ha defendido la lealtad de sus socios de gobierno frente a los separadores de Madrid, que ponen la unidad española en mayor riesgo que los independentistas de ERC.

Todo ello no ha hecho más que aumentar su crédito político y ha provocado un curioso giro en la empatía de la gente. La imagen que da este cordobés de soca-rel (o de pura cepa) coincide con el estereotipo en el que se reconoce el catalán medio: seriedad, laboriosidad, prudencia, cautela desconfiada, firmeza sin estridencias, pocas palabras para mejores hechos, sentido práctico, ironía cortés.

Por el contrario, su rival, un verbal-soberanista siempre dispuesto a la rebaja, es un magnífico ejemplar de hombre guapo, elocuente, brillante y desenvuelto, que vendería muy bien el burro catalán en una feria andaluza.

De casta cordobesa le viene al galgo José Montilla ser como es. Tiene la fe propia de Séneca en la fraternidad humana, su preocupación social, la pedagogía política y un filosófico desapego del poder y el éxito que le convierte en un ser humilde y sencillo. Es heredero también de Averroes y Maimónides, porque suma la razón a la fe y cree que la racionalidad sensata es mucho más eficaz que una fe de iluminado.

Pero, sobre todo, Montilla, por su temple, por su mando, por saber el terreno adecuado donde citar al oponente, por sus arriesgadas faenas de cara al tendido democrático, por su valeroso arrimo al rival para torearlo con elegancia y respeto y, al final, conseguir salir airoso de la suerte, es todo un diestro tipo Manolete. Sin adornos, sobrio, técnico y estético; con aparente frialdad estatuaria (y estatutaria), impávido y estoico.

Este 128 presidente de la Generalitat de Catalunya será por mucho tiempo una novedad radical muy positiva para nuestro autogobierno mientras el clarín no anuncie el fin de una corrida en la que otros, por tener más rauxa que seny, o por hacer de este una virtud traidora, no lograron dar la vuelta al ruedo ibérico.

* Catedrático de Derecho Constitucional y ensayista.

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Acerca de Miquel Iceta

Sóc primer secretari del PSC, president del grup socialista al Parlament de Catalunya i candidat a la Presidència de la Generalitat

Publicado el Sábado 22 agosto 2009 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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