Homenaje a los Presidentes Pujol y Maragall

11 de septiembre de 2007

Discurso del presidente de la Generalitat en el acto de entrega de la Medalla de Oro a los expresidentes Pujol y Maragall

En el momento de cerrar este acto de reconocimiento y de agradecimiento a los presidentes Jordi Pujol y Pasqual Maragall, creo que conviene fijar una vez más la atención en el recorrido histórico realizado por el pueblo de Cataluña en los últimos treinta años.

En una tarde histórica del once de septiembre de 1977 cientos de miles de catalanas y de catalanes reclamábamos por las calles de Barcelona el restablecimiento de la Generalitat y el retorno del presidente Josep Tarradellas. Clamábamos por la libertad. Y reclamábamos el restablecimiento de nuestras instituciones.

Estábamos saliendo de un largo túnel de nuestra historia e iniciábamos un camino de transición. Apenas habíamos estrenado, tres meses antes, la democracia con las primeras elecciones a Cortes. Pero sabíamos que esta democracia sería incompleta sin la recuperación de nuestro autogobierno.

Meses más tarde, con el presidente Tarradellas al frente de la Generalitat, la nueva democracia española reconocía la plena legitimidad histórica de nuestras instituciones. El primer paso estaba dado.

Y a partir de este, daríamos otros pasos que nos debían permitir consolidar el autogobierno, hasta llegar a su pleno reconocimiento por parte de la Constitución Española y su concreción en el Estatuto de Autonomía de 1979.

Las instituciones y el pueblo de Cataluña han manifestado, en distintos momentos, su reconocimiento a la figura humana y política del Presidente Tarradellas. Y muy pronto, dentro de unas semanas, tendremos nuevamente ocasión de hacerlo al celebrar el trigésimo aniversario de su retorno a este Palacio.

Los treinta años transcurridos entre el once de septiembre de 1977 y el de este año han sido años de un trabajo constante, paso a paso, para dotar de contenido las normas jurídicas y para desarrollar todo su potencial político.

Han sido años de construcción. Y es absurdo contraponer si ha sido nacional o social, porque… Han sido treinta años de construcción de Cataluña. Año tras año. Día tras día.

De la excepcionalidad del momento inicial –cuando casi estaba todo por hacer- hemos pasado a la normalidad de las instituciones asentadas.

Y es precisamente por ello, porque hemos hecho el largo camino que va de la reivindicación al asentamiento sólido de nuestras instituciones, que hoy, en otra tarde de un once de septiembre, podemos homenajear con orgullo y emoción a los presidentes de la Generalitat que han sucedido al presidente Tarradellas. Porque Pujol y Maragall han estado entre los protagonistas indiscutibles del período más largo y pacífico de autogobierno de nuestra historia contemporánea.

Pasados treinta años de aquel mítico Once de Septiembre de 1977, pues, celebramos un acto de normalidad nacional que entonces nos habría parecido impensable.

Quiero subrayar -como ya se ha hecho esta tarde- el valor de la larga duración de este período, que debería servir para relativizar el peso de las coyunturas, invitarnos a practicar un poco más la modestia y moderar un poco la pretensión trascendente de nuestros juicios sobre el presente.

Porque, más allá de las vicisitudes políticas y de las valoraciones históricas de esta larga etapa de nuestro autogobierno, el hecho esencial es la continuidad de nuestras instituciones.

Es la continuidad institucional la que nos ha permitido preservar nuestra identidad y la que posibilita su renovación. Es la continuidad institucional la que nos permite gobernar nuestros intereses comunes en una perspectiva de largo alcance. Es la continuidad institucional la que nos estimula a pensar conjuntamente en un proyecto para nuestro futuro colectivo. Es la continuidad institucional la que nos hace completar con orgullo lo que otros han iniciado y, al mismo tiempo, abrir -con idéntico orgullo- caminos que sabemos que no completaremos nosotros.

No hay prueba más irrefutable de la madurez política e institucional de un país que estos hilos diversos con los que se trenza la continuidad.

Porque la política –como la vida- está hecha de continuidades y de discontinuidades. Las primeras nos proporcionan unas certezas básicas para afrontar los resultados inciertos que se derivan de las segundas.

El futuro de Cataluña no está escrito, será el que los catalanes y las catalanas queramos y seamos capaces de hacer. Nadie nos hará ir, como pueblo, por un camino que colectivamente no deseemos.

Afrontamos este futuro no escrito con el bagaje de las lecciones de la historia, de nuestros aciertos y de nuestros errores. De este bagaje forman parte los líderes que han tenido la más alta responsabilidad de presidir democráticamente la Generalitat de Cataluña los últimos treinta años.

No nos corresponde a nosotros -sus contemporáneos- establecer el juicio de la historia. Tiempo al tiempo. Pero sí que nos es permitido expresar un juicio, aunque sea más apasionado y, por lo tanto, condicionado por las vivencias propias.

Y el juicio del presente sobre los presidentes Pujol y Maragall me lleva a manifestar el máximo reconocimiento por su trayectoria personal y política, por la obra hecha y por las actitudes y valores que se desprenden de ella.

Dos trayectorias diferentes, divergentes; a menudo enfrentadas. Pero con el denominador común de haber servido apasionadamente el país y sobre todo a su gente -nuestra gente-, por encima de cualquier otra consideración política o ideológica.

A esta actitud, a este comportamiento se le denomina patriotismo. Patriotismo entendido como un amor al país, que excluye el odio y el menosprecio a los otros, y que impulsa a trabajar por el bien público en contra de los intereses establecidos.

Orgulloso de las propias raíces, sí, pero respetuoso de las de los otros y, sobre todo, corresponsable de los frutos.

Por su ejemplo de patriotismo, Jordi Pujol y Pasqual Maragall son merecedores del homenaje que hoy les rendimos. Y lógicamente son merecedores de reconocimiento también por la obra hecha.

El presidente Jordi Pujol recibió una Generalitat que, por la exigencia del conjunto de fuerzas políticas y de la mano del Presidente Tarradellas, apenas acababa de reverdecer, y que había que cuidar y hacer crecer hasta pasar a ser adulta como herramienta básica de nuestro autogobierno. Así lo hizo, dando sentido y alma a la institución, enseñándonos que más allá de las normas, las competencias, la organización o los presupuestos, la Generalitat de Cataluña quiere ser la expresión del espíritu de todo un pueblo.

El presidente Pasqual Maragall, después de más de quince años de trabajo (mucho y bien hecho) desde la capital de Cataluña; después del gran servicio a la ciudad y el país, y a su proyección internacional, que supusieron los Juegos Olímpicos de 1992… Después de todo eso, tomó el relevo del presidente Pujol, normalizando y fortaleciendo nuestro sistema de autogobierno con la prueba de la alternancia e impulsando el nuevo Estatuto.

Ambos propósitos han servido, al fin y al cabo, para fortalecer nuestro sistema democrático y para mejorar las herramientas que nos permiten decidir sobre los intereses colectivos de los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.

Así, los presidentes Pujol y Maragall forman parte de la memoria viva y de la conciencia colectiva de Cataluña. Nos han dejado un legado rico en obras, actitudes y valores. Y han sabido preservar el hilo histórico que nos religa como pueblo.

Por eso, en resumidas cuentas, presidentes, recibís nuestro reconocimiento. En vosotros, nuestro pueblo se reconoce. En uno y otro, de alguna manera, los catalanes y las catalanas se ven reflejados; y yo tengo un referente y una enseñanza.

Pero me deben permitir que vaya más allá de la gratitud institucional y política, para entrar en el terreno de los sentimientos y de las emociones.

Creo –presidentes- que sóis, por encima de todo, merecedores de un profundo agradecimiento. Lo que hace el Gobierno de la Generalitat concediéndoos la Medalla de Oro no es otra cosa quesumarse a un sentimiento popular: la gente os quiere. A ambos ….. y mucho!

Y nos sentimos orgullosos que este sentimiento generoso de estimación predomine sobre cualquier otra consideración y se haya extendido entre la mayoría de la sociedad catalana.

El pueblo de Cataluña os quiere porque habéis sabido –cada uno a su manera- representar y expresar un sentimiento profundo de catalanidad y una voluntad colectiva de ser y de desarrollarnos; porque habéis sido portadores de una esperanza de futuro; porque más allá de vuestros aciertos y de vuestros errores habéis mantenido esta esperanza y la habéis sabido transmitir y compartir con el pueblo de Cataluña.

Una esperanza siempre necesaria y que debe seguir alimentando a nuestra máxima institución, y a aquellos a quien nos corresponda la responsabilidad de presidirla, porque los catalanes y las catalanas perciban que nuestro país sigue teniendo un horizonte hacia el cual vale la pena caminar.

Cataluña, los últimos treinta años, ha ido siempre adelante. En todos los órdenes, hoy, estamos mejor que cuando empezó la Transición. Ya lo he dicho al empezar: la tarde en que un millón de catalanes y catalanas clamábamos por nuestra libertad individual y colectiva por las calles de Barcelona y de toda Cataluña, pocos habrían creído que hoy celebraríamos un acto de reconocimiento y gratitud al 126 y al 127 presidentes de nuestra Generalitat.

Cataluña, ahora, sabrá encontrar, también, el camino de su futuro. Sobre todo si los que tenemos la responsabilidad de dirigirla políticamente sabemos entender que es necesaria la unidad en los grandes objetivos nacionales de nuestro país, tanto en los retos que el mundo global y el crecimiento de Cataluña nos imponen, como en el pleno desarrollo normativo y legislativo de todas las potencialidades del nuevo Estatuto.

Presidentes, nuestro pueblo hoy, mediante estas medallas, os quiere reiterar lo que vosotros percibís, día a día, en todas partes: que Cataluña cree y confía en sus presidentes, que hacia ellos dirige sus exigencias del presente y en ellos deposita sus esperanzas de futuro.

Y que hay que saber dar respuesta a las exigencias, tanto como saber trazar esta esperanza de un futuro mejor para el nuestro país.

Muchas gracias, de nuevo, Presidente Pujol, Presidente Maragall.

Acerca de Miquel Iceta

Sóc primer secretari del PSC, president del grup socialista al Parlament de Catalunya i candidat a la Presidència de la Generalitat

Publicado el Miércoles 12 septiembre 2007 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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