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Intervención en el Fórum Europa – Tribuna Catalunya

Intervención de Miquel Iceta en el Fórum Europa – Tribuna Cataluña

Barcelona, 16 de julio de 2015

 

Muy buenos días.

Quiero agradecer a Nueva Economía Fórum y a sus patrocinadores por su amable invitación a compartir con todos ustedes este desayuno coloquio.

En un momento político tan convulso y apasionante como este es de agradecer que existan espacios de conversación que permitan compartir opiniones sobre la situación política sobre el presente y el futuro de nuestro país.

Agradezco también la amabilidad de Victoria Camps por haber aceptado presentarme y por ofrecernos una visión de las cosas que transciende el ruido del día a día. Una visión impregnada de la sensatez que a menudo echamos de menos en la política. Le agradezco su reivindicación de la socialdemocracia y del federalismo, y sus afectuosas palabras sobre mi candidatura.

Me gustaría poder analizar algunos de los temas que, por su importancia, configuran la agenda del debate político en los países de nuestro entorno pero de los que aquí hablamos muy poco:

  • La necesidad de acelerar la construcción de un verdadero gobierno del área euro, siguiendo las recomendaciones del denominado “Informe de los cinco Presidentes”, para evitar la reedición de un drama como el que hoy están padeciendo los ciudadanos de Grecia.
  • Las consecuencias geopolíticas del reciente acuerdo nuclear entre los EE.UU e Irán y los profundos cambios que se están produciendo en el sistema de relaciones internacionales por la emergencia de China y la prosperidad del sudeste asiático.
  • Las guerras y la inestabilidad política en Oriente Medio y en parte del norte de África, que nos afectan muy directamente mediante la emigración masiva hacia los países mediterráneos europeos.
  • O las grandes incertidumbres que tiñen la situación económica de muchos países avanzados que, como es el caso de España y de Cataluña, han comenzado a crecer pero arrastran un enorme endeudamiento y tienen que completar aún el proceso de consolidación fiscal en un contexto marcado por un aumento insólito de las desigualdades.

Pero, desgraciadamente, las urgencias de nuestro debate doméstico y mi voluntad de hacer una intervención de una duración razonable para permitir el posterior debate, me obligan a dejar estas cuestiones para otro momento.

Este es el primer acto público que hago después de ser elegido candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat.

Sí, soy candidato a la Presidencia de la Generalitat y por ello encabezo una candidatura electoral. Creo que cuando uno aspira a la máxima magistratura de nuestro país no lo puede hacer de otra manera.

Y dicho esto que gustaría explicaros porqué quiero convertirme en President de la Generalitat, qué querría hacer al servicio de Cataluña si obtengo el apoyo de la mayoría del Parlament.

Quiero trabajar para encontrar soluciones a los problemas de las personas, no para incrementar los problemas que tenemos como país.

Dicho de forma clara, quiero salir del lío, del proceso, como le quieran llamar, quiero salir del lío.

Quiero trabajar para ampliar consensos en favor de un autogobierno de Cataluña más potente, de una economía más dinámica, de una prosperidad mejor repartida, de una democracia de más calidad.

Estoy absolutamente convencido de que Cataluña somos todos y de que la división no nos traerá nada bueno.

Soy heredero de un catalanismo integrador, del magnífico esfuerzo del PSUC, del PSC, de los sindicatos, que no solo consolidaron la unidad civil de nuestro pueblo, sino que supieron incorporar al catalanismo popular y social a personas con orígenes, lenguas y culturas diversas.

Creo que queda mucho camino por recorrer todos juntos para una Cataluña más libre, más próspera y más justa sin necesidad de dividirnos en dos mitades difícilmente conciliables.

Creo que poner sentimientos a votación, pensar que mayorías raspadas pueden forzar rupturas irreversibles es un grave error. Un error porque de él no solamente no se derivará ningún avance, sino que puede producir un retroceso que nos perjudique a todos.

Hay quien dice que estas elecciones son plebiscitarias. En los plebiscitos la ciudadanía está llamada a pronunciarse a favor o en contra de una cuestión relevante. En las elecciones los ciudadanos escogen a diputados que les representan en el Parlament.

Ciertamente de las elecciones puede salir una mayoría independentista, pero de las elecciones no se deriva una decisión democrática sobre la independencia, que requiere de un cambio radical del ordenamiento jurídico vigente y un mandato democrático que sólo puede surgir de un referéndum acordado.

Dicho de forma más sencilla, una mayoría de diputados independentistas no pueden proclamar la independencia sin situarse ellos mismos y las instituciones a las que tienen que servir fuera de la ley. Cualquier deriva de estas características es altamente peligrosa y no se puede disimular la gravedad de las consecuencias que tendría.

No hay solución unilateral al encaje de Cataluña en el conjunto de España. Todos lo sabemos. Si para reformar el Estatuto hacía falta el apoyo de 2/3 del Parlament de Catalunya, ¿la independencia requeriría menos apoyo? Si para reformar el Estatut hacía falta negociar en las Cortes Generales, ¿la independencia no requiere de ningún tipo de negociación?

Veo a veces un exceso de voluntarismo e incluso un exceso de entusiasmo. Votemos, votémoslo nosotros, votemos nosotros en solitario. Cuentos de hadas. Desconocer la realidad no es ninguna garantía de superar los obstáculos. Más bien al contrario. Desconocer la realidad es topar constantemente con los obstáculos que no queremos ver.

Demasiado a menudo oigo decir que si las leyes no gustan o se consideran injustas no hace falta cumplirlas. Y con eso, lo diga el President de la Generalitat o la alcaldesa de Barcelona, no puedo estar de acuerdo.

Si las leyes no gustan o se consideran injustas, hay que cambiarlas por los procedimientos establecidos por las propias leyes. El sistema democrático sobre el que construimos nuestra convivencia depende del cumplimiento de las leyes. Desconocer eso acabaría imponiendo la ley del más fuerte, la ley de la selva. Y no quiero eso para mi país, ni para el país de hoy ni para el nuevo país que algunos quieren construir.

De las elecciones se derivará una mayoría parlamentaria que después tendrá que elegir al President de la Generalitat y dar su apoyo a un gobierno. Tanto es así que Artur Mas y Oriol Junqueras se han apresurado a cerrar un acuerdo sobre quién tiene que ser el futuro Presidente, el cuarto de la lista, y el futuro vicepresidente del gobierno, el quinto de la lista.

Si quieren seguir gobernando los que nos han gobernado durante los últimos años deberíamos hacer un balance su obra de gobierno. Pero sería injusto pedir cuentas a Raül Romeva, Carme Forcadell y Muriel Casals de una gestión en la que no han tenido nada que ver. En fin, señalo una pequeña o no tan pequeña disfunción política.

El balance del tándem Mas-Junqueras no es demasiado positivo. Ni pacto fiscal, ni consulta con efectos decisivos, importantes recortes sociales, ninguna nueva inversión, ningún nuevo gran proyecto, ninguna nueva competencia y ni siquiera la revisión del sistema de financiación que debería haber entrado en vigor el uno de enero de 2014.

¡El President Mas tiene el récord de haber sido el primer presidente de Cataluña que no ha mejorado la financiación en su mandato!

Cuando digo eso siempre me responden, y no les falta razón, que el PP se ha cerrado en banda a cualquier negociación. Pero tienden a olvidar que la estrategia de poner por delante una consulta sobre la independencia bloqueaba cualquier posibilidad de diálogo. Y olvidan también que tampoco han querido esperar a un cambio del escenario político español que hubiese podido propiciar una negociación necesaria.

Ayer mismo el Presidente del Círculo de Economía, Antón Costas, en un valiente artículo publicado en La Vanguardia señalaba las funestas consecuencias que ya ha comportado la obsesión monotemática: la destrucción del sistema catalán de partidos, los riesgos económicos y efectos sobre la convivencia.

Antón Costas hacía una afirmación incontrovertible: el principal obstáculo a la independencia es que ésta no es una opción ampliamente mayoritaria en la sociedad catalana. Yo creo que no es ni siquiera mayoritaria, pero lo que es seguro es que no es “ampliamente mayoritaria”.

¿Qué recomienda Antón Costas en este escenario? Un objetivo que comparto: tomar impulso para formular propuestas políticas coherentes, factibles y ampliamente compartidas.

Eso es lo que modestamente me propongo hacer.

Quiero ser President para que la sociedad avance colectivamente, para que nadie quede atrás.

Quiero hacer todo lo posible para que la esperanza vuelva a las personas en paro, especialmente a los más jóvenes, a los mayores de 45 años y a los que llevan ya mucho tiempo en situación de desempleo.

Quiero ser President para desarrollar un programa socialdemócrata.

Quiero ser President para volver a cohesionar a la sociedad en torno a los objetivos del catalanismo que son compartidos por una amplísima mayoría de los catalanes: fortalecer el autogobierno, promover nuestra identidad plural que considera la lengua y la cultura catalanas un tesoro a preservar e impulsar, defender nuestros intereses económicos, nuestro patrimonio natural.

Quiero ser President para encontrar soluciones justas y acordadas a nuestros problemas. Quiero una Cataluña rica y plena, sí, próspera y justa, libre y segura. Quiero una Cataluña capaz de negociar un nuevo acuerdo con el resto de pueblos de España.

Un acuerdo que creo que hay que recoger en una reforma constitucional federal que sea sometida a referéndum. Solamente así resolveremos la anomalía democrática causada por la alteración por parte del Tribunal Constitucional del Estatuto que habían votado los catalanes.

No les pienso decir que este sea un objetivo ni sencillo, ni fácil, ni rápido. Creo que los representantes políticos, y los que aspiran a serlo, tenemos una especial obligación con nuestros conciudadanos: decir la verdad, aunque eso implique a veces ir contracorriente.

Como político puedo soportar haberme equivocado a veces, pero no me perdonaría nunca que alguien me dijese que le he engañado de forma consciente.

Era difícil decir que con la ley de consultas no se podía hacer la consulta del 9N. Era difícil insistir en que era imprescindible negociar y pactar la consulta con las instituciones del Estado. Pero era verdad. Y el tiempo nos ha dado la razón.

No quiero alargarme excesivamente sobre los compromisos de nuestro programa electoral. Pero, por cierto, somos el único partido que tiene su proyecto de programa electoral colgado en la web para que todo mundo lo conozca y pueda hacer aportaciones antes de que lo aprobemos definitivamente el 25 de julio.

Quiero ser President para desarrollar un programa que contiene cuatro grandes prioridades:

  1. Quiero hacer crecer la economía, que este crecimiento no genere nuevas desigualdades. Quiero repartir mejor la riqueza existente y crear empleo. Quiero recuperar el espíritu de los acuerdos entre gobierno, empresarios y sindicatos que tan bien funcionaron en los gobiernos de los presidentes Maragall y Montilla bajo el impulso del conseller Antoni Castells.
  2. Quiero desarrollar un Agenda para la Igualdad con un Plan de Rescate Ciudadano. Defendiendo los servicios públicos, garantizando la calidad de la sanidad y la educación públicas, con unos servicios sociales de acceso universal.
  3. Quiero impulsar la regeneración institucional y democrática, con más transparencia y un control de los electos y los partidos, despolitizando la Administración.
  4. Quiero promover un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de los pueblos de España. Comenzando por la negociación del Pacto Fiscal que deberíamos de tener ya y continuando con la reforma federal de la Constitución, en la que contamos con la complicidad del PSOE de Pedro Sánchez.

Los socialistas tenemos claro que hay que impulsar el cambio que ya se está produciendo en España y que hará más fácil el cambio que Cataluña necesita.

Hemos visto el cambio en el País Valencia, en Aragón, en las Illes Balears, gobiernos y presidentes claramente favorables a la reforma federal de la Constitución, y que dejan atrás el anticatalanismo primario del PP.

Después de las elecciones generales tendremos también un gobierno de España dispuesto al diálogo y a la negociación. Abierto a la reforma federal, a encontrar de una vez por todas una solución al encaje entre Cataluña y el resto de España. Una solución al problema político más grave que hemos vivido desde la Transición y que, por cierto, el presidente Rajoy se ha empeñado en ignorar.

El cambio en España está en marcha y en Cataluña lo tenemos que aprovechar, lo tenemos que impulsar, lo tenemos que protagonizar. Será el momento de impulsar una reforma federal de la Constitución que pueda ser votada y que nos permita avanzar en nuestro reconocimiento y nuestro autogobierno.

Explicaré una vez más los objetivos de la reforma federal que proponemos, que superará las ineficiencias y las disfunciones constatadas después de más de treinta años de funcionamiento del Estado de las Autonomías y resolverá la herida de la sentencia sobre el Estatuto.

Resumimos nuestra propuesta en cuatro “R”:

Reconocimiento: proponemos una reforma que reconozca a Cataluña como nación dentro de un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüe, que reconozca las singularidades propias de las nacionalidades históricas, los hechos diferenciales y los derechos históricos ya recogidos por la Constitución y los Estatutos vigentes (art. 5 EAC).

Reglas: Proponemos una reforma que establezca de forma precisa las competencias del Estado y la atribución de todas las demás competencias a las Comunidades Autónomas, que considere los temas lingüísticos, educativos y culturales como competencia estricta de las Comunidades con lengua propia.

Recursos: proponemos una reforma que constitucionalice los principios de solidaridad y ordinalidad que tienen que regular la financiación de las Comunidades Autónomas, es decir, que las Comunidades no empeoren su posición relativa en recursos una vez ejercida la solidaridad, que impulse la creación del Consorcio Tributario entre las administraciones.

Y Representación: proponemos una reforma que transforme el actual Senado en un Consejo Federal integrado por los Gobiernos autónomos, para que las comunidades puedan participar en la toma de decisiones del Estado federal.

Tenemos claro que el camino a seguir para hacer posible un Estado federal y, por mucho que lo pido, todavía espero que alguien me explique cómo se llegará a la independencia.

Voy acabando. El próximo mes de septiembre será clave para Cataluña. Decidiremos si salimos del lío en que nos han metido en los últimos cinco años con más líos, o con un gobierno capaz de encontrar soluciones justas y acordadas a los principales problemas de los catalanes.

Quizás alguien se preguntará qué avales ofrezco para conseguir estos objetivos.

Les ofrezco un único aval, el aval del socialismo catalán, el de Joan Reventós, Josep M. Triginer y Josep Verde, el socialismo catalán que forma parte del socialismo europeo e internacional, el socialismo catalán que luchó con muchos otros contra la dictadura, el que construyó con muchos otros la democracia, el socialismo catalán que fue decisivo en la aprobación de la Constitución de 1978, y la del Estatuto de 1979 y la del Estatuto de 2006, y de la ley del catalán, el socialismo catalán que puso las bases de la modernización de España, del Estado del bienestar y el ingreso en la Unión Europea con Felipe González, el socialismo catalán que transformó pueblos y ciudades, el de la Barcelona olímpica, el del diálogo, la negociación y el pacto que le costó la vida a Ernest Lluch, el de los gobiernos del President Maragall y el President Montilla, el socialismo catalán del reconocimiento de nuevos derechos y libertades con José Luis Rodríguez Zapatero, el socialismo catalán que impulsará la reforma constitucional federal con Pedro Sánchez.

Este es mi aval: nuestra historia, nuestros valores, nuestros aciertos y nuestros errores, la trayectoria de un partido que nunca llevará Cataluña al desastre, que nunca pondrá en peligro la prosperidad colectiva, que nunca contribuirá a dividir a nuestro pueblo, que siempre trabajará por la justicia social y el acuerdo federal.

Cataluña somos todos. Libertad, progreso y justicia. Esta es y será mi divisa.

Muchas gracias.

Intervención ante el Consell Nacional del PSC

Intervención de Miquel Iceta ante el Consell Nacional del PSC

Barcelona, 6 de junio de 2015

 

Compañeras y compañeros.

Es muy difícil hacer una valoración global de las elecciones municipales. Nos hemos presentado en 538 municipios y cada uno es diferente. Las elecciones han ido muy bien en Vielha y mal en Barcelona. Celebramos las mayorías absolutas en Granollers, Santa Coloma o Sant Joan Despí, y las claras victorias en Cornellà, Terrassa o L’Hospitalet. Felicitamos a Pep Fèlix Ballesteros y Àngel Ros. Y a los alcaldes y alcaldesas que lo volverán a ser: en Pineda, Gavà, Viladecans, Sant Boi, Esplugues, Mollet, Mediona, Gelida, Ulldecona, Sant Adrià, Batea, Vilafant, Camprodon y muchos otros. Y alcaldías recuperadas como la de Constantí o la de Mataró. Soy consciente de que aún está abierto el período de pactos, en el que tendremos buenas y malas noticias. Pero el balance será razonablemente positivo: en general, conservaremos las alcaldías que ya teníamos y ganaremos otras, participaremos en muchos gobiernos locales.

Pero también hemos padecido retrocesos. Algunos retrocesos incluso antes de comenzar: 230 listas menos que, de entrada, suponían perder unos 520 concejales y unos 36.000 votos.

Es difícil hacer un balance general. Pero hay unas cifras incontrovertibles. Los 531.000 catalanes y catalanas que nos vuelven a situar como el segundo partido de Cataluña en votos. Obtuvimos 525.000 en las últimas elecciones al Parlament. Y hace un año obteníamos 359.000 en las elecciones europeas. Hemos tenido 1.278 concejales, 67 mayorías absolutas y 67 relativas.

¡Todo esto en un partido que muchos daban por amortizado! ¡Qué Santa Lucía les conserve la vista! O mejor, que se la aumente!

Por cierto, ahora que he hablado de Vielha. Si hoy el Conselh Generau d’Aran no tiene un presidente de Unitat d’Aran es por la existencia de un sistema electoral injusto. ¿Os suena? Muy rápido: Convergència Democràtica Aranesa 1.972 votos, 7 consejeros. Unitat d’Aran 2.193 votos, 5 consejeros. Repito: Convergència Democràtica Aranesa 1.972 votos, 7 consejeros. Unitat d’Aran 2.193 votos, 5 consejeros. Por tanto, y lo diremos tantas veces como haga falta, si la propuesta de ley electoral catalana no garantiza el igual valor de todos los votos, no contará con nuestro apoyo. Ya hemos demostrado que se puede garantizar el mismo valor de todos los votos y que la demarcación de Lleida tenga 15 representantes, 17 la de Girona, 18 la de Tarragona y 85 la de Barcelona. Es decir, como ahora. Ninguna excusa, pues, para mantener un sistema que penaliza a todos los habitantes de la demarcación de Barcelona, sean de la capital o del más pequeño de los municipios.

¡Estas elecciones municipales han demostrado que hay PSC para rato! La continuidad de nuestro proyecto está garantizada. Y por ello permitidme que comience agradeciendo su apoyo al más de medio millón de catalanes y catalanas que nos han dado su voto. Que agradezca el inmenso esfuerzo hecho por nuestras candidaturas en toda Cataluña. Desde Canejan, pueblo fronterizo con Francia en el Valle de Aran, hasta Ulldecona. Desde Portbou a Gimenells y el Pla de la Font. El inmenso esfuerzo de miles de personas, integrantes de las listas del PSC-Candidatura de Progrés, de Unitat d’Aran, afiliados del partido y personas cercanas. Han hecho un esfuerzo inmenso que he podido comprobar personalmente y desde muy cerca en más de 150 municipios a lo largo de estos meses. Siento en estos momentos un orgullo y una gratitud inmensa por el trabajo hecho por tantas y tantas personas.

Así, pues, hay PSC para rato. Pero no nos podemos contentar con lo que hemos conseguido.

Tenemos que analizar las causas de nuestro retroceso, nuestras dificultades de implantación en la Cataluña interior, nuestra desconexión con muchas personas jóvenes y nuestras dificultades para representar a los viejos y nuevos problemas de las clases medias urbanas.

Hemos podido comprobar cómo, en general, nuestra gestión municipal, la personalidad de nuestros alcaldes y alcaldesas y la solidez de nuestros equipos de gobierno ha merecido nuevamente la confianza ciudadana pero, en general también, hemos retrocedido donde estábamos en la oposición. El resultado de estas elecciones es la mejor radiografía que podemos tener de nuestro proyecto que no son unas siglas, sino unas personas y una organización. A mejores candidatos, mejores resultados. A mejor organización, mejores resultados. No siempre, claro. Hemos padecido retrocesos en lugares con buenos candidatos. En Barcelona mismo, planteadas las elecciones como una disyuntiva, falsa disyuntiva a nuestro entender, entre Xavier Trias y Ada Colau, nuestra campaña ha tenido enormes dificultades para hacerse oír, aunque muchas personas coinciden en decir que nuestro candidato y la campaña que ha desarrollado eran muy buenos.

El análisis, pues, hay que hacerlo en cada municipio. Para impulsar los cambios necesarios para hacer de nuestro partido un proyecto más útil a la ciudadanía.

Porque Cataluña necesita un PSC fuerte, los y las progresistas necesitan un PSC fuerte, y para tener un PSC fuerte, lo dije en el acto del Palacio de Congresos: el PSC tiene que cambiar, nuestra organización tiene que cambiar, nuestra forma de hacer política tiene que cambiar, nuestra relación con la sociedad tiene que cambiar. Y algunos cambios no tienen por qué esperar al congreso del partido, los podemos ir impulsando desde ahora. Lo tiene que hacer cada organización del partido, analizando los resultados, viendo qué funciona y qué hace tiempo que ya no funciona. El debate del Congreso tiene que enriquecerse a partir de este análisis y de las propuestas concretas de cambio. Hoy os hago una propuesta muy concreta: de aquí a cuatro años el PSC solamente debería presentar listas bien arraigadas en el territorio. Hemos presentado algunas que no lo estaban, 128 para ser exactos. Y tenéis que saber que solamente en 36 municipios no se ha obtenido ningún apoyo. Eso implica que hay muchas personas con ganas de votar socialista y que les tenemos que proporcionar la oportunidad de hacerlo con personas arraigadas en el territorio. Y hay que comenzar desde aquí este esfuerzo.

También tenemos que valorar los resultados obtenidos en toda España. Con un Partido Socialista que se consolida como la única alternativa posible al gobierno el PP, y que ganará importantes parcelas de poder institucional. Ciertamente a partir de acuerdos y alianzas. Pero sin un PSOE ganador no hay cambio posible. El único que puede substituir a Mariano Rajoy al frente del gobierno de España es Pedro Sánchez. Yo ya sé que hay a quien le gusta mucho la serie Juego de Tronos, a mí también, pero aquí no se trata de un Juego de Tronos en el que cuenta la astucia. Estamos en un juego democrático en el que cuenta la fuerza de los votos, y se mire como se mire, quien puede y tiene que substituir a Cospedal es Emiliano García-Page, quien puede y tiene que substituir a Monago es Guillermo Fernández Vara, quien puede y tiene que substituir a Fabra es Ximo Puig, quien puede y tiene que substituir a Bauzá es Francina Armengol y quien puede y tiene que substituir a Luisa Fernanda Rudi es Javier Lambán. Quien puede y tiene que substituir a Mariano Rajoy en La Moncloa el próximo noviembre es Pedro Sánchez, y tiene todo nuestro apoyo para conseguirlo.

Ciertamente es hora de pactos. Diálogo, negociación y pacto. Nosotros queremos pactar y sabemos pactar. Nosotros queremos gobernar y sabemos gobernar. En los Ayuntamientos, en las Comunidades Autónomas y en el Estado. Otros tienen todavía que demostrar que quieren y saben pactar y que quieren y saben gobernar.

En Cataluña también se debe pactar. Nosotros no queremos ningún tipo de inestabilidad en los Ayuntamientos, queremos gobiernos sólidos y estables, sustentados en sólidas mayorías. Gobiernos de progreso.

Y quiero ser muy claro al respecto: no tenemos ningún acuerdo de tipo general con ninguna fuerza política. Queremos gobiernos de progreso, como os decía, sólidos y estables, sustentados en sólidas mayorías. Respetando la voluntad ciudadana. Por cierto, una clara mayoría de ciudadanos de Badalona no quieren seguir con el alcalde que tienen. Él quiso hacer un plebiscito sobre su particular forma de “limpiar Badalona” como decía su eslogan, y ha perdido este plebiscito. No podemos contemporizar con los que practican políticas de enfrentamiento y división por razón de raza, religión u origen. ¡No, no y no!

Hay que respetar la voluntad mayoritaria y leer bien los resultados electorales, que se producen en contextos locales determinados, y por eso la decisión de los pactos corresponde tomarla en cada lugar. Porque no se trata solamente de asegurar investiduras, se trata sobre todo de asegurar cuatro años de gobierno.

Por ejemplo, creo que no conviene que Barcelona tenga un gobierno con un único apoyo de once concejales de un total de cuarenta y uno. Nosotros estamos en disposición de hablar y acordar, no solo investiduras, que son importantes, sino también gobiernos que duren cuatro años y que puedan desarrollar un programa de progreso. Y tampoco entiendo que haya que esperar al 27 de septiembre para establecer acuerdos municipales. La ciudadanía ha hablado y ahora hay que comenzar a trabajar de acuerdo con este mandato popular.

Muchos consistorios están muy fragmentados. Hay nueve partidos en Mataró, me parece, ¿verdad? Pues bien, hay que trabajar en Mataró y en toda Cataluña para tener gobiernos estables, sabiendo que pactar quiere decir acercar posiciones y que muchos estén dispuestos a renunciar a algunas pretensiones legítimas pero que no tienen el consenso suficiente. Por nosotros no quedará.

Dicho esto, no deja de ser extraño que los mismos que consideran que el PSC tiene la obligación de dar apoyo en Badalona a la candidatura de Badalona en Comú porque es la lista más votada, encuentren acertado que Terrassa en Comú maniobre para evitar la investidura del alcaldable del PSC, cabeza de la lista más votada en Terrassa. No está de más hacer una llamada a la coherencia, y pedir a todo el mundo que esté a la altura de las circunstancias. Pongo este ejemplo como podría poner muchos otros.

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El pasado día 1 se puso en marcha nuestro proceso de primarias. Con un triple reto, elegir al candidato socialista a la Presidencia del Gobierno de España, el candidato o candidata a la Presidencia de la Generalitat y el o la cabeza de lista socialista al Congreso por la demarcación de Barcelona. Ya sabemos que Pedro Sánchez opta a la presidencia del Gobierno de España Ahora hace falta dar el siguiente paso.

Cuando fui elegido primer secretario, en un momento de gran dificultad, dije que estaba dispuesto a asumir mis responsabilidades con todas las consecuencias y hasta el final. Y he querido esperar a hoy, a este Consell Nacional, para formalizar mi precandidatura a las elecciones al Parlament de Catalunya. Sí, compañeras y compañeros, si lo queréis, seré vuestro candidato a la Presidencia de la Generalitat en las elecciones del próximo 27 de septiembre.

En este instante entrego al Presidente de la Autoridad Electoral del Partido el escrito para poder comenzar a recoger los correspondientes avales.

Soy consciente de la trascendencia de mi decisión y la tomo de forma libre y entusiasta, empujado por una voluntad de servicio, sí, pero con muchas ganas de llevar la bandera que un día levantaron Joan Reventós, Raimon Obiols, Joaquím Nadal, Pasqual Maragall, José Montilla y Pere Navarro.

Ciertamente será una campaña bien diferente a todas las que hemos vivido. Y yo las he vivido todas desde muy cerca desde 1980. Pero tengo muchas ganas de hacerla, tengo muchas ganas de defender nuestros planteamientos, tengo verdadera pasión para demostrar que hay un camino mejor para Cataluña. Que llevamos cuatro años perdidos, sin ninguna nueva competencia, ningún nuevo proyecto, ninguna nueva inversión potente, ningún avance. Que no hemos obtenido ni un pacto fiscal ni una consulta que sirva para arreglar el problema que tenemos. Que llevamos cuatro años de líos sin resultados positivos y tangibles. Que no queremos dividir a los catalanes en una pelea en la que habría un 40% de perdedores. Que queremos preservar la unidad civil del pueblo de Cataluña. Que no hay una salida unilateral al problema de encaje entre Cataluña y el resto de España.

Estoy convencido de que todo el mundo llegará más tarde o más pronto a reconocer que tenemos razón, que no habrá una consulta si no es legal y acordada, que la mejor manera de organizar la diversidad nacional en un Estado democrático miembro de la Unión Europea es el federalismo. Que el camino más firme es negociar una profunda reforma constitucional y someterla a referéndum. Que eso sólo será posible cuando cambie el escenario político en el conjunto de España y que eso lo podemos conseguir a finales del próximo noviembre.

¡Cuántas cosas hemos tenido que escuchar! ¡Tantas como ahora escucha la dirección de Unió Democràtica de Catalunya!

Cada día hay más personas que reconocen no habrá solución sin diálogo entre gobiernos; que no se puede obviar la legalidad vigente, que puede ser modificada a través de los mecanismos previstos; que hay que descartar cualquier escenario que nos sitúe fuera de la Unión Europea. Se diga lo que se diga, la hoja de ruta firmada entre CiU y ERC desconoce estas verdades evidentes. Quizás por eso ya hablan de revisarlo. ¿Cuántas hojas de ruta llevamos? ¿Cuánto tiempo más quieren que perdamos, cuántas energías, cuántas oportunidades?

El 27 de septiembre decidimos entre cuatro años más de líos sin resultados o cuatro años de búsqueda de soluciones justas y de amplios acuerdos.

Tengo ganas de reivindicar un gobierno que haga de la reactivación económica y la creación de puestos de trabajo su prioridad absoluta. Un gobierno que pare los recortes en sanidad, educación y protección social. Un gobierno que luche contra la corrupción y el fraude fiscal. Y, sí, un gobierno que llegue a un acuerdo con el gobierno de España para reconocer a Cataluña como nación, para blindar nuestro autogobierno, para asegurar las competencias de la Generalitat en educación, lengua y cultura, para conseguir un nuevo pacto fiscal. Un acuerdo sometido al voto de la ciudadanía a través de un referéndum legal y vinculante.

En las elecciones todos los candidatos dicen que quieren ser presidentes. Sí. Pero solamente habrá un presidente, y no lo será por mayoría absoluta. El 28 de septiembre habrá que ponerse de acuerdo. Y ¿quién mejor que nosotros para trabajar para el acuerdo? ¿Quién mejor que un partido que no se resigna a la ruptura de la sociedad catalana, un partido que no persigue la ruptura con el resto de España, un partido que tiene la justicia social como norte, un partido inequívocamente catalanista y comprometido con el autogobierno? Un partido que sabe gobernar y que sabe pactar. Un partido capaz de tejer complicidades dentro y fuera de Cataluña. Un partido capaz de fortalecer y ampliar el consenso catalanista y que no se dejará llevar por el frentismo de consecuencias imprevisibles.

Tengo ganas de defender un proyecto en el que creo de forma apasionada, quiero hacerlo desde argumentos muy sólidos y también desde un respeto exquisito por los adversarios. Aspiro a hacerlo desde la sinceridad, sin abandonar nunca el principio de realidad y el de responsabilidad. Convencido de que en la hora difícil de la política catalana, nuestros principios, los valores y los planteamientos que defendemos serán la mejor brújula para salir del embrollo en que nos han metido una finalidad y una estrategia equivocadas.

Basta ya de experimentos. Basta ya de perder el tiempo. Basta ya de perder de vista los problemas reales de las personas víctimas de la crisis y de los recortes. Basta ya de rehuir las propias responsabilidades. Basta ya de enfrentamientos estériles.

Hace casi un año os dije que era la hora de arremangarse para reconstruir el proyecto del PSC.

Hoy os digo que se la hora de arremangarse para servir a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.

Si así lo queréis, encabezaré este esfuerzo.

Si así lo queréis, impulsaré con todos vosotros el cambio que conviene a Cataluña y conviene a toda España.

Si así lo queréis me dejaré la piel como candidato socialista en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya.

Muchas gracias!

Cataluña 2015. El cambio que necesitamos

“CATALUÑA 2015. EL CAMBIO QUE NECESITAMOS”

Intervención de Miquel Iceta

Museo Marítimo, Barcelona, 10 de diciembre de 2014

Muy buenas tardes, señoras y señores, amigas y amigos.

Quiero agradecer de todo corazón vuestra presencia en un acto que en que compartiré con vosotros y, a través de los medios de comunicación, con los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña, mis reflexiones sobre el actual momento político y sobre las prioridades que deberían guiar la actuación de los dirigentes políticos y de los poderes públicos en los próximos años.

Comienzo con una primera afirmación rotunda.

Sin menospreciar el problema de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, que es grave, el principal problema de nuestro país es en estos momentos el desempleo masivo, el fortísimo incremento de las desigualdades y de la pobreza, y la falta de oportunidades, especialmente para los más jóvenes y los parados de larga duración.

Este es el problema más importante de Cataluña y no es precisamente del que más se habla.

Es más, a veces parece totalmente ausente. Y esto no puede seguir así. Si no hablamos de los problemas, los problemas no desaparecen. Siguen y se agravan. Si no hablamos de los problemas de la gente, la ciudadanía cree con razón que la política sirve de muy poco.

Y este es el primero de los cambios que necesitamos: orientar la acción de gobierno y el debate político a la resolución de los problemas de la ciudadanía.

El segundo de los cambios es levantar un poco la vista.

El monotema y la obsesiva observación de nuestro ombligo tienden a marearnos y, sobre todo, nos privan de captar la realidad en todas sus dimensiones.

Realmente, es difícil encontrar en las últimas décadas otra etapa histórica como la actual teñida de tantos retos, de tantas incertidumbres políticas, económicas y sociales, en Cataluña, en España, en Europa y en el resto del mundo.

El mundo está cambiando. Mucho y muy rápidamente. Parece que se está gestando uno de aquellos cambios de paradigma político y económico que se producen cada muchos años.

Idealmente y de manera resumida, la nueva arquitectura política e institucional resultante de este profundo cambio debería:

  1. Mejorar la gobernabilidad del proceso de globalización económica mediante la eliminación de los paraísos fiscales, la corrección de la hipertrofia del sistema financiero o la obligación de que las empresas multinacionales paguen siempre sus impuestos allí donde se generan sus beneficios.
  2. Minimizar la probabilidad de que en el futuro se repitan crisis económicas y financieras tan destructivas como la que comenzó en el año 2007.
  3. Consolidar y culminar el proyecto de integración europea paliando sus déficits demográficos.

En todo el mundo, especialmente en los países avanzados, impresiona comprobar cómo la reflexión sobre estos formidables retos e incertidumbres ha desencadenado un alud de debates intelectuales y encendidas discusiones políticas.

Desgraciadamente, nuestro país, Cataluña, es una notoria excepción.

Lo ha escrito recientemente el profesor Antón Costas: “(…) hoy la política catalana está ensimismada. Como en la novela de Juan Marsé, está cerrada con un único juguete, ajena a estas transformaciones tecnológicas y económicas. Se repliega de manera proteccionista sobre sí misma”.

En mi opinión, este repliegue y la dedicación de tanta energía colectiva, política y mediática al proceso independentista está erosionando, poco a poco, pero de forma inexorable, la calidad de la política y de las instituciones catalanas.

A continuación, comentaré algunas de las ausencias más preocupantes en el debate público de nuestro país.

En Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada de la situación económica de Europa y de la posibilidad muy real de que nuestro continente caiga en una tercera recesión o se instale en un largo período de estancamiento, escenario que contrasta, en este momento, con la recuperación económica de los EEUU.

Una tercera recesión tendría efectos devastadores sobre la población, sobre los sectores sociales más débiles, los excluidos, trabajadores y clases medias, y sobre el conjunto de nuestra economía.

La semana pasada, el Banco Central Europeo revisó a la baja las previsiones de crecimiento para 2014 y para 2015 en el conjunto del Área Euro; y su Presidente, Mario Draghi, agitó el temido fantasma de la deflación.

Bien sea por la falta de una unión fiscal, bien sea por un deficiente diseño institucional, lo cierto es que ni la vacilante política monetaria de expansión cuantitativa (Quantitative Easing) del Banco Central Europea ni el tímido “Plan Juncker” de estímulo fiscal conseguirán impulsar significativamente la actividad económica en Europa en el corto plazo. Claramente, la economía europea tiene graves problemas, tanto por el lado de la demanda como por el lado de la oferta, que los socialistas creemos que hay que abordar de manera muy audaz.

Permitidme una pequeña anécdota. La semana pasada fui a Bruselas para pronunciar una conferencia sobre la propuesta federal de los socialistas. Al final de la conferencia pude saludar a Ximo Puig, candidato socialista a la Presidencia de la Generalitat valenciana y, así lo espero, futuro presidente. Como era evidente que no había ido a Bruselas para asistir a mi conferencia le pregunté, “Ximo, y tú ¿qué haces aquí?” Y me respondió: “He venido a averiguar cómo afectará a los sectores económicos valencianos el Tratado Transatlántico entre la Unión Europea y los Estados Unidos y para ver qué tipo de proyectos pueden ajustarse mejor al Plan Juncker”. Me da la sensación de que el Gobierno de Cataluña hace demasiado tiempo que, por desgracia, no tiene en la cabeza estas cuestiones que son las que realmente importan.

Continúo, en Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada de las consecuencias geopolíticas y económicas, singularmente para la Unión Europea, del conflicto bélico en Ucrania y de la política exterior de la Rusia de Vladimir Putin.

Ahora quizás algunos que me escuchan pensarán, ¿qué dice este hombre? ¿Ucrania? ¿Rusia? Mirad, el otro día en Lleida en una reunión con el sector agroalimentario me comentaban la afectación del boicot comercial ruso a la fruta europea, pero esto no parece formar parte del debate público catalán.

El hecho es que la economía de Ucrania se encuentra al borde del abismo, con un descenso del PIB real del 10% este año, y solamente se evitará el colapso económico si Occidente aumenta significativamente su ayuda financiera en los próximos meses.

Bastante inquietante es, también, la situación de la economía rusa, castigada por la pronunciada bajada del precio del petróleo y las sanciones impuestas por la Unión Europea y los EEUU. Una recesión prolongada en Rusia y un hipotético default de la deuda rusa durante los próximos años podrían tener consecuencias imprevisibles, que con seguridad afectarían a Cataluña y al resto de España.

En Cataluña, por ejemplo, se habla poco o nada del imparable incremento de las desigualdades en la mayoría de los países del mundo. Hace meses, Oxfam anunció que las 85 personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que el 50% de la población mundial más pobre, es decir, que 3.500 millones de personas.

Y hace pocos días, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advertía que España es el país desarrollado en que más han crecido las desigualdades desde el inicio de la crisis económica, como consecuencia de la exorbitante escalada del desempleo. Y quien dice España, dice Cataluña.

Para revertir esta peligrosa tendencia, que está haciendo tambalearse los pilares sobre los que se edifica la legitimidad del sistema democrático, del “contrato social” y de la economía de mercado, en España y en Cataluña son imprescindibles dos cosas:

  • Crecimiento económico
  • Y una profunda reforma fiscal, como la que proponemos los socialistas, que aumente sustancialmente los ingresos públicos y la progresividad efectiva del sistema tributario.

En Cataluña, en fin, se habla poco o nada de las perspectivas económicas de nuestro país y del resto de España.

Después de un largo, injusto y doloroso proceso de ajuste macroeconómico, agudizado por la imposibilidad de devaluar la moneda como en el pasado, la economía se encuentra finalmente en condiciones de crecer nuevamente.

En efecto, hemos recuperado competitividad de manera significativa, tal y como lo demuestra la positiva evolución de las exportaciones; hemos pasado de un insostenible déficit de balanza de pagos por cuenta corriente equivalente al 10% del PIB a un ligero superávit, imprescindible para reducir el endeudamiento externo; y después de sucesivas reformas del Gobierno español, muchas decenas de miles de millones de euros de los contribuyentes inyectados en las entidades financieras y la decisiva actuación del BCE, tenemos un sistema bancario más saneado, que en los próximos meses debería rebajar (¡por fin!) la restricción financiera que ha estrangulado, mediante la reducción del crédito, a las familias y, sobre todo, a las empresas desde el año 2008.

Asimismo, la bajada de la prima de riesgo, la rebaja de más de 5.000 millones de euros de la factura energética que España paga como país fuertemente dependiente, inducida por la caída del precio del petróleo, y la depreciación del euro, son tres factores adicionales que contribuirán a impulsar la actividad económica de este año y de 2015.

Desde la perspectiva de las retribuciones a los trabajadores, considero que es muy probable que la recuperación de la competitividad de la economía española y catalana, llevada a cabo mediante el agudo proceso de devaluación interna, sugiere que la bajada de salarios ha tocado fondo.

En los próximos meses y años, por tanto, los salarios tienen que aumentar gradualmente, lo que, unido a la baja inflación y a la gradual reducción de la tasa de desempleo, hará que las familias dispongan de un poder adquisitivo apreciablemente más alto.

No obstante, haríamos bien en no olvidar que las exageradas y equivocadas políticas de austeridad a ultranza impuestas durante estos años por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, y aplicadas con devoción ideológica en nuestro país por los gobiernos del PP y de CiU, no sólo han prolongado la crisis económica, sino que han incrementado innecesariamente la pobreza, las desigualdades y el sufrimiento de las personas.

Por otro lado, conviene destacar que existen también elementos negativos que dificultarán que Cataluña y el resto de España consigan tasas de crecimiento como las anteriores a la crisis.

En primer lugar, la atonía económica de países como Alemania, y sobre todo, Francia e Italia, junto al riesgo de deflación en Europa, representa un freno importante.

En segundo lugar, a pesar de los apreciables avances en el proceso de desendeudamiento de la economía española, el stock de deuda pública y privada (incluyendo el del sistema financiero) continúa siendo inmenso: aproximadamente un 300% del PIB, es decir, unos 600.000 millones de euros en el caso de Cataluña; y esto inevitablemente constituye un pesado lastre para el consumo y la inversión de las familias, las empresas y el sector público.

Finalmente, hay que recordar que Cataluña y el resto de España afrontan, en las próximas décadas, un perfil demográfico muy adverso.

Una sola cifra es suficientemente elocuente de la magnitud del problema: algunos expertos nos alertan que, con los actuales criterios de elegibilidad, entre el año 2000 y el año 2040, el gasto público dedicado a los ciudadanos mayores de 60 años en los ámbitos de salud, pensiones y dependencia pasará del 12,6% del PIB ¡al 33,1% del PIB!

En este sentido, parece evidente que Cataluña y el resto de España tendrán que conseguir en los próximos años, de manera gradual, un nivel significativamente superior de ingresos públicos en relación al PIB, en línea con la media de la Unión Europea, caminando por tanto en dirección contraria a la última reforma fiscal del PP.

Convendría, en resumen, que de estas cuestiones se hablase un poco más en Cataluña si no queremos perder el tren del futuro.

Soy consciente de que este no es todavía el momento de presentar una propuesta electoral. Ya sabéis que los socialistas no compartimos el adelanto de las elecciones de 2012 y tampoco compartimos ahora un posible adelenato electoral que, por otro lado, parece que, más allá de la retórica épica y del ruido, solamente depende del acuerdo del President Mas y Oriol Junqueras sobre cómo tienen que hacer la lista o listas electorales.

Parece una broma pero no lo es.

Hace ya demasiado tiempo que los problemas reales de los catalanes y las catalanas no son los que guían la política. Y los políticos tienen que resolver problemas, no crear nuevos problemas, que demasiados tenemos ya.

El President Mas anticipó las elecciones en el año 2012 buscando una mayoría excepcional y perdió 12 escaños. Ahora trata de disolver a CDC en una propuesta independentista para camuflar otra derrota electoral que las encuestas más favorables a CiU sitúan en un descenso de 10 diputados más.

Ciertamente las elecciones de 2012 tampoco fueron favorables al PSC, y las encuestas apuntan a un nuevo descenso si las elecciones se celebrasen ahora mismo.

Pero precisamente de lo que se trata no es de decidir los calendarios electorales en función de los intereses de uno u otro partido, o de una u otra persona, sino de servir a los intereses de los catalanes y las catalanas.

Y de intentar agotar las legislaturas.

Pero eso no es todo, hay más: la propuesta de Artur Mas apunta a unas nuevas elecciones dieciocho meses después de las próximas. O sea que nos podríamos encontrar con elecciones en 2015 y en 2017 que, junto con las del 2010 y del 2012, ¡serían cuatro elecciones en menos de siete años!

¡Y vuelve a hablar de convocar un referéndum para el que la Generalitat no tiene competencias! Estamos atrapados en una noria que no para de dar vueltas pero que no nos lleva a ningún sitio.

Creo honestamente que el President Mas ha situado la política catalana en un callejón sin salida, en una huida hacia adelante en la que no se ha conseguido ni el pacto fiscal prometido en 2012, ni la consulta deseada en 2014. Una huida hacia adelante en la que ahora se nos propone un camino hacia la independencia que está también condenado al fracaso.

Y, amigos y amigas, Cataluña no se puede permitir ni más fracasos ni perder más el tiempo.

Pero tampoco quiero dejar de reconocer errores y carencias de los socialistas, por los cuales tenemos que pedir disculpas y hacer propósito de enmienda.

No vimos venir la crisis económica en el 2008, ni supimos afrontarla con eficacia, ni lo hicimos de acuerdo con nuestros valores y prioridades.

No supimos tampoco ofrecer una alternativa clara al terremoto causado por la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de 2010, ni responder con celeridad al deterioro de la política causado por los escándalos de corrupción.

Como he dicho al principio, la actual situación política, económica y social es de una extraordinaria complejidad. Quizás por eso es el momento de pararnos un poco y reflexionar juntos antes de empezar a correr hacia unas nuevas elecciones con el riesgo de no resolver nada.

Como la cita de Thomas Mann que recordaba Soledad Gallego-Díaz en su artículo de domingo en El País: “El mundo no ha padecido nunca por un exceso de razón”. En cambio, nada corta de forma más rápida el diálogo y la conversación que las emociones.

Y en la política catalana hay un exceso de emociones y un déficit de razones.

Mi diagnóstico es diáfano:

Creo que no hay solución a los problemas de los catalanes si no se produce un  cambio de rumbo de la política catalana.

Hay que abandonar el rumbo de colisión que intentan acordar el President Mas y Oriol Junqueras pensando solamente en un millón ochocientos mil catalanes, y quizás ni siquiera en todos ellos.

Hay que abandonar el rumbo de colisión para el que cuentan con la inestimable ayuda del Partido Popular y el Gobierno de España presidido por Mariano Rajoy.

No hay solución a nuestros problemas que no pase por la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Y esa no es la tercera vía. Es la primera vía. La única vía, si me apuran.

¿Cómo queremos resolver en democracia el conflicto entre intereses contradictorios? ¿Cómo queremos conciliar diversos sentimientos de pertenencia? Decía Enric Juliana en su libro “La España de los pingüinos”: “Curiosa paradoja: se nos dice que el mundo va hacia la superposición de los sentimientos de pertenencia; se nos exigen flexibilidades de todo tipo, -flexibilidad mental, flexibilidad laboral, flexibilidad emocional- para afrontar inciertos retos de futuro, pero la inflexibilidad ideológica y política tiende a apoderarse del espacio público”.

Los socialistas catalanes hemos mostrado de forma inequívoca y reiterada nuestra disposición a llegar a acuerdos. El último ejemplo ha sido el acuerdo al que ha llegado nuestro candidato a la Alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni, que permitirá aprobar los presupuestos del Ayuntamiento y la obtención de importantes contrapartidas sociales en cuanto al precio del transporte público, la construcción de nuevas guarderías y un plan de rescate para personas en situación de especial vulnerabilidad. ¡Barcelona está de enhorabuena!

Gracias, Jaume. En nombre de los barceloneses y de todos los socialistas.

Los socialistas estamos siempre dispuestos a ayudar a quien quiera ser ayudado. Desgraciadamente no es el caso del Gobierno de Cataluña que no pide nunca ayuda sino adhesión incondicional. Adhesión incondicional a una hoja de ruta que no compartimos en absoluto.

Los presidentes Mas y Rajoy parecen incapaces, no sé si es que en realidad no saben, no quieren o no pueden, dialogar para resolver los problemas que tenemos. El pasado 30 de noviembre les ofrecía un guión de cinco temas sobre los que sería imprescindible comenzar a dialogar:

1.- Abrir en el marco de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat una negociación sobre el documento de 23 puntos presentado por el President Mas al Presidente Rajoy el pasado 30 de julio.

2.- Revisar en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera la distribución del esfuerzo de reducción del déficit público entre los tres niveles de la Administración que de forma injustificada está sometiendo a una presión insoportable a las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos. Esta revisión tendría que contemplar también la posibilidad de negociar con las instituciones europeas una flexibilización de los plazos y los objetivos de déficit.

3.- Convocar una Conferencia de Presidentes para adoptar medidas urgentes para reactivar la economía y el empleo y la creación de un fondo extraordinario de rescate social para la infancia en situación de vulnerabilidad y desempleados de larga duración.

4.- Crear un espacio de deliberación sobre la reforma federal en el marco de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados.

5.- Evaluar el vigente modelo de financiación autonómica en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera para abordar su revisión que tendría que haber entrado en vigor el pasado 1 de enero.

Permítanme que me detenga unos instantes, dada su gran importancia, en el nuevo modelo de financiación autonómica. En el pasado, todas las revisiones de los sucesivos modelos aseguraban que cuando entraba en vigor un nuevo sistema de financiación todas las Comunidades Autónomas disponían de más recursos públicos que con el sistema anterior. Esto facilitaba mucho las negociaciones y el acuerdo, pero no parece que sea posible en la coyuntura económica y fiscal actual.

Por esta razón, para facilitar la discusión y la aprobación de un nuevo modelo de financiación autonómica, y además de otros principios como la ordinalidad o una mayor corresponsabilidad fiscal, habría que contemplar la posibilidad de que el Gobierno español asuma como propia una parte de la actual deuda pública de las Comunidades Autónomas generada en los últimos años, mediante, por ejemplo, una quita de la deuda pública de las Comunidades con el Gobierno español.

De esta manera todas las Comunidades Autónomas saldrían ganando porque pasarían a tener una situación financiera más saneada y rebajarían su gasto en concepto de pago de intereses de la deuda.

Obviamente, conviene ser muy prudente y subrayar que habría que estudiar con mucho cuidado los detalles concretos para aplicar esta propuesta de quita, y particularmente cuál tendría que ser el porcentaje del total de la deuda de las Comunidades Autónomas condonado y en qué condiciones se produciría la condonación, para evitar que en el futuro las Comunidades se comporten irresponsablemente en su gestión presupuestaria confiando en que el Estado español las rescatará.

Es evidente que en las respectivas hojas de ruta de los presidentes Mas y Rajoy no figura una negociación de estas características y que, al final, los catalanes y el conjunto de los españoles somos rehenes de este bloqueo.

Y ya llevamos cuatro años perdidos.

El resultado es muy triste: ninguna nueva competencia, ninguna nueva inversión, ningún nuevo proyecto, ningún nuevo acuerdo que permita avanzar en ningún terreno.

Les haré una confesión personal: me llamaron mucho la atención los aplausos recibidos por el President Mas cuando, en septiembre de 2012, volvió de Madrid explicando que no había conseguido el pacto fiscal. ¿Desde cuándo los catalanes aplaudimos los fracasos?

Es evidente que la responsabilidad no era solamente ni siquiera principalmente suya pero, ¿aplausos? ¿A santo de qué?

Otro cambio necesario es renunciar a la vieja táctica victimista de derivar a los demás todas las responsabilidades como fórmula para huir de las propias responsabilidades. Cataluña no se lo merece y así no vamos a ninguna parte.

Como el President ha fijado la independencia como único objetivo es muy difícil que obtenga nada en Madrid. Fijar la independencia como único objetivo es un error. Fue un error fijar 2014 como el año en que tenía que pasar todo. Fue un error hacer una declaración de soberanía en el Parlament. Fue un error fijar unilateralmente la fecha y la pregunta. Como también sería un grave error declarar unilateralmente la independencia.

Además, y lo diré con claridad: la mayoría de catalanes no queremos la independencia.

Ya lo vimos el pasado 9 de noviembre.

Muchos no creemos en soluciones mágicas a los problemas, y la independencia se ha presentado como la solución milagrosa a todos los problemas.

No queremos romper con el resto de España ni tampoco nos resignamos al inmovilismo trasnochado y tozudo de la derecha que es el verdadero enemigo de un proyecto español compartido.

La independencia ni la queremos, ni nos conviene, ni siquiera parece posible en el mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas en el que vivimos, en el seno de la Unión Europea que tiene que avanzar hacia una mayor integración no hacia una mayor disgregación, y todos sus Estados miembros lo consideran así.

Muchos estamos convencidos de que hay una mejor solución: la reforma del Estado para hacerlo más eficiente y asegurar que defiende mejor de los intereses de los catalanes y no solamente se ocupa de los sectores que, en palabras justas de Juan-José López Burniol, “consideran al Estado una propiedad privada y una sociedad de auxilios mutuos para la autosatisfacción de sus propios intereses, prescindiendo de un proyecto nacional inclusivo, y se resisten por todos los medios a un reparto racional del poder político que intentan monopolizar”. Unos sectores concentrados históricamente en Madrid.

La solución federal, la reforma constitucional que proponemos, tendrá que ser votada por los ciudadanos. No habrá solución sin votación. Y nosotros queremos que los catalanes tengan la oportunidad de votar en favor de un nuevo acuerdo antes de plantearse la posibilidad de romper con el resto de España.

Estoy seguro de que hay una mayoría de catalanes partidarios de un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de España.

Lo dicen todas las encuestas. Si resolvemos el problema del reconocimiento de la realidad nacional catalana y del carácter pluricultural y plurilingüe del Estado, si somos capaces de garantizar en plenitud el autogobierno especialmente en lo que se refiere a las competencias en materia de lengua, educación y cultura, y si somos capaces de conseguir un pacto fiscal solidario que preserve el principio de ordinalidad, es decir, que las Comunidades que transfieren solidariamente fondos a otras regiones españolas no acaben obteniendo menos recursos públicos que aquellas que los reciben, si incorporamos estos elementos a la propuesta de reforma constitucional que sea sometida a referéndum de la ciudadanía, una amplia mayoría de catalanes y catalanas le darán su apoyo.

Estoy absolutamente convencido.

Tampoco me cansaré de repetir que la propuesta de reforma constitucional que hacemos los socialistas tiene como objetivo no solamente abordar el encaje de Cataluña en el resto de España, sino también los problemas del Estado de las Autonomías en su conjunto. En este sentido, no está de más recordar que los ejes básicos de nuestra propuesta de reforma federal son:

  1. La transformación del Estado de las Autonomías en un Estado federal.
  2. El reconocimiento de las singularidades propias de las nacionalidades históricas, teniendo en cuenta los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes (por ejemplo, en el artículo 5 del Estatuto de Autonomía de Cataluña, que se debería incorporar a la Constitución).
  3. La definición precisa de las competencias del Estado y la atribución de todas las demás a las Comunidades Autónomas.
  4. La incorporación de los derechos sociales como derechos de ciudadanía y la garantía de su ejercicio en condiciones de igualdad.
  5. La consideración de los temas lingüísticos, educativos y culturales como competencia estricta de las Comunidades Autónomas con lengua propia.
  6. La constitucionalización de un sistema de financiación de las Comunidades Autónomas informado por los municipios de solidaridad y ordinalidad, entendido este último como lo hace la STC 31/2010 de 28 de junio en su Fundamento Jurídico 134 “excluyendo la peor condición relativa de quien contribuye respecto de quien se beneficia”.
  7. La territorialización del sistema de gobierno del Poder Judicial.
  8. La transformación del actual Senado en un Consejo Federal con presencia de los gobiernos autonómicos.
  9. La profundización del carácter democrático, participativo y deliberativo de nuestro sistema político e institucional.
  10. El fortalecimiento de los municipios como garantes de la cohesión social, vectores de desarrollo económico y vertebradores del territorio.

Tampoco está de más insistir en que la propuesta independentista de Mas y Junqueras tiene un problema fundamental: al final pretende conseguir sus objetivos de forma unilateral.

Y este es un camino imposible para modificar las fronteras o las relaciones internas entre territorios en un Estado democrático miembro de la Unión Europea, que garantiza constitucionalmente el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.

No hay, ni habrá, una solución unilateral.

Todo el mundo sabe que la independencia solamente ha sido viable en los procesos de descolonización o bien cuando ha habido acuerdo entre las partes (Chequia-Eslovaquia) o bien ha tenido que ver con el derrumbe del bloque soviético, lo que ha propiciado un vasto consenso internacional. Ninguna de estas circunstancias se da en el caso de Cataluña. Y decir lo contrario es engañar a la gente.

Quizás alguien piensa que pedir la independencia es la mejor manera de negociar un nuevo estatus en el marco español. Pero hay que decirlo. Hay que hacer saber que ésta es la meta. Me pueden decir: hay que apuntar a 10 para obtener 7 u 8. Eso es válido en una mesa de negociación.

Pero es moralmente inaceptable cuando un responsable político se dirige a la ciudadanía y no explica la verdad.

A la gente se le tiene que decir la verdad. No se la puede llevar por terrenos desconocidos, con los costes personales y colectivos que eso le puede reportar, con los enormes riesgos añadidos, cuando el objetivo real no es el que se anuncia sino otro. Cuando el objetivo no es “de país”, sino “de partido”.

El objetivo de verdad debe ser ir a una negociación. A forzar una negociación. A conseguir todas las presiones catalanas, españolas, europeas e internacionales posibles para forzar esta negociación, para superar definitivamente los obstáculos a un nuevo pacto entre Cataluña y el resto de España.

Yo creo que habrá que esperar a derrotar en las urnas al PP en las próximas elecciones generales, pero mi pronóstico es que finalmente se procederá a la reforma federal de la Constitución, en cuyo marco Cataluña encontrará el lugar que le corresponde como nación.

De la misma manera que, más allá de la Cataluña estricta, la lengua catalana, en sus diversas modalidades, tiene que encontrar también, en el Estado español, su defensa, la preservación de su unidad y el apoyo para su pleno desarrollo. Como en todo aquello que concierne a la cocapitalidad de Barcelona.

Ésta es la España que queremos. Y créanme: lo conseguiremos.

Y no será ninguna derrota, sino una gran victoria del pueblo de Cataluña, de su exigencia de autogobierno, de la expresión plural de su identidad, de su cohesión, de sus movilizaciones, de la enorme voluntad de cambio expresada de formas muy diversas.

En este punto, quiero alertar contra el inadmisible intento de equiparar catalanismo con independentismo. Quizás así aumenta el número de independentistas, pero también irá menguando la fuerza integradora del catalanismo y acabaremos haciendo un muy mal negocio. Podemos hacernos daño. Mucho daño. Romper la transversalidad del catalanismo perjudica a nuestro país.

Los socialistas catalanes seguimos en el mismo lugar de siempre, fieles a nuestras raíces catalanistas y federalistas. Sin engañar a la gente.  Porque se trata realmente de estar “al servicio de este pueblo” y no al servicio de un determinado proyecto político o incluso de un determinado proyecto personal.

Estamos como siempre, con voluntad de reforzar costuras, de aproximar posiciones, de evitar fracturas debilitadoras, porque sabemos que la nación es el consenso renovado de la ciudadanía.

Sabemos que las naciones, como las danzas, se hacen y se deshacen. Y no queremos que Cataluña se nos deshaga en las manos, ya sea por decadencia a manos de las políticas austericidas, ya sea por cualquier fiebre insensata que la lleve a la ruptura o a un callejón sin salida.

Queremos que el pueblo de Cataluña sea llamado, no hacia ninguna entelequia, no a ninguna falsa meta que alguien promueve con finalidades escondidas, sino a una nueva meta real que confirme su unidad civil, que incluya el anhelo de todos los hombres y mujeres que la habitan, de la Cataluña del campo y de la ciudad, de la Cataluña de las ciudades medianas y de la Cataluña metropolitana, de la gran pluralidad del pueblo, de los 7,5 millones de ciudadanos y de ciudadanas, que apunte a horizontes de  cambio, de justicia, de libertad, de honestidad, de verdad.

Y que eso genere un nuevo y potente compromiso colectivo.

Por ello, no paramos ni pararemos de hablar con todo el mundo y de acercar a sectores diversos a las posiciones centrales del catalanismo social, del catalanismo federal, del catalanismo de la unión plurinacional en España y en Europa.

La unidad civil es nuestra vocación, absolutamente contraria a cualquier frentismo. Ha sido uno de los principales servicios de los socialistas al pueblo de Cataluña en el pasado. Lo ha recordado muchas veces Antoni Puigverd en sus artículos. Y lo tiene que volver a ser. Porque a los pueblos les hace falta un grado suficiente de unidad. Y la unidad suficiente, la genuina, no es la que conviene a unos pocos en un momento dado, ni la que se pliega a los intereses de una determinada operación política o personal, sino la que se articula a partir de la pluralidad real de la sociedad catalana, de todos aquellos sectores que se sienten dispuestos a trabajar por Cataluña.

Pero seamos realistas: probablemente ni Rajoy en La Moncloa ni el dueto Mas-Junqueras dominando la política catalana serán capaces de encontrar la solución al problema.

Y a los socialistas corresponde construir una alternativa tanto en el ámbito catalán como en el ámbito español. La ciudadanía tendrá que decidir en las urnas si quiere cambiar de rumbo o la presente deriva ya le va bien.

Las próximas elecciones generales, de aquí a un año, nos proporcionarán una buena oportunidad para cambiar de rumbo, para evitar la colisión. Una nueva mayoría presidida por Pedro Sánchez abrirá definitivamente el camino a la reforma constitucional.

Pero, como ya he dicho, el problema de encaje de Cataluña en el resto de España no agota las cuestiones sobre las que la política catalana tiene que cambiar de rumbo.

¿Cuáles son las prioridades que proponemos los socialistas? No me cansaré de repetirlas.

Primera, relanzar la economía y crear puestos de trabajo.

Segunda, proteger el Estado del Bienestar, la sanidad y la educación públicas y los servicios sociales, erosionados por los recortes y las políticas dogmáticas de austeridad y la desgana del Gobierno de Artur Mas a la hora de administrar el día a día de la Generalitat.

Tercera, regenerar la democracia, limpiar la política, luchar contra la corrupción, asegurar la transparencia e impulsar la lucha contra el fraude fiscal. Sí, corrupción cero.

Y la cuarta, buscar un nuevo acuerdo con el resto de España que nos permita votar. Sí, votar. Votar de verdad.

Sin duda el tema fundamental, y lo decía al inicio de mi intervención, es la necesidad de reactivar la economía, de impulsar la creación de puestos de trabajo, de reducir las desigualdades y la pobreza, de crear oportunidades.

Y esto implica dar la vuelta a las políticas económicas y sociales dominantes hoy en Cataluña, España y Europa.

Y para comenzar necesitamos lo que no tenemos en estos momentos en Cataluña.

No tenemos ni la estabilidad política ni la seguridad jurídica imprescindibles

Ya basta de estar sometidos a los vaivenes e improvisaciones que se presentan como cargados de épica y de astucia. No estamos dispuestos a contraponer democracia y Estado de Derecho.

No queremos sofismas ni atajos que no llevan a ningún sitio. El trabajo bien hecho no conoce fronteras, pero empieza en casa. Y la responsabilidad también comienza en todos y cada uno de nosotros. No podemos poner en peligro, frívolamente, inversiones y puestos de trabajo por el hecho de adentrarnos en tierra incógnita. No queremos la Ítaca a la que llega solamente uno, como en “La Odisea”  de Homero. Queremos ir muy lejos, pero llegar todos juntos.

Para relanzar la economía hay cosas que hacer a escala europea, española y catalana:

  • Hay que apoyar a las empresas, a los emprendedores y a los autónomos, faltos de crédito, de apoyo público y de estabilidad institucional.
  • Hay que rehacer el equilibrio roto de las relaciones laborales a partir de la concertación social, la formación y la flexibilidad negociada.
  • Hay que promover y recuperar el talento generado por el sistema educativo y la formación universitaria, hay que establecer planes para evitar la fuga de talento y para favorecer el regreso de talento obligado a emigrar.
  • Hay que recuperar la inversión de I+D+i. Hay que jugar fuerte en favor de la reindustrialización del país, del sector agroalimentario, de las ciencias de la vida, del turismo y le comercio de proximidad y de calidad.
  • Hay que combatir el desempleo de larga duración. Y todavía tenemos pendiente la reforma del Servicio de Empleo de Cataluña. Aquí encontramos personas mayores de 45 años, mujeres, jóvenes sin estudios y personas con discapacidad. Todas ellas merecen y necesitan un Plan de choque que les vuelva a incorporar efectivamente al circuito laboral.
  • Nos preocupa especialmente el desempleo juvenil. Hay que destinar recursos adicionales a los europeos para que el Plan de Garantía Juvenil (trabajo o formación en 4 meses) sea una realidad y no buenas palabras.
  • No podemos olvidar la necesidad de impulsar la transición energética ni de incorporar criterios ecológicos y de sostenibilidad al conjunto de nuestras políticas públicas.

La crisis económica nos ha llevado a una situación de verdadera emergencia social. En el año 2013, 1.779.200 personas en Cataluña se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 24,3% de la población.

Y los recortes han erosionado nuestro sistema de protección social y la calidad de nuestros servicios públicos.

Tenemos las listas de espera sanitarias más largas. El tiempo de espera medio de los 14 procedimientos quirúrgicos garantizados se ha incrementado un 40%. Tenemos 1.250 camas de hospital menos, 4.000 médicos menos en el ICS y 15.000 profesionales sanitarios menos en todo el sector. El presupuesto para el próximo año destina 0 euros a las guarderías. Ha disminuido en 10 puntos la tasa de cobertura de las becas comedor. El gasto social ha retrocedido a los niveles de 2004. ¡10 años de retroceso!

No podemos ni queremos esperar al paraíso de la independencia para tener una Cataluña con más trabajo, donde nadie pase hambre, todo el mundo tenga un techo y no te puedan cortar el agua, la luz o el gas a causa de situaciones de pobreza extrema.

Este es nuestro compromiso. Sí, pobreza cero.

Nos hace falta un verdadero plan de rescate social. Ninguna familia sin un ingreso. Un plan integral para erradicar la pobreza infantil. Acabar con los desahucios. Mejorar la atención a las personas con dependencia. Potenciar la autonomía de las personas con discapacidad. Colaborar con las entidades sociales del Tercer Sector.

Y también luchar para la erradicación de la violencia de género.

Tampoco nos resignamos a la erosión de los servicios públicos de salud y educación. Rechazamos la privatización y la mercantilización de la sanidad pública. Necesitamos un plan de choque para reducir las listas de espera. Defendemos la progresiva universalización del educación de 0 a 3 años. Y la reforma de la Formación Profesional no puede esperar. Como tampoco puede esperar la revisión del Plan de Energía.

En palabras de Luis Atienza en un reciente artículo: “Hace falta revisar muchas cosas para fortalecer la igualdad de oportunidades, explorar los límites de la capacidad redistributiva de la política fiscal, combatir de forma feroz la exclusión social y situarnos en la vanguardia de la transparencia y de la lucha contra la corrupción”.

Este es el horizonte permanente de la socialdemocracia.

Los socialistas queremos construir una alternativa sobre estos objetivos. Y estamos dispuestos a colaborar con todos aquellos y aquellas que los compartan. De la misma manera que estamos dispuestos a dar nuestro apoyo a aquellos que, sin necesidad de compartir nuestro proyecto, estén dispuestos a trabajar en positivo por el futuro de Cataluña.

Pero no podremos dar apoyo a políticas de corto alcance, a acuerdos puntuales que solamente sirvan para ganar tiempo, a convalidar presupuestos basados en fantasías irreales, a formar gobiernos con partidos que se niegan a cambios, que bloquean la reforma del Estado que tiene que ser de todos.

En este sentido, ¿cómo quieren que los socialistas demos apoyo a unos presupuestos que todo el mundo sabe que no se cumplirán? ¡Si ya el año pasado contemplaban unos ingresos que todo el mundo sabía que no se podían cumplir! Y este año, además, se contemplan unos ingresos que provienen del Estado, que solamente podrían verificarse a través de la negociación entre dos gobiernos que hasta ahora solamente saben dialogar a través de los tribunales.

Queremos un cambio profundo de la política catalana. Queremos ponerla al servicio de los ciudadanos, queremos que trabaje para solucionar los problemas reales de las personas.

Acabo.

Nada de lo que propongo es fácil. Requerirá de mucho esfuerzo y tenacidad. Un esfuerzo colectivo, que tendrá que ser justo para ser soportable. Un esfuerzo que comienza por decirnos los unos a los otros la verdad.

Porque, en efecto, Cataluña tiene que luchar contra muchas dependencias.

La dependencia de unas estructuras económicas y sociales que generan desigualdades y pobreza porque están al servicio de unos pocos. La dependencia de energías de riesgo y contaminantes. La dependencia de los consumidores y usuarios en sectores oligopolísticos. La dependencia de futuras generaciones si agotamos los bienes naturales o degradamos el entorno. La dependencia de una demografía adversa. La dependencia con respecto a poderes no democráticos y a prácticas corruptas o poco transparentes. La dependencia del monotema y de la fácil excusa que hace responsable de todo a Madrid.

No creo que nada de lo que propongo sea sencillo. Pero sí que estoy seguro de que vale la pena. Que se trata de un sueño realizable. Que puede sumar los anhelos de una amplia mayoría.

A día de hoy todavía no sabemos cuándo serán las próximas elecciones. Lo que sí que les puedo asegurar es que, sean cuando sean, encontrarán al Partido Socialista preparado para afrontarlas, dispuesto a una batalla noble para construir la Cataluña libre y segura, próspera y justa para la que el PSC lleva trabajando desde 1978. Lo haremos con una lista de socialistas y progresistas, de catalanistas y federalistas.

Fuimos decisivos en la conquista de la democracia, en la recuperación de la autonomía, en el impulso al municipalismo, en el cambio político en España que contribuyó a modernizarla, la incorporó a Europa y construyó el Estado del Bienestar, en los gobiernos de izquierdas en Cataluña que dieron un formidable impulso a las inversiones y a las políticas sociales.

Queremos volver a ser decisivos en esta encrucijada política.

Y trabajaremos para merecer la confianza de nuestros conciudadanos y conciudadanas para un proyecto basado en dos ideas centrales: la justicia social y el acuerdo federal con el resto de España. Dos ideales a los que no estamos dispuestos a renunciar.

Muchas gracias.

Memorándum urgente para los presidentes Mas y Rajoy

MEMORÁNDUM URGENTE PARA LOS PRESIDENTES MAS Y RAJOY (30.11.14)

Estimados presidentes,

La jornada del 9 de noviembre ha marcado otro hito en la cadena de desencuentros de los gobiernos español y catalán. Si el 9-N ha puesto claramente de manifiesto que el sentimiento independentista, aún siendo muy significativo, no es mayoritario, también ha reflejado, una vez más, la insatisfacción profunda de una parte importante de la sociedad catalana con respecto a la actual relación entre Cataluña y el resto de España.

El paso del tiempo ha demostrado que el problema, lejos de desaparecer, se va enconando y el margen para solucionarlo, lejos de ampliarse, se va estrechando. La querella presentada contra el President de la Generalitat es el último y más grave episodio de un desencuentro que, de persistir, sólo puede conducir a un enfrentamiento del que no puede derivarse beneficio alguno para nadie.

No es posible seguir así ni aparentar que no pasa nada ni pensar que por el mero hecho de apelar al cumplimiento de la ley el problema se resolverá por si solo. Por ello quisiera emplazarles una vez más, como máximos responsables de los gobiernos de Cataluña y España, a retomar de inmediato el diálogo político y la colaboración institucional para encauzar el problema y abrir el camino a un acuerdo.

Para ello les sugiero una agenda de temas e instrumentos para acercar posiciones e ir solventando cuestiones relevantes que pueden desbrozar el camino del necesario acuerdo.

  1. Los gobiernos de España y Cataluña, desde la lealtad mutua y la voluntad recíproca de acuerdo, deberían abrir, en el marco de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat, una negociación sobre el documento de 23 puntos presentado por el presidente Mas al presidente Rajoy el pasado 30 de julio.
  1. Es necesario revisar, en el marco del Consejo de Política Fiscal y Financiera, la distribución del esfuerzo de reducción del déficit público entre los tres niveles de la Administración que está sometiendo a una presión insoportable al conjunto de las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos. Dicha revisión debería también contemplar la posibilidad de negociar con las instituciones europeas una flexibilización de los plazos y objetivos de déficit.
  1. Debe procederse de forma inmediata, en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera y para su examen por la Conferencia de Presidentes, a la evaluación del vigente modelo de financiación autonómica cuya revisión debería haber entrado en vigor el pasado 1 de enero.
  1. Es conveniente, en todo caso, convocar con carácter urgente una Conferencia de Presidentes que pueda adoptar medidas para reactivar la economía y el empleo que impliquen al conjunto de las Administraciones Públicas.
  1. Debe crearse con carácter inmediato, en el marco de la Comisión Constitucional del Congreso, un espacio de deliberación sobre los contenidos de una reforma constitucional que, además de fortalecer el sistema de derechos y libertades, modernizar algunas instituciones de nuestra democracia y favorecer la participación ciudadana, aborde en su integridad los problemas del Estado de las Autonomías constatados tras 35 años de vigencia de la Constitución, mejore su funcionamiento y su financiación, asegure la igualdad de derechos de los ciudadanos sea cual sea el territorio en el que vivan y que sirva también para dar respuesta a la singularidad de Cataluña y su reconocimiento.

A ese debate deben ser convocados los grupos parlamentarios, las instituciones del Estado, las Comunidades Autónomas y expertos en la materia.

Hace tiempo que muchos estamos convencidos de que una reforma constitucional de corte federal puede, a la vez, solucionar los problemas de la actual estructura territorial española y satisfacer las demandas de autogobierno y de reconocimiento del carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe del Estado que se vienen expresando en Cataluña desde la que el Tribunal Constitucional alteró a través de una Sentencia el Estatuto votado por mayoría absoluta de las Cortes Generales y refrendado por los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña.

Quiero emplazarles a retomar el camino del diálogo, la negociación y el pacto como única vía para resolver los problemas y llamamos a partidos e instituciones a hacer propuestas para fortalecer un proyecto común de convivencia, ajustarlo a las nuevas demandas ciudadanas y renovarlo para hacer frente a los desafíos de nuestro tiempo.

Una alternativa sensata

UNA ALTERNATIVA SENSATA

Conferencia de Miquel Iceta

Barcelona Tribuna, 5.11.14

 

Buenos días, autoridades, señoras y señores, amigas y amigos,

Quiero agradecer a los organizadores, a La Vanguardia, a la Asociación Española de Directivos y a la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País, así como a los patrocinadores: Telefónica, Gas Natural Fenosa y Deloitte, su amable invitación a compartir mi punto de vista sobre la situación política actual.

Quiero agradecer muy especialmente las palabras de presentación de Miquel Roca i Junyent, a quien he respetado desde siempre y a quien nuestro país reconoce una autoridad política basada en su experiencia y su destacada contribución como ponente de la Constitución de 1978, hecho culminante de la transición política de la que orgullosamente me siento hijo. Ya me gustaría que nuestra generación fuese capaz no ya de superar sino de igualar el consenso y el carácter constructivo que nos ha proporcionado el período más positivo de la historia de Cataluña y España.

Soy plenamente consciente de que el principal problema al que nos enfrentamos es la crisis económica y sus efectos: el paro, el crecimiento de las desigualdades, el aumento de la pobreza y la falta de oportunidades especialmente entre los más jóvenes y los parados de larga duración. Y me he impuesto no olvidar esta cuestión en ninguna intervención pública que haga, aunque el tema central sea otro, como es obligado hoy en una conferencia que se produce a pocos días del 9 de noviembre.

Esta conferencia llega en un momento especialmente convulso de la política catalana: aprobación de la Ley de Consultas Populares no Referendarias, convocatoria de una consulta que los socialistas ya habíamos advertido que esta ley no podía amparar, impugnación de la ley y del decreto de convocatoria por parte del Gobierno de España, suspensión de la ley y del decreto de convocatoria por parte del Tribunal Constitucional, substitución de la consulta suspendida por un proceso participativo, impugnación del proceso participativo por parte del Gobierno de España, suspensión del proceso participativo por parte del Tribunal Constitucional, pretensión del Gobierno de Cataluña de mantener el proceso participativo…

Espero que el Gobierno de la Generalitat, que la Administración como tal, acate la resolución del Tribunal Constitucional y deje el proceso participativo, que en cualquier caso se acabará produciendo con un importante seguimiento, en manos de los voluntarios y las entidades impulsoras.

Hemos entrado en un bucle de astucias, legalismos y tribunales que no puede satisfacer las legítimas demandas de los catalanes. Demandas de cambios, de votaciones de verdad y de una nueva relación con España que incluso muchos querrían ver rota para siempre. Pero nadie está obteniendo ningún tipo de satisfacción con el actual estado de las cosas, que solamente parece alimentar un conflicto sin salida.

No quiero pasar de puntillas sobre la jornada del día 9 de noviembre. Como ustedes saben los socialistas no nos sentíamos llamados a participar en ella porque no compartíamos su carácter unilateral ni la pregunta que se formulaba, y esto no ha variado. Creemos que impugnar el proceso participativo fue un error por parte del Gobierno de España porque, suspendida ya la consulta inicial, a partir de aquel momento se trataba solamente de un ejercicio de movilización que podía servir para dar salida a muchas personas que quieren expresar su opinión y que tienen derecho a hacerlo.

Naturalmente acatamos la decisión del Tribunal Constitucional de ayer porque respetamos el Estado de derecho. Pero seguimos creyendo que, aunque esté desprovisto de todo apoyo institucional, el 9-N seguirá teniendo un carácter de movilización y reivindicación que probablemente la impugnación y la suspensión han contribuido a aumentar. El Presidente Rajoy olvida una vez más que la apelación al cumplimiento de las leyes no resuelve por sí sola el problema.

Por ello, y sin menospreciar en absoluto la movilización que se pueda producir, políticamente nos preocupa más el día 10 de noviembre que el día 9. Y por este motivo mi intervención se centrará más en el escenario post 9-N.

Pero no querría dejar de hacer algún comentario sobre el camino que nos ha llevado hasta aquí.

Hemos llegado hasta aquí porque los que tenían que dialogar y negociar no lo han hecho. Estamos aquí por un fracaso de la política. Estamos aquí porque tenemos dos gobiernos que solamente se hablan a través de los tribunales: el Gobierno de España que recurre al Tribunal Constitucional y el Gobierno de Cataluña que presenta una demanda contra el Gobierno de España ante el Tribunal Supremo. Este no es el camino para resolver un problema político. Y el problema que tenemos entre manos es un problema político que solamente puede encontrar solución a través del diálogo, la negociación y el pacto. Y los que tendrían que protagonizarlo han sido hasta ahora incapaces de hacerlo.

Estamos aquí porque el PP combatió a capa y espada el Estatuto votado por los catalanes. Estamos aquí porque el PP presentó un recurso ante el Tribunal Constitucional que acabó alterando un texto legal que había sido refrendado por la ciudadanía. Estamos aquí porque no se tuvieron reflejos para evitar o enmendar esta anomalía democrática. Estamos aquí porque la política desarrollada por el gobierno de España está caracterizada por un afán recentralizador y un escaso por no decir nulo respeto por la realidad plurilingüe y pluricultural de España.

Pero también estamos aquí porque el President Mas intentó quemar etapas avanzando las elecciones en 2012, porque el President Mas al constatar su retroceso electoral estableció con ERC un acuerdo para la transición nacional y para garantizar la estabilidad parlamentaria del Gobierno de Cataluña, que ha convertido esta legislatura en una cuenta atrás que tenía que acabar con una consulta que finalmente no se producirá. Pensar que en el marco de una mayoría absoluta del PP era posible hacer lo que CiU y ERC se habían propuesto era quimérico.

De hecho, aún recuerdo las burlas que se nos dirigían a los socialistas catalanes cuando hablábamos de la necesidad de una consulta legal y acordada. Se pretendía obviar la realidad e incluso negarla. Lamentablemente la realidad es terca y creo que de forma voluntaria o involuntaria se ha jugado con los sentimientos de las personas proponiendo objetivos que no estaban a nuestro alcance. Votaremos sí o sí se decía. Con ley o sin ella. Desde mi punto de vista, las cosas no se han hecho demasiado bien, ha primado la astucia y el engaño al rigor y la excelencia. Y eso no es bueno.

No quiero decir que la realidad tenga que limitar nuestras ambiciones, pero sí que creo que es obligación de los responsables políticos no desconocerla. No se pueden alimentar falsas expectativas que inevitablemente llevan a la frustración.

Advertí hace ya mucho tiempo que se estaba produciendo una bifurcación en el catalanismo entre los que quieren acumular fuerzas para romper con España y los que querríamos acumular fuerzas para negociar otra relación de Cataluña con el resto de España. Esto tiene que ver con las estrategias y las alianzas, muy diferentes si el objetivo es buscar un acuerdo o justificar una ruptura.

El catalanismo históricamente mayoritario era tan reivindicativo como pragmático, y buscaba resultados, quería influir y mandar en España, no quería desentenderse ni romper con ella. Quería que España trabajase en favor de los intereses de los catalanes. Y por ello quiero insistir en la idea de que es muy diferente el camino si se quiere acordar o si se quiere romper. Y no les sorprenderé si les digo que con nosotros se puede contar para buscar el acuerdo y no para buscar la ruptura.

Y este tema me lleva ya al día 10 de noviembre. Muchas personas se habrán manifestado el día 9. Y a la política le corresponderá proponer las prioridades para la siguiente etapa. Una etapa que en teoría deberían de ser los dos años que quedan de legislatura, pero que puede ser mucho más breve si se imponen las tesis de los que quieren precipitar las elecciones, de entre los que destacan los que han acompañado al President Mas desde el inicio de la legislatura y los que se añadieron con entusiasmo al acuerdo sobre la doble pregunta encadenada del 12 de diciembre del año pasado.

Parece que quieren unas elecciones rápidas para declarar la independencia, a través de una declaración unilateral. Sí o sí, vuelven a decir. Y nosotros volvemos a decir que se está fijando un objetivo engañoso. Muchos no estamos a favor de la independencia, pero es que una declaración unilateral de independencia sería inmediatamente impugnada y anulada, y ningún país relevante del mundo la reconocería. Sería un brindis al sol, una arriesgada gesticulación que añadiría inestabilidad sin ninguna ganancia tangible.

Insisto a pesar de arriesgarme a parecer pesado. El cambio de las relaciones entre Cataluña y el resto de España y la búsqueda de un instrumento para poder votar sobre el futuro político de Cataluña solamente encontrarán solución por el camino del diálogo, la negociación y el pacto. Y, por difícil que sea, ésta es la única vía. El PP tendrá que decidir si emprende la negociación ahora, cuando tiene mayoría absoluta, o si la negociación tendrá que esperar a las próximas elecciones generales, en las que el PP no solamente no tiene una mayoría absoluta asegurada sino que puede estar en la oposición si hacemos caso de las encuestas más recientes.

No sé si unas elecciones precipitadas en Cataluña nos darían o nos quitarían fuerzas de cara a esta negociación con las instituciones españolas, pero todas las encuestas anuncian un escenario político y parlamentario de mayor fragmentación, polarización e inestabilidad. ¿Estaremos mejor o peor para negociar?

Siempre hemos defendido que hay que agotar las legislaturas, especialmente en estos momentos porque ya venimos de una legislatura que se acabó a la mitad. Y desde hace tiempo defiendo las cuatro prioridades que creo que tendrían que marcar el rumbo de los dos próximos años de la política catalana:

  • Impulsar el relanzamiento de nuestra economía y promover la creación de puestos de trabajo.
  • Proteger el Estado del bienestar, priorizando la sanidad y la educación públicas, y fortalecer los mecanismos de protección social.
  • Regenerar la política y revitalizar la democracia, dañada por los casos de corrupción que se acumulan y la falta de eficacia en la resolución de los problemas que angustian a la ciudadanía.
  • Negociar un nuevo acuerdo con el resto de España que nos permita votar.

Esta es la alternativa sensata a la agitación y la desorientación que parecen haberse instalado en la política catalana.

La alternativa sensata es un nuevo acuerdo que nos permita votar. La alternativa sensata es un pacto federal.

Cito literalmente el documento aprobado por los socialistas en Granada: “Creemos que en el federalismo se encuentran las mejores soluciones para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España”.

Desde nuestro punto de vista, este nuevo pacto con el resto de España pasa por una reforma federal de la Constitución española, que tendría que servir para acordar, entre otras, las siguientes cuestiones:

  1. La definición de España como Estado federal.
  2. El reconocimiento de las singularidades propias de las nacionalidades históricas, teniendo en cuenta los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes (artículo 5 del Estatuto de Autonomía de Cataluña).
  3. La definición precisa de las competencias del Estado y de las pautas sobre su ejercicio, y la atribución del resto de competencias a las Comunidades Autónomas.
  4. La consideración de los temas lingüísticos, educativos y culturales como competencia estricta de las comunidades con lengua propia.
  5. La constitucionalización de los principios de solidaridad y ordinalidad que tienen que regular la financiación de las Comunidades Autónomas.
  6. La descentralización efectiva del Poder Judicial.
  7. La transformación del actual Senado en un Consejo Federal integrado por los Gobiernos autónomos.

La necesidad de someter a referéndum esta reforma constitucional permitiría que la ciudadanía manifestase su apoyo o su rechazo a este nuevo acuerdo.

Somos muy conscientes de que hay tres elementos fundamentales del denominado “malestar catalán” que hay que abordar por la vía del diálogo, la negociación y el pacto: el reconocimiento del carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España, la necesidad de que la Generalitat pueda ejercer sin obstáculos sus competencias, especialmente en materia de lengua, educación y cultura, y la exigencia de un nuevo pacto fiscal que, como dijo el Tribunal Constitucional, tiene que excluir “el resultado de la peor condición relativa de quien contribuye respecto de quien se beneficia” (Fundamento Jurídico 134 de la STC 31/2010 de 28 de junio). La reforma federal que proponemos les da respuesta, pero soy consciente de que habría otras fórmulas para abordarlos y estamos también dispuestos a estudiarlas. Como también puede haber otras fórmulas para conseguir una consulta legal y acordada.

La reciente experiencia del referéndum escocés proporciona buenas pistas para resolver el problema de fondo: acordar un mecanismos democráticos de consulta o ratificación en las urnas; una oferta ambiciosa de pacto inspirada en las técnicas federales; un despliegue de reconocimiento y afecto adaptado al carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España; y, para comenzar, lo que es más importante y hoy no tenemos, una disposición proactiva e inteligente al diálogo y la negociación necesarios.

Por ello no nos cansaremos de repetirlo, los y las socialistas de Cataluña seguiremos trabajando por un nuevo acuerdo entre Cataluña y el resto de España que pueda ser sometido al voto de los ciudadanos y las ciudadanas de nuestro país, porque no nos resignamos ni al mantenimiento de una situación insostenible, ni al conflicto, el callejón sin salida o la ruptura a la que nos condenan las posiciones radicalmente enfrentadas de unos y otros.

Estamos convencidos y convencidas de que hay una mayoría social dispuesta a avalar con su voto un nuevo acuerdo y nos comprometemos a hacerlo posible a través de nuestro esfuerzo, nuestras propuestas y la disposición a debatirlas y enriquecerlas con las aportaciones de los demás. Nos mantenemos así fieles a nuestro compromiso fundacional de garantizar la unidad civil de nuestro pueblo y de buscar permanentemente el entendimiento con el resto de pueblos de España.

Acabo. Parece que pronto el Gobierno de la Generalitat enviará al Parlament el proyecto de presupuestos para 2015. Según dijo el propio President Mas, lo hará sin haberlos negociado antes con nadie y sin tener el apoyo suficiente para garantizar su aprobación. No me parece que sea la mejor forma de hacerlo, pero tanto esta decisión como la decisión de convocar las elecciones de forma anticipada, es de su exclusiva responsabilidad.

Nosotros ya hemos dicho que estamos dispuestos a explorar acuerdos de estabilidad, pero tienen que ser acuerdos de fondo, no maniobras de distracción para ir tirando. No son acuerdos solamente para ayudar a un Gobierno de Cataluña en dificultades. También nos gustaría asociar estos acuerdos de estabilidad a una perspectiva de negociación con el Gobierno de España. Para negociar un nuevo acuerdo como el que antes describía o, como mínimo, para desbloquear una mayoría de los 23 puntos que el President Mas puso sobre la mesa del Presidente Rajoy el pasado 30 de julio. 23 cuestiones de las que hoy hemos sabido por boca del President Mas que solamente ha resuelto, y cito literalmente, “la mitad de una”. También convendría impulsar con urgencia un acuerdo sobre la renovación de la financiación autonómica, así como revisar la distribución de los esfuerzos entre los tres niveles de gobierno para reducir el déficit público. De todo esto se tendría que hablar con el Gobierno de España.

Esto es lo que creemos que toca. El PSC pretende construir una alternativa sensata, con elecciones o sin ellas, intentando servir con tanta ambición como modestia, a los intereses de los ciudadanos y las ciudadanas de Cataluña. Y a ello me pienso dedicar en cuerpo y alma.

Muchas gracias por su atención.

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