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Réplica en el debate sobre la crisis causada por la Covid-19

Réplica del presidente del grupo parlamentario Socialistes-Units per Avançar, Miquel Iceta, en el debate sobre la gestión de la crisis sanitaria de la COVID19, las medidas adoptadas para hacerle frente y las acciones previstas de protección social y reactivación económica

Parlament de Catalunya, 1 de julio de 2020

 

Muchas gracias, presidente.

Les anuncio que responderé solamente al presidente, pero no quiero que nadie piense que quiero desmerecer las otras intervenciones que se han hecho: hemos escuchado intervenciones de los grupos del Gobierno en precampaña; hemos escuchado también la ronda de los consellers, que yo no sé si se despedían o dejaban el pañuelo en la silla por si acaso. Pero creo que en el tipo de debate que hoy se nos convocaba conviene centrar la cuestión políticamente en lo que decía el presidente.

Usted replicándome dice: “No, no sé por qué dice que habido confrontación”. Hombre, déjeme que solo le ponga un pequeño ejemplo. Dice: “Con la independencia hubiera habido menos víctimas en Cataluña”. Hombre, Ahí es nada. Ha habido…, y usted dice, y tiene razón que el Gobierno de Cataluña, legítimamente, cuando considera que el Gobierno de España no hace las cosas que tiene que hacer, que las hace tarde y mal o que no las tendría que hacer, porque correspondía al Gobierno de la Generalitat, tiene todo el derecho a decirlo.

Ahora, usted citaba al señor Egea que decía que usted había tenido un buen comportamiento. Podría haber citado también al presidente de Cantabria, que también se permitió calificar sus intervenciones en la conferencia de presidentes. Hay muchas maneras. Antes, Carlos Carrizosa decía “también es un problema de tono”. No, aquí hay un problema que muchos tenemos la percepción de que el independentismo ha querido aprovechar también esta oportunidad para ganar el argumento. Y es una sensación, una opinión que tenemos, en la que lógicamente podemos estar equivocados.

Después, se me ha quejado de una cosa…, me dice: “Es que decidieron el estado de alarma de un día para otro”. Bien, como se tiene que hacer. Yo si alguna vez tengo que decretar el estado de alarma, también lo haría así. Ahora, ustedes en eso yo creo que tienen una pequeña contradicción, presidente, porque usted, que, efectivamente, fue de los primeros que pidió un confinamiento total, han votado siempre en contra –me refiero a su grupo- del instrumento jurídico que lo hace posible. Bien…, nunca han votado a favor. Bien, muy bien, el matiz de Batet, nunca han votado a favor del instrumento jurídico que permitía el confinamiento. Y, por tanto, escuchen, cuando uno gobierna tiene que tomar decisiones –usted antes decía democráticas-, bien, en el marco de las leyes. Y quien puede decretar el estado de alarma y después tiene que pedir permiso si lo quiere prorrogar es el Gobierno de España. Y es verdad que el confinamiento ha implicado la limitación radical de derechos tan importantes como el de la libre circulación o el de reunión y manifestación, y eso no se puede decidir sin un aval jurídico, sin un apoyo legal.

Y, por tanto, decisiones tomadas, aunque sea votando, sin apoyo legal, que este Parlament ha tomado alguna, no pueden ser calificadas de democráticas. Usted también lo decía: “No, es que aquí decidimos democráticamente saltarnos la Constitución y el Estatuto, que desde el punto de vista de la calidad democrática tiene poco.

Recursos. Su intervención se ha centrado mucho en recursos, y yo se lo quiero agradecer, porque este debate lo tendremos. Ahora, un pequeño consejo: antes de enviar la carta al Mede, hable con sus socios  de gobierno, porque yo he escuchado con mucha atención las intervenciones, sin duda la de la CUP, que Carles Riera ha sido contundente, pero también me ha parecido que el grupo de Esquerra Republicana eso de pedir en estos momentos un préstamos, pues no consideraba que fuese un mecanismo bueno para financiar la crisis que estamos atravesando.

También le diré, no es demasiado oportuno en el momento en que estamos. U hablo en plural mayestático, quiero decir, ya sé que…, estamos trabajando para que Europa nos de recursos incondicionados y que no se tengan que devolver. Por tanto, dejemos el capítulo de préstamos quizás para más adelante. Usted hablaba de recursos y déficit fiscal. Mire, sobre este tema la discusión es eterna, pero la última vez que desde mi punto de vista de la contabilidad global el Gobierno de Cataluña hizo los cálculos, en el año 2015, hizo primero unos cálculos y dijeron: “Si Cataluña recibiese todo lo que tiene que recibir, tendríamos un superávit de 2.405 millones de euros”. Al año siguiente los revisaron, supongo, con los datos definitivos y dijeron: “Bien, este superávit se ha visto reducido a 428 millones de euros”. Eso nos decía el Departamento de Economía de la Generalitat en el año 2015, que fue un año, desde el punto de vista económico, muy potente. El conseller se llamaba Mas-Colell y el secretario general me parece que era Albert Carreras. Por tanto, lo digo porque muchas veces situamos unos objetivos, que no digo que no sean deseables, pero que se ajustan poco a la realidad. Y a mí me da miedo que entre todos no generemos unas falsas expectativas que después solamente pueda derivar en frustración, una vez más. De hecho, el conseller Mas-Colell decía: “Al final –con los datos del aquel año- estamos haciendo aquello de pagar por renta y recibir por población”, que era uno de los criterios que informaban las negociaciones de la financiación autonómica.

Recursos aportados por el Estado. Si no recuerdo mal, primera decisión: fondo extraordinario para Salud de 300 millones para las comunidades autónomas; 51,3 millones de euros fueron para Cataluña. Después un fondo para Servicios Sociales de 300 millones de euros, de los que Cataluña recibía 45 y medio. Después una aportación de 3 millones de euros para becas comedor y 12,8 millones de euros para el Pacto de Estado contra la violencia machista. Pleno del Parlament. Por cierto, el conseller de Educación antes hablaba del funcionamiento de las tarjetas para el pago de las becas comedor. La Generalitat del sur, la Generalitat Valenciana decisión hacerlo por transferencia bancaria y resultó bastante más rápido y también muy eficaz.

El Gobierno, además, decidió que actualizaba la financiación, teniendo en cuenta el PIB anterior a la crisis. Es muy importante, es el primero, es el PIB el que conocemos, y obviamente será un PIB mayor que el que tendremos este año. Y por tanto, este aumento en Cataluña con respecto a cifras de 2019 era del 8 por ciento. 1.632 millones más llegado a un total de 21.816 millones de euros. Después decidieron que las desviaciones de déficits eran también compensadas. Cataluña recibirá 819 millones de euros por este motivo.

Por cierto, un déficit –antes lo decía el vicepresidente- que fue del 0,6 por ciento, y ahora estamos pidiendo el 1 por ciento; o sea, estamos pidiendo cuatro décimas más. Porque, si no me aclaro, me lo dicen y yo encantado. Pero, quiero decir que tampoco parece que se escape tanto de lo que está pasando. Lógicamente, el interés y la ambición del Gobierno de Cataluña sería más alto, pero no se desborda o en fin, ufanosamente más alto. Supimos que se hacía este fondo no reembolsable de 16.000 millones de euros. Hoy el vicepresidente nos ha dicho: “De estos calculamos que 3.200 serán para Cataluña”. Usted pedía 5.000. Este era el fondo por el crecimiento del gasto. Muy bien. No son 5.000, parece que serán 3.200.

Ahora, yo lo que le quería pedir, llegados a este punto, es mucha transparencia. A nosotros nos gustaría saber en qué se ha gastado de más, qué ha hecho falta de más para hacer frente a la Covid-19. Y eso lo tendríamos que poder saber en la cámara y el conjunto de la sociedad, porque una cosa es lo que pedimos, lo que exigimos, pero nos gustaría saber qué hemos gastado de más y en qué.

Usted dice: «Ahora necesito, a parte de estos 5.000 –que son 3.200– …» Ha dicho: «30.000 más.», que se entiende que deberían venir de estos 140.000 millones de euros que vienen de Europa. Yo, presidente, primero, esperemos que los aprueben y que realmente vengan. No es que yo quiera ponerlos en duda, pero hay que tener en cuenta el dicho muy catalán y muy propio del Departamento de Agricultura «no se puede decir que tienes trigo hasta que no está en el saco, bien atado y bien guardado». Y, por tanto, no empecemos a repartir algo que aún no tenemos. Y, después, intentemos con los temas que tienen que ver con la financiación, no entrar en una especie de subasta.

Cuando escuchaba algunas intervenciones, pensaba: «Bien, como ya estamos en período electoral, si tú pides esto, pues yo, además, ‘dos huevos duros’. Vayamos con cuidado, porque después a la gente se le han de explicar las coses tal como son. Y yo creo que todo el mundo es capaz de reconocer que no accederemos a todos los recursos que querríamos y que seguramente necesitamos. Insisto, estamos hablando siempre de dinero que viene del Estado o de Europa. O de Europa a través del Estado.

I nosotros queremos saber también qué repriorización se hace con los recursos propios de la Generalitat. Estos 46.000 millones de euros que había en el presupuesto, a los que debemos restar lógicamente el servicio de la deuda, ahora no querría yo apretar más de la cuenta, pero siguen siendo muchos millones d’euros, y deberíamos saber cuál es el esfuerzo de repriorización que el Govern hace en función de la necesidad de fortalecer las dotaciones de sanidad, de educación, de servicios sociales, de universidades, de innovación… Las que el Govern decida o sus expertos le hayan propuesto.

Y, presidente, acabo con un conjunto de propuestas, porque realmente quizá hemos dedicado mucho tiempo –y los debates están planteados así– a estos discursos más de orden general, pero realmente lo que quedará y lo que podrá eventualmente ser útil son las propuestas que hacemos si son aprobadas y si después se ponen en práctica.

Se lo he dicho ya esta mañana, nosotros presentamos quince propuestas de resolución, como todo el mundo, pero en una hemos intentado hacer una especie de resumen, para que se entienda bien qué queremos.

Uno. De acuerdo totalmente con usted: nuevo pacto per la salud. Si se quiere, a partir del documento hecho por los colegios de médicos y las sociedades científicas…, adelante. Básicamente, qué nos dicen? Fortalecer las estructuras de salud pública, dar un nuevo impulso a la atención primaria, garantizar el pleno reconocimiento de los derechos laborales de los profesionales, y más recursos para equipamientos e infraestructuras. Seguro que hay muchas más cosas, las correspondientes a investigación, etcétera. Por tanto, pongámonos a ello.

Dos. Los servicios de atención domiciliaria. Yo antes lo decía y no sé si se me ha interpretado o se me ha entendido suficientemente bien, pero la sanidad universal no se ara en las puertas de las residencias ni en las puertas de casa. Y, por tanto, ciertamente, y la consellera lo explicaba, se ha hecho un esfuerzo muy importante que ha llevado a mucha gente a ser atendida en casa, pero creemos que aún podemos mejorar el servicio de atención domiciliaria.

Tres. La atención y la asistencia médica en las residencias depende en gran parte de una privatización a partir de mútuas. Nosotros querríamos revisar este modelo. Discutirlo entre todos, porque creemos que externalizar la asistencia sanitaria de les residencias no es el mejor sistema de provisión de este servicio.

Cuatro. Nos gustaría concretar la cantidad de recursos adicionales para el Departamento de Educación y para el de Universidades en la perspectiva del nuevo curso.

Cinco. Querríamos crear una línea de ayudas de 50 millones de euros para autónomos y pequeñas empresas del sector industrial.

Seis. Una segunda línea de ayudas sería proseguir con el esfuerzo de 30 millones de euros para autónomos y pequeñas y medianas empresas para su transformación tecnológica y digital y programas de innovación.

Siete. Creemos que se debería crear un fondo catalán para los ayuntamientos, con independencia de que –coincido con usted– que hay que conseguir que los remanentes y los superávits municipales puedan ser aplicados por los ayuntamientos a las funciones obvias de lucha contra la Covid y sus efectos, y debo decirle que en el Senado se acaba de firmar, por parte de muchos grupos, una propuesta en este sentido, pero también desde ls recursos de la Generalitat ha de haber una muestra evidente de que se apuesta por la proximidad y por el mundo local.

Ocho. El Plan auto de Catalunya. La consellera nos hablaba de cifras; nuestros expertos nos hablan de 125 millones de euros, pero aquí, como siempre, las cifras se pueden ajustar. Lo que sí que queremos nosotros es reactivar la industria automovilística en Catalunya. Lo digo porque hay quien no quiere reactivar la industria automovilística en Catalunya, pero, en cambio, sí que quiere salvar Nissan. Nosotros lo que queremos es reactivar la industria automovilística en Catalunya, porque el problema no es asumir responsabilidades, sino asumir las contradicciones cuando se gobierna.

Nueve. Después, ciertamente, uno de los sectores que más nos preocupa es el sector comercial. Creemos que deberíamos hacer un plan de reconstrucción, porque les hemos de ayudar. Hemos de ayudar, sobre todo, al pequeño comercio con plataformas de venta para adaptarse a los nuevos hábitos de consumo, el tema de los horarios, y, por tanto, hemos de intentar movilizar recursos con este objetivo.

Diez. Queremos mucha transparencia con este gasto extraordinario que se está produciendo y el que pueda producirse. Y nos gustaría que estuviese accesible en la página web de la Generalitat.

Once. Presentar mensualmente un informe de cómo va evolucionando la pandemia y cómo va evolucionando, sobre todo, el despliegue de las medidas de reactivación económica y de reconstrucción social.

Y, por último, ver cómo podemos fomentar los mecanismos de cooperación y corresponsabilización con el Gobierno de España, porque es verdad que muchas de las cosas que decimos y queremos hacer se están diciendo y se quieren hacer también desde el Gobierno de España y habría que garantizar que atamos bien los cabos, que todos los fondos lleguen donde deben llegar, y que no se produzcan problemas a veces de solapamiento, de duplicidad o de falta de ambición. President, este es el resumen de nuestras propuestas.

Le animamos a algo que sólo depende de usted: lidere de verdad la posibilidad de este pacto por la salud y del pacto por la reactivación. Esto no cuesta dinero, pero puede dar muchos rendimientos. Gracias.

Intervención en el debate sobre la crisis causada por la Covid-19

Intervención del presidente del grupo parlamentario Socialistes-Units per Avançar, Miquel Iceta, en el debate sobre la gestión de la crisis sanitaria de la COVID-19, las medidas adoptadas para hacerle frente y las acciones previstas de protección social y reactivación económica

Parlament de Catalunya, 1 de julio de 2020

 

Muchas gracias, señor presidente. Señoras y señores diputados.

Comienzo la intervención, creo que es obligado, recordando a las víctimas de la Covid-19, a sus familias, a sus amigos, y reconociendo los esfuerzos de los profesionales que han luchado en primera línea contra esta pandemia. Lo hemos dicho repetidamente, durante estas largas semanas, pero hay que insistir: han sido doctoras y doctores, enfermeras y enfermeros, personal sanitario de todo tipo, de emergencias, de los servicios sociales, farmacéuticas y farmacéuticos, Mossos, las Fuerzas de Seguridad del Estado, las policías locales, la Unidad Militar de Emergencias, pero también los profesionales de los medios de comunicación, los trabajadores y trabajadoras de servicios básicos de la cadena alimentaria, de los servicios de limpieza, de los transportes, todos aquellos que han hecho posible la continuidad de nuestras actividades, en estas difíciles circunstancias impuestas por la pandemia. Y, por tanto, nuestro agradecimiento, nuestro reconocimiento. Muchas gracias a ellos y a ellas.

La crisis que hemos vivido y seguimos viviendo tiene unas cifras dramáticas. Hoy mismo el Departamento de Salud fija en 12.576 personas las que han perdido la vida en Cataluña a causa de la Covid-19. Y, por tanto, una crisis de esta naturaleza no tenemos que convertirla en un campo abonado para la lucha partidista. Y esto implicaba a veces hacer un esfuerzo de contención. Y quiero hacerlo por responsabilidad y por convicción.

Ha sido una crisis sanitaria sin precedentes, en nuestro país y en todo el mundo, y es una crisis que, como muy bien ha dicho la consellera de Salud, no ha acabado. Más de 10 millones de casos confirmados en todo el planeta, y medio millón de muertos, según las cifras oficiales, demuestren la magnitud de esta enfermedad. Los gobiernos, a todos los niveles, han desplegado y siguen adoptando medidas sanitarias, sociales y económicas sin precedentes, para frenar al máximo los efectos de la pandemia y con el objetivo prioritario de proteger la salud y el bienestar de las personas.

Un esfuerzo colectivo que también ha ido acompañado de la responsabilidad personal de cada ciudadano y cada ciudadana, y que ha requerido y requiere la solidaridad y el trabajo coordinado y cooperativo del conjunto de la sociedad de todas las instituciones y de todos los agentes públicos y privados.

Desde el primer momento, la prioridad ha sido por parte de todos salvar vidas y frenar la expansión de la enfermedad, y después intentar que la economía y el bienestar de las personas no queden dañados por los efectos de la crisis.

Todos los gobiernos se han visto sorprendidos y desbordados por la magnitud de esta pandemia, todos, y todos los gobiernos han intentado hacerlo lo mejor posible. Todos o casi todos, porque es verdad que viendo lo que está pasando en Brasil o en los Estados Unidos alguien tiene dudas de que todos los gobiernos realmente se hayan puesto en serio.

Pero nosotros desde el primer momento lo dijimos: había que sumar esfuerzos, había que trabajar juntos, hacía falta una cooperación entre todos los niveles de gobierno. Y es cierto, la lealtad no excluye manifestar críticas y discrepancias, pero sí que excluye la utilización de críticas y discrepancias para levantar muros. Lo que hace falta es construir puentes para contribuir a ajustar decisiones, para aprovechar oportunidades y para compartir esfuerzos.

Una lealtad que, presidente, hemos encontrado a faltar en su Gobierno, ya no solo respecto del Gobierno de España, sino también de los entes locales, que en numerosas ocasiones durante esta crisis se han encontrado solos y sin instrucciones claras en la lucha contra la pandemia.

Y, desde nuestro punto de vista, ha faltado también un esfuerzo de diálogo con el reto de fuerzas políticas. Ni siquiera hemos comenzado a intentar acordar las medidas de reactivación económica y reconstrucción social, y vamos tarde, presidente.

Hacía falta desde el principio que cada uno asumiera sus responsabilidades y tuviese una voluntad sincera de acordar y cooperar. La verdad es que desconfío mucho de aquellos gobiernos que acaban hablando más de lo que no depende  de ellos que del uso que hacen de sus propias competencias. “Consejos vendo que para mí no tengo”, dice el refrán castellano. Y lamento decir que, durante esta crisis, a veces hemos pensado que la actuación del Gobierno estaba más guiada por la confrontación política que por la mejora de su competencia y la eficacia de su gestión.

Resumiendo, a menudo ha parecido que su Gobierno quería aprovechar esta crisis para hacer avanzar una agenda política propia de un proyecto independentista. Ustedes no tienen rival a la hora de centrifugar responsabilidades, de elaborar memoriales de agravios y de crear excusas. Y nosotros creemos que esta no es una forma de gobernar. El resumen de su intervención es “lo que hemos hecho lo hemos hecho bien, a pesar de los obstáculos que nos ha puesto el Estado; y lo que no hemos hecho es porque España lo tenía que hacer, y mira que les habíamos dicho y no lo ha hecho”. Este es el resumen.

Si eso fuera así, no habría ningún margen de maniobra y ningún margen de mejora y nosotros creemos que lo hay y, por tanto, creo que hay que evitar derivar toda responsabilidad en los demás, como ha hecho a menudo su Gobierno porque, si no, no hay ningún estímulo para mejorar, no hay responsabilidad sobre lo que se hace o lo que no se hace.

Y nosotros, propuestas en esta dirección, tenemos muchas, y están contenidas en nuestras propuestas de resolución. La pandemia nos ha hecho más vulnerables, sin duda. Y celebro que tome como guía a este eminente socialdemócrata que es Frank-Walter Steinmeier, que sigue la dinastía, de Willy Brandt y Helmut Schmidt, de estadistas, que quizás es verdad que echamos de menos en momentos como los que vivimos.

Pero, Cataluña no podrá salir sola de esta crisis, tampoco España. Y, por tanto, nosotros seguimos pensando que una cooperación de tipo federal es el instrumento más potente y eficaz para resolver los problemas.

Es verdad que ustedes reprochan al Gobierno de España que haya ejercido un liderazgo. Mire, nosotros, en cambio, hacemos al revés: lo criticamos a usted por no haberlo ejercido. Lo han hecho en colaboración con todas las comunidades autónomas; con un modelo, es verdad, inacabado, a veces improvisado, de gobernabilidad compartida, pero es que es lo que tocaba. Usted ha calificado como reuniones poco útiles, de poco contenido, las quince reuniones con el presidente del Gobierno de España y el resto de presidentes de comunidades autónomas.

Pues, escúchenme, para nosotros, eran motivo de esperanza, que nos hablasen, que se pudieran contrastar posiciones. Usted mismo en alguna ocasión ha dicho que se le dado la razón, siempre tarde y mal, naturalmente, pero, en fin, ha aceptado que esto ha servido de algo. Me consta, y como no está la consellera no insistiré demasiado al respecto, por si me quisiera contradecir, pero la colaboración entre el Ministerio de Sanidad y el Departamento de Salud ha sido permanente y buena. Y esto no excluye que no hayan estado siempre de acuerdo y que haya habido puntos de vista diferentes, e incluso, algún punto de conflicto y de contradicción, pero es que con una lógica de un Estado compuesto como el nuestro eso se hace inevitable.

He mirado la cifra de reuniones: 34 reuniones de coordinación con consejeros y consejeras de Salud a través del Consejo Interterritorial, 68 encuentros bilaterales; 10 reuniones con los directores de Salud Pública. Creo que desde el Estado se ha hecho un esfuerzo de trabajo conjunto.

Usted, presidente, dice: “Nos quitaron las competencias”. Yo, en eso, discrepo, cordialmente, amigablemente. Ustedes siempre han sido competentes sobre el Hospital del Mar, o sobre el Hospital Clínic, o sobre el Hospital de la Vall d’Hebron. En ningún momento han perdido sus competencias concretas sobre la salud. Y ahora, todavía más, ciertamente, en el proceso de desescalada, hasta el regreso a la normalidad, que ya veremos cuándo la podemos dar por llegada, incluso, usted lo ha dicho también, ha tenido unas capacidades de donar instrucciones al sector privado que antes no tenía. Por cierto, 43.000 euros por cada paciente ingresado en la UCI de un hospital privado, yo no sé si es una cifra demasiado elevada.

Y ¿qué decisiones finalmente se ha reservado el Gobierno de España? Aquellas de carácter general que afectaban a los derechos y libertades fundamentales, a lo largo de la vigencia del estado de alarma y, por tanto, ni siquiera ahora.

Sobre el material. Del material se han dicho muchas cosas, pero tengo algo que decirle, y también se lo digo amigablemente: presidente, he encontrado las cifras, una a una, de lo que el Estado ha aportado a Cataluña con el material, e incluso que usted no haga el libro que nos ha anunciado sobre la epopeya o la odisea de la compra de material por parte de la Generalitat, no he sido capaz de encontrarlo referidas a nuestro país.

Sé que llegaron 14.650.000 mascarillas –incluyo aquí aquellas de número cabalístico-, 6.584.682 guantes de nitrilo, 59.421 gafas de protección, 63.479 batas, 114.886 soluciones hidroalcohólicas 906.400 tests rápidos, 342.529 kits para efectuar las PCR, 234.000 kits de extracción y 181.153 equipos de ventilación mecánicas invasiva.

Toda esta información es pública, está en la web del ministerio, y al menos hasta que no salga el libro anunciado, no podemos dar cifras con esta precisión referidas a lo que se ha hecho desde el Gobierno de Cataluña.

Después hablamos de transparencia y rendimiento de cuentas. El ministro de Sanidad ha comparecido trece veces en la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados. Solo he dicho que él ha comparecido trece veces; comparen ustedes con el nivel de rendimiento de cuentas en sede parlamentaria de su Gobierno. Y, hay cuatro ámbitos en los que tenemos preocupaciones sobre qué ha pasado y, sobre todo, sobre qué podemos hacer mejor. Salud: mire ha funcionado muy bien, pero, como siempre, tenemos que decir “dadas las circunstancias”, que han desbordado a todo el mundo. Conclusión básica: usted se refería, y comparto su criterio, y además me consta que usted le ha dado una muy buena acogida, a este manifiesto, a este documento elaborado por los colegios profesionales y las sociedades científicas, y usted incluso dijo un día “hacemos a partir de aquí el consenso necesario”. No es que le tomemos la palabra, es que estamos totalmente de acuerdo, presidente.

Y, es verdad, durante unos cuantos años hubo unos recortes que han afectado y quizás hemos visto ahora la gravedad de sus efectos, con esta crisis. ¿Qué necesitamos? Hombre, garantizar cohesión social y territorial, garantizar el carácter público del sistema, su sostenibilidad, la equidad, la calidad, la innovación tecnológica, el rendimiento de cuentas y la transparencia en un entorno en que está envejeciendo la población, está aumentando la cronicidad, se incrementan los costes sanitarios y hay un panorama económico difícil. Por tanto, diríamos, anunciar los objetivos es sencillo, encontrar las soluciones en este marco quizás no lo será tanto.

El Gobierno español decidió hacer un fondo para inversión sanitaria de 9.000 millones de euros. Supongo que en Cataluña le deben corresponder unos 2.000. Y usted dice: “Es insuficiente”. Hombre, también le tengo que decir: le escuchamos, a principios de la pandemia, una reclamación de 5.000 millones de euros, y hoy he escuchado 30.000. Y, seguramente, mañana pensará que quizás se ha quedado corto, y quizás no le falta razón. Lo que pasa es que todos los ciudadanos saben que no tendremos nunca todos los recursos que querríamos para hacer todo lo que necesitamos. Y gobernar es precisamente encontrar este equilibrio entre los recursos disponibles, las prioridades que hay que atender y las posibilidades reales de hacerlo.

Pero, por tanto, número 1: pacto por la salud. Sin duda, manos a la obra.

Segundo: El sistema educativo. También hemos tenido déficits en eso. Por ejemplo, hubo un momento en que todos coincidimos en que la enseñanza a distancia podía de alguna manera paliar el cierre de las escuelas, pero después nos hemos encontrado con una brecha digital muy importante, donde muchas familias no cuentan ni con los recursos, ni con los instrumentos concretos que permiten hacerlo. Ha habido momentos de mucha incertidumbre. Eso no lo digo como crítica, porque ha pasado en todos los gobiernos: los planteamientos iniciales que se hacían para retomar el  curso escolar tienen muy poco que ver con los que ahora mismo el departamento se está planteando. Incluso, en un solo día, usted y el conseller de Educación dieron cifras diferentes de inversión para intentar sacar el curso adelante. No ponemos en cuestión este tema, es obvio, estamos todos intentando hacer las cosas lo mejor posible y dedicando la máxima cantidad de recursos públicos.

Ahora, nos jugamos todos mucho, y digo todos, digo el país, con el inicio del próximo curso escolar. Y, por tanto, también aquí todo nuestro apoyo, toda nuestra capacidad para intentar ajustar mejor las decisiones, hacerlas más consensuadas, y hacerlas no solo con la comunidad educativa, sino también con el mundo local, porque también es verdad que muchas de ellas tendrán una incidencia local.

Tercero. Usted ha criticado mucho al Gobierno de España, con respuestas, decía, tardías o poco claras. Mire, a todos los gobiernos les ha pasado, y aquí hemos tenido un caso muy relevante que es el caso de las residencias, las residencias, pero no solo en Cataluña y en España, en el conjunto del planeta, allí donde tienen residencias, han sido los lugares donde la pandemia ha hecho más daño. Hubo momentos de verdadera angustia por no poder acompañar a los enfermos y por un sentimiento de desprotección total. Le tengo que decir, personalmente a veces he pensado en casa si mi madre estaría mejor en una residencia, y de golpe el pensamiento que me venía es: “Suerte que no lo hicimos”. Yo le tengo que decir que quiero agradecer y reconocer el esfuerzo que ha hecho su Gobierno y el cambio de responsabilidad porque, es verdad, no era fácil, pero se ha hecho y se ha decidido que sea el Departamento de Salud el que tutele esta cuestión. Pero creo que eso es el que pone el dedo en la llaga del problema que tenemos.

Miren, la asistencia sanitaria pública y universal no se puede parar en la puerta de una residencia. Y aquí hay un problema que tenemos que saber: se decidió en un momento determinado privatizar la atención sanitaria dentro de las residencias. Hay que acabar con eso; seguramente no lo podemos hacer de un día para otro, pero realmente le tenemos que decir a la gente que el nivel de atención sanitaria que tendrá será el mismo se esté en casa, se esté en un hospital, o se esté en una residencia. Y eso, desgraciadamente no ha sido así, y no por culpa o no por responsabilidad –que la palabra “culpa” tampoco me gusta- de los titulares de las residencias – que en muchos casos titulares de residencias privadas o concertadas-, sino porque realmente no se han atado cabos.

Y, por eso, creo que la decisión de trasladar al Departamento de Salud esta responsabilidad en medio de una pandemia fue una medida acertada; supongo que difícil y compleja en muchos sentidos, pero también se lo quería reconocer. Decirle también que este pacto que tendremos que hacer…, muchas veces en Cataluña utilizamos la expresión “modelo”, ¿verdad? “Cambiaremos de modelo”. Yo le tengo que decir que a veces soy un poco escéptico porque decimos “cambiemos de modelo” como si todo pudiera cambiarse de un día para el otro o como si hubiese modelos, por decirlo así, buenísimos y modelos malísimos. Los procesos en general son evolutivos. Pero, ciertamente, el impacto gravísimo que esta pandemia ha tenido sobre las  residencias implica una reflexión muy a fondo, que se tiene que hacer en el sector, porque, probablemente, si quisiéramos –que es un modelo legítimo- hacer que este sector fuese completamente público de hoy para el año que viene, pues, sería imposible. Y, por tanto, creo que a pesar de que ahora estamos todos preocupados y a veces todos tendemos a buscar soluciones mágicas e inmediatas a problemas muy graves, pues, no caigamos en este error, pero no dejemos de reflexionar bien a fondo y de tomar medidas, porque, efectivamente, tal y como estaba planteado, este modelo no serviría para una situación como esta. Desgraciadamente, es una situación que se puede volver a reproducir y, por tanto, que tenemos que tener prevista.

He dicho, la consellera, otra cosa que quería darle toda la razón, y ha dicho, primero, “la crisis no ha acabado”. Y la segunda es la feminización de esta crisis, la carga brutal sobre las mujeres de nuestro país, y, en general, de todos los países por problemas de tipo laboral, por problemas de atención familiar, los cuidados recaen fundamentalmente sobre las mujeres. Y creo que haríamos bien en no olvidarlo, porque a veces lo decimos en un discurso, la gente dice: “Ah, mira, quizás tienes razón”, pero después no tomamos las medidas que permitan reconducir un poco esta situación. Tengo algunos datos: en enfermería, las mujeres son el 85 por ciento; en farmacia, un 72 por ciento; en las residencias y en los centros de dependientes, un 84 por ciento; en servicios de limpieza, un 90 por ciento. Y, por tanto, han sido cruciales y han sido objetivos o han recibido el mayor impacto de esta crisis. Y, por tanto, tenemos que hacer que el empleo femenino se recupere a la misma velocidad que el empleo masculino, para que no persista una vergonzosa brecha salarial entre hombres y mujeres, para que crisis como esta no impliquen un paso atrás en un camino hacia la igualdad que hemos emprendido hace mucho tiempo, en el que hemos avanzado, aunque todavía queda mucho por hacer.

Cuarto elemento de preocupación o cuarto sector que a nosotros nos preocupa mucho: los de protección social. Usted lo decía, y creo que esto hace unanimidad, es necesario poner a las personas en el  centro de las políticas públicas. Pues, efectivamente, de todos nosotros depende que haya menos familias en situación de vulnerabilidad, menos familias en situación de pobreza. Y los informes –antes Lorena Roldán hacía referencia al informe de Intermón Oxfam- nos dicen que esta crisis ha implicado un incremento de desigualdades, un incremento de la pobreza y un impacto muy grande en fenómenos de exclusión social. Nos decía, este informe, que 93.000 catalanes y catalanas podrían caer por debajo del umbral de la pobreza en los próximos meses. Es un crecimiento del 9 por cierto y superaría el millón de personas. Y, es verdad que no es una situación exclusiva de Cataluña, ha pasado en el conjunto de España y en los países entre los que habitualmente nos comparamos.

El gobierno español ha puesto algunas medidas sobre la mesa: un tema incluso de becas comedor, ha incrementado la aportación al Plan concertado de servicios sociales, para el cuidado en el domicilio o teleasistencia, ha garantizado el suministro de agua y energía en los hogares sin recursos, se ha decretado una moratoria de las deudas hipotecarias y una prórroga del bono social y, especialmente, se ha puesto en marcha el ingreso mínimo vital, que en nuestro país beneficiaría a cien mil familias.

Probablemente, el ingreso mínimo vital es una de las medidas sociales más importantes de los últimos tiempos y se tiene que poder compatibilizar, como así lo prevén las leyes, con la renta garantizada de ciudadanía. Y, por tanto, necesitamos establecer los mecanismos que lo hagan realmente posible.

Tengamos en cuenta que el Gobierno catalán tardó unos tres años en establecer el reglamento de la renta garantizada de ciudadanía y, por tanto, tendríamos que dar mayor celeridad a los procesos –diríamos- de interconexión de ambas ayudas si queremos realmente hacer el trabajo. Y, presidente, antes de la crisis, Cataluña se situaba en la cola de España en gasto sanitario, educativo y de los servicios sociales y a pesar de algunos esfuerzos, que también queremos reconocer, todavía no hemos recuperado los niveles de gasto en servicios públicos que había en momentos en que el Gobierno de la Generalitat lo presidía José Montilla. Y con esta crisis –lo decía antes- hemos visto que los efectos de los recortes han sido graves.

Le tengo que decir, le pregunté en una sesión de control y aprovecho hoy para mencionar la cuestión, todavía no sabemos qué gasto adicional añadido ha hecho su Gobierno a causa de la pandemia. Y hoy usted nos ha hecho un anuncio que también queremos valorar, que a finales de mes conoceremos tanto el plan de reconstrucción, reactivación, reanudación, -el Plan de reanudación me parece que gusta más- como las modificaciones presupuestarias sobre las que se sustenta. Animarles a que realmente sea así. El grupo de Ciutadans veo que piensa proponer que sea la Comisión de reconstrucción la que pueda hacer un seguimiento, nos parece un mecanismo correcto, que a nadie, en fin, tiene que preocupar, porque realmente detrás de este esfuerzo, tenemos que estar todos, cada uno desde sus acentos y su proyecto, pero tenemos que estar absolutamente todos.

Es verdad que ha demandado más recursos del Estado e incluso el acceso directo al MEDE. Pues, son cuestiones sobre las que se puede hablar. Tenemos que recordar que existe la decisión de crear este fondo autonómico de 16.000 millones de euros y que seguro que se puede decir que es insuficiente, como alguien podría decir, que 30.000 millones son también insuficientes.

Pero creo, presidente, que conviene también hacer un esfuerzo para situar qué esfuerzos con recursos propios de la Generalitat estamos dispuestos a hacer para mejorar la priorización de los servicios sociales, de los servicios a las personas, de los servicios del bienestar, de la salud, de la educación y de los servicios sociales.

Y aquí, es verdad que nos lo dirán a finales de mes, pero realmente nos da la sensación que hay un gran interés en la reclamación y poco en la autoexigencia y creo que la reclamación siempre será más fuerte, más justificada, más potente, si hay previamente este esfuerzo de autoexigencia, y necesitamos ponernos de acuerdo sobre esto.

Finalmente, reactivación de la economía. Mire, hay muchas cosas a hacer y todas las que hacemos a veces parecen pocas, pero hay una cuestión que no tiene valor –por decirlo así- económico, pero si tiene un valor, creo que importante, un intangible, que es el consenso sobre la cuestión.

Todos los gobiernos, primero porque hay prisa por actuar y después porque a veces es más cómodo, prefieren  tomar medidas y explicarlas después. Pero cuando estamos hablando de un esfuerzo que exigirá la movilización de unos recursos que de entrada todavía no tenemos, convendría que este esfuerzo de consenso se hiciera. Una buena parte de las medidas económicas tienen que estar dirigidas lógicamente a empresas y puestos de trabajo existentes, pero tendremos que pensar también en los puestos de trabajo y las empresas a crear.

Y aquí le tengo que decir que  nuestro grupo está especialmente preocupado por temas como la escasa dotación de las universidades catalanas, que hace diez años que no ven aumentados sus recursos y que, además, las sucesivas propuestas de ir rebajando los ingresos por matrícula no son compensadas por ingresos adicionales. Por tanto, aquí tenemos un problema muy serio.

Hay algún sector de nuestro país que en estos momentos vemos especialmente con problemas, el del comercio y el turismo, también lógicamente, porque se han visto afectados especialmente. El Gobierno de España, desde su punto de vista, ha tomado una decisión que a mí me parece correcta, que es la de generalizar los ERTE y además darles una continuidad también en el mes de septiembre. Bien, 30.000 millones de euros en teoría han tenido el impacto de los ERTE y de las ayudas a los autónomos en Cataluña. Seguro que son pocos, pero no está nada mal. Es necesario que revisemos el Plan Estratégico de turismo. Hay que hacer un especial esfuerzo en el sector cultural porque realmente se están tomando algunas medidas por parte del Gobierno, pero convendrá conmigo que no son suficientes y no han llegado al conjunto de los sectores que alimentan nuestra cultura. Es verdad que querríamos muchos que la cultura llegase al 2 por ciento del total del presupuesto y quizás convendría forjar un consenso político y parlamentario para acercarnos.

Usted pide otros o más recursos. No está solo en esto, presidente, ni dentro de Cataluña ni en las otras comunidades autónomas. Nosotros hemos visto, por ejemplo, un nivel de exigencia –no diré si más o menos- pero sí un nivel de exigencia importante en el Gobierno de la Generalitat Valenciana también sobre esta cuestión. Pero nos da la sensación, y aquí nos gustaría tener las cifras que aún no tenemos para poder afirmarlo con rotundidad, que la Generalitat Valenciana, mientras estos recursos llegan, ha hecho un esfuerzo de movilización de recursos propios más importante que la que ha hecho su Gobierno y nos gustaría saber si es verdad o no y eso solo lo podremos saber cuando las cifras, que solo ustedes tienen, nos sean proporcionadas.

Nosotros lo que queremos es ayudar y, por tanto, desde este punto de vista una reclamación de más recursos no nos parece ajena. Lo que sí que nos parecería erróneo es situar unas expectativas imposibles que justificasen un proceso de reivindicación y frustración permanentes. Y de esto, presidente, tendríamos que hablar; por ejemplo, usted en algún momento había pedido que el nivel de déficit pudiera subir al 2, hoy lo ha dejado en el 1. ¿Por qué? Tampoco es una crítica. Es obvio. Son magnitudes razonables y discusiones que se pueden tener. A nosotros nos gustaría que lo que quiera hacer o que nos han dicho hoy que harán a finales de mes se pudiese hacer cuanto antes mejor.

Las modificaciones del presupuesto de este año, ya saben que nosotros creíamos en el momento que se aprobó que no diera respuesta a los problemas de entonces, pero ahora es evidente que, con un problema de esta magnitud añadida, es obvio que se tendrán que hacer modificaciones. Y es verdad que el vicepresidente me podría decir con toda la razón hasta que no sepamos exactamente qué tocamos de los fondos extraordinarios que el Estado ha dicho que pondrá en marcha, se hace muy difícil tener –como diríamos- la concreción material de todo esto. Ciertamente.

Pero, presidente, no sé, porque eso solo está quizás en su cabeza o quizás aún no tiene la decisión tomada, pero es verdad que podemos estar en un cierto tiempo de descuento, y, por tanto, cada vez que dejamos algunas cosas para final de mes o para cuando volvamos, uno piensa “pues, no sé si lo veré”.

Y, por tanto, desde este punto de vista, ponerle un punto de presión, digamos, fraterna sobre la necesidad de que el conocimiento de los datos y de las propuestas que haga el Gobierno sea cuanto antes mejor.

Y no nos podemos conformar con salir de la crisis pensando que volveremos a la situación anterior. Usted lo ha dicho muchas veces, incluso me critica cuando hablo de reconstrucción, porque dice que eso tiende a hacer pensar que volveremos. Tiene toda la razón; hay bases nuevas para resolver, algunas tienen que ver con la digitalización de nuestra economía, otras con cómo nos unimos al pacto…, al Green New Deal europeo, cómo, realmente, desde Cataluña podemos hacer este esfuerzo, y, por tanto, no podemos dejar pasar el tiempo. Tenemos que recuperar la economía con una base muy sostenible, porque si no estaríamos manteniendo las bases de un crecimiento insostenible.

Acabo, presidente. Nosotros tenemos desconfianza sobre las capacidades de su gobierno –es lógico, somos un partido de la oposición-, y tendemos a pensar que un país mejor necesitaría de un gobierno mejor. Pero usted es el presidente, usted preside el Gobierno, y, por tanto, es a usted a quien corresponde ahora liderar este acuerdo político en Cataluña sobre la reactivación económica y la reconstrucción social, a usted corresponde abrir el camino.

Nosotros, por propuestas no quedará: hemos hecho ya muchas, y mañana haremos todavía muchas más –y el conjunto de los grupos parlamentarios, estoy bien seguro también que lo harán-. Por tanto, presidente, permítame que le anime a que, sea cuando sea que se celebren elecciones, el Gobierno hasta el último minuto, hasta el último segundo, y especialmente el presidente, hagan su trabajo. Gracias.

 

Declaración sobre los acuerdos de cara a la investidura de Pedro Sánchez

 DECLARACIÓN DEL PRIMER SECRETARIO DEL PSC (2 de enero de 2020)

1. De las elecciones del 10 de noviembre de 2019 se derivaron dos mandatos muy claros: la constitución de un gobierno progresista a partir de la investidura como presidente del gobierno de España de Pedro Sánchez, y la necesidad de abrir una dinámica de diálogo entre las instituciones catalanas y españolas para intentar encontrar una solución acordada a la cuestión catalana. 

2. Esta solución acordada deberá concitar un consenso mayoritario en Cataluña, superando así la división actualmente existente, así como el necesario consenso en el conjunto de España. Lógicamente esta solución deberá producirse en el marco legal vigente que puede ser modificado a través de los procedimientos y las mayorías legalmente previstos. 

3. Desde este punto de vista consideramos que los resultados electorales del 10-N no sólo no debían ser considerados como un problema insuperable, sino que podían convertirse en una oportunidad en la medida que forzaban a encontrar espacios de diálogo y de entendimiento entre partidos políticos con proyectos bien diferenciados. 

4. Saludamos el preacuerdo alcanzado entre el PSOE y Unidas Podemos para formar un gobierno de coalición progresista, que se produjo en el plazo de 48 después de las elecciones, en estricto cumplimiento del compromiso electoral anunciado por Pedro Sánchez. Un preacuerdo que se ha concretado posteriormente en el documento “Coalición progresista. Un nuevo acuerdo para España “, suscrito por ambos partidos y que compartimos totalmente. 

5. Este pacto se ha complementado con el acuerdo de 12 puntos suscrito entre el PSOE y el PNV, y ha recibido también el apoyo explícito de Mas País. El acuerdo suscrito entre el PSOE y el PNV implicará un impulso decidido a la España plural, respetuosa de los diversos sentimientos de pertenencia. 

6. Hoy se ha hecho público el acuerdo al que se ha llegado después de un esfuerzo negociador entre el PSOE, el PSC y ERC, que posibilitará la abstención de ERC en el proceso de investidura, desbloqueando así la formación del gobierno progresista y abriendo una perspectiva de diálogo para abordar la cuestión catalana. 

7. El PSC ha defendido desde hace muchos años que la división entre los catalanes, así como el conflicto que se ha ido agravando entre las instituciones catalanas y españolas, sólo podría ser abordado a través de un esfuerzo compartido de diálogo, negociación y pacto. El acuerdo alcanzado entre el PSOE, el PSC y ERC se inscribe absolutamente en esta lógica a través del reconocimiento de la existencia de un conflicto de naturaleza política, la creación de una mesa bilateral entre gobiernos que se coordinará con otros espacios de diálogo institucionales y parlamentarios ya existentes, y el impulso a los acuerdos que se alcancen en la mesa bilateral a través de los procedimientos oportunos y que serán sometidos, en su caso, a validación democrática a través de consulta a la ciudadanía de Cataluña, de acuerdo con los mecanismos previstos o que se puedan prever en el marco del sistema jurídico-político. 

8. Estamos ante una gran oportunidad para superar, por una parte, las políticas de austeridad y de resignación ante el aumento de la pobreza y de las desigualdades, y, por otra parte, el inicio de un proceso de diálogo político que había sido reclamado de forma muy mayoritaria por la sociedad catalana. 

9. Así pues, el empeño a bloquear la vía política que se abrirá a través de la investidura de Pedro Sánchez y la formación del gobierno de coalición progresista, sólo se explica bien por el rechazo a las políticas progresistas y de izquierdas, o bien por el rechazo al diálogo entre las instituciones catalanas y españolas, o a ambas razones a la vez. 

10. En este momento, que no dudamos en calificar de trascendente, el PSC ratifica su compromiso con las políticas progresistas y de izquierdas, y en una dinámica de diálogo, negociación y pacto que permita superar el conflicto y el bloqueo de la política catalana. 

11. Hoy es una buena oportunidad para manifestar nuevamente nuestro reconocimiento y pleno apoyo a Pedro Sánchez y la dirección federal del Partido Socialista Obrero Español, por su decisión de encabezar un nuevo impulso reformista y el reconocimiento de la España plural en la que vivimos y que aspiramos a mejorar. 

12. Tampoco queremos ahorrarnos el reconocimiento a Pablo Iglesias y Unidas Podemos por su determinación a hacer posible un gobierno de coalición progresista, el primero en la etapa democrática abierta por la Constitución de 1978, al PNV por su contribución a abrir la puerta de la esperanza, a Más País por el reforzamiento de las posiciones progresistas, y a todas aquellas fuerzas que se puedan añadir. Todas estas fuerzas políticas han arriesgado para desbloquear la política española y hacer posible una nueva etapa de transformación y reformas y, en este sentido, valoramos también la decisión tomada por ERC, que implica una opción inequívoca por el diálogo como única herramienta válida para resolver el conflicto. El socialismo catalán se compromete con el diálogo total y absolutamente. 

Barcelona, 2 de enero de 2020

DOCUMENTOS:

Palabras sobre el proceso de designación como Senador

INTERVENCIÓN POR ALUSIONES EN EL PLENO DEL PARLAMENT, 16.05.2019

Enlace al video

DECLARACIÓN PÚBLICA POSTERIOR AL PLENO DEL PARLAMENT, 16.05.2019

Enlace al video

Transcripción:

Hoy se ha impedido al Grup Socialista la sustitución de quien representaba a la Generalitat en el Senado a propuesta de nuestro grupo. Se vulnera así el derecho de nuestro grupo a la participación política. Se deja sin representación a más de 600.000 catalanes y catalanas que votaron al PSC en las elecciones del 21 de diciembre de 2017.

No es la primera vez que la mayoría independentista pisotea los derechos de las minorías en el Parlament. Lo hizo los días 6 y 7 de septiembre con funestas consecuencias para todos.

Catalunya tiene hoy un senador menos que la represente en el Senado. El sectarismo se ha impuesto sobre la legalidad y el sentido común.

Hay quien quiere hablar en nombre de Catalunya silenciando a una parte del país. No tendrán éxito.

Hoy mismo pediremos amparo al Tribunal Constitucional en defensa de los derechos de nuestro grupo parlamentario, y de los derechos del conjunto de catalanes y catalanas que ven menguada su representación en el Senado.

Acepté la propuesta de Pedro Sánchez pensando que era bueno que un catalán presidiese el Senado, hecho que no se produce desde 1873. Pensando que era bueno que presidiese el Senado en este momento grave de la política catalana y española una persona catalanista, federalista y de talante dialogante.

Algunos se sorprendieron al conocer la propuesta acusando nuevamente al presidente Sánchez de querer contentar al independentismo. Otra vez los hechos desmienten de forma rotunda la acusación. Los independentistas, que no tuvieron problemas en votar a representantes de PP y C’s incluso mientras se estaba aplicando el artículo 155 de la Constitución española, han bloqueado mi designación como representante de la Generalitat en el Senado.

Cuando acepté la propuesta pensaba en la posibilidad de trabar consensos, de intentar impulsar la reforma del Senado, que implica una reforma de la Constitución. Pensaba en cómo podría contribuir desde la presidencia del Senado en la búsqueda de soluciones dialogadas en el marco de la ley. Pensaba en tomar dignamente el relevo en los esfuerzos reformistas de personas que respeto como Isidre Molas o Joan Rigol.

Pero en esta ocasión no ha sido posible.

La decisión de hoy puede dificultar les relaciones entre grupos políticos y puede enrarecer el inicio de la legislatura española al haberse roto reglas de respeto institucional que habían resistido toda clase de coyunturas.

Pese a ello, me reafirmo, más que nunca, en el propósito de contribuir con todas mis fuerzas para hacer posible la convivencia en Catalunya y a construir puentes entre Catalunya y el resto de España.

Es un propósito que no entiende de resentimientos ni de prejuicios, que no puede entretenerse en lamentar agravios ni ocasiones perdidas.

Es un propósito de mirar adelante, de construir, de sumar, de crear oportunidades de acuerdo.

Con la voluntad de reconocer a los adversarios políticos, y no considerarlos nunca como enemigos irreconciliables.

Yo no quiero, a diferencia de Quim Torra, acabar con nadie.

Con este espíritu estoy decidido, el socialismo catalán está decidido, a participar activamente en la nueva etapa que se abre tras las elecciones generales.

Interpretando el mandato expresado por los ciudadanos en las urnas: un mandato de moderación, de entendimiento, de trabajo eficaz … para reconectar la ciudadanía y las Instituciones.

Un mandato reforzado por el sentimiento colectivo producido tres la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Hoy, mis convicciones son aún más firmes: el camino de los independentistas es legítimo en el terreno de las ideas, pero, en mi opinión, su práctica política es un freno para la Catalunya moderna y mayoritaria que hoy reclama una oportunidad.

Hoy se ha intentado cerrar una puerta. Pero mañana se abrirán otras de par en par.

Y el viento, el aire fresco y nuevo de una nueva manera de hacer política y de pensar en Cataluña llegará bien pronto. Y cuanto más pronto llegue mejor.

 

 

 

Intervención en el Fórum Europa, 27.09.2018

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL FÓRUM EUROPA, 27.09.2018

[enlace al video]

Muy buenos días,

Permitan que empiece mi intervención agradeciendo a José Luis Rodríguez, Presidente de Nueva Economía Fórum, su amable invitación, así como el patrocinio de Red Eléctrica de España y ASISA, que me permiten dirigirme a todos ustedes.

Agradezco también a la Ministra de Política Territorial y Función Pública, a mi compañera y amiga, Meritxell Batet, su cariñosa presentación que pone en contexto y perspectiva mi intervención.

Y desde luego les agradezco a todos ustedes, y a los medios de comunicación, su numerosa y cualificada presencia que tiene mucho que ver con la situación política catalana.

Por cierto, entenderán que felicite efusivamente a Nicolás Sartorius por la reciente presentación de la Asociación por una España Federal que él preside.

Seguramente muchos de ustedes llevan tiempo buscando respuestas concretas a preguntas del tipo ¿Qué pasa en Cataluña? ¿Tiene solución? ¿Cuál podría ser esa solución?

Y aunque estoy seguro de que mis palabras no pueden dar entera satisfacción a sus inquietudes, sí pueden, o al menos eso espero, iluminar un poco el camino.

Y quiero empezar por centrar la cuestión. Lo que tenemos que abordar y resolver no va ni de Puigdemont, ni de Torra, ni de Junqueras, ni del PDeCAT, ni de Junts per Catalunya, ni de ERC, ni de la CUP, ni de la ANC, ni de Omnium. Ni de la escuela catalana, ni de los medios de comunicación.

La cuestión es que una parte muy importante de los catalanes, cansados de una relación entre Cataluña y España que consideran nociva e imposible de modificar, han abrazado la causa de la independencia.

¿Cuántos son? Miren, para redondear las cifras, estamos hablando de dos millones de personas.

Si quieren mayor precisión, podemos hablar de 1.897.274 personas que votaron la opción Sí-Sí en la consulta ilegal del 9 de noviembre de 2014, a las que podríamos añadir las 257.603 que votaron Sí-No o Sí-en blanco.

O si lo prefieren podríamos hablar de 1.966.508 personas que votaron a Junts pel Sí y a la CUP en las elecciones al Parlament de 2015.

O de las 2.044.038 personas que votaron Sí en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017.

O de las 2.079.340 personas que votaron a Junts per Catalunya, ERC y la CUP en las elecciones al Parlament de 2017. En este caso, el más reciente, los independentistas alcanzaron el 47,5% de los votantes, en un censo de cinco millones y medio de personas.

Mucha gente. Mal que les pese a los independentistas, dos millones no son mayoría, pero son mucha gente. A eso hay que dar respuesta. No se debe cerrar los ojos a la realidad.

Y desde luego tampoco puede olvidarse a la mayoría silenciosa de catalanes que no ha abrazado la causa independentista. La solución sólo la encontraremos pensando en todos y construyendo un acuerdo que sea aceptable para una amplia mayoría del 70 o el 80%.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

Como causas principales se han citado muchas. Destaco cuatro para no cansarles.

la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto en 2010, que alteró una ley que llevaba vigente cuatro años sin causar ningún tipo de problemas. Una ley aprobada por mayoría absoluta del Congreso y del Senado, y aprobada en referéndum de los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. Una ley surgida de una ardua negociación en el Congreso de los Diputados a partir de una propuesta que recogió el apoyo de 2/3 de los diputados y diputadas del Parlament de Catalunya.
el impacto de la crisis económica de 2008 que agravó la sensación de maltrato económico de Cataluña y que, como en otros muchos lugares, alimentó populismo, insolidaridad y repliegue identitario.
la evolución del nacionalismo conservador que, tras haber protagonizado políticas de austeridad aliado con el PP, y afectado por el caso Pujol, el caso Palau y la corrupción del 3%, decide abrazar la causa independentista para afrontar las futuras elecciones en las mejores condiciones posibles.
la política recentralizadora del PP, insensible a las demandas de la Generalitat, en un proceso que el ministro Ábalos calificó el domingo de “progresiva independización del Estado de Cataluña”.

La cuestión es que desde 2010 no se produjo ningún acercamiento entre las posiciones de los gobiernos de España y de la Generalitat, sino todo lo contrario: se fue ensanchando cada vez más una profunda grieta.

Los días 6 y 7 de septiembre de 2017 se consuma la tragedia: se vulnera el Reglamento del Parlament, se pisotean los derechos de la oposición, se desoyen las advertencias de los letrados de la Cámara y del Consejo de Garantías Estatutarias de Cataluña, se vulneran el Estatuto de Autonomía y la Constitución, se convoca un referéndum ilegal para el 1 de octubre, y se aprueba una ley denominada “de transitoriedad jurídica y fundacional de la república”.

El 1 de octubre se produce un acto de votación ilegal que es reprimido por las fuerzas del orden de forma contundente y en algunos casos con violencia.

El 10 de octubre Carles Puigdemont declara la independencia y ocho segundos después, sí han oído bien, ocho segundos después, suspende dicha declaración.

El 27 de octubre el Parlament de Catalunya declara la independencia y una hora después el Senado autoriza al gobierno de España a aplicar el artículo 155 de la Constitución. Se procede a cesar al presidente de la Generalitat y a su gobierno, convocando elecciones al Parlament para el 21 de diciembre.

Permítanme un breve paréntesis. La aplicación del artículo 155 sirvió, entre otras cosas, para demostrar el sentido de Estado del PSOE en la oposición. El sentido de Estado del PP en la oposición sobre la cuestión catalana sigue, como el trabajo de fin de máster, sin aparecer. Y el sentido de Estado de otros, nacidos del conflicto y beneficiados por el conflicto también brilla por su ausencia. Cierro paréntesis.

Así pues, a finales de 2017, los independentistas buscando la independencia, nos hicieron perder la autonomía, y dividieron por mitades a la población catalana.

Miembros del gobierno de la Generalitat salieron de España mientras otros fueron encarcelados a la espera de juicio. Cabe recordar que los presidentes de la ANC y Omnium habían sido ya encarcelados el 16 de octubre a causa de la concentración convocada frente al Departamento de Economía en protesta por una actuación judicial que se desarrollaba en su interior.

En las elecciones del 21 de diciembre de 2017 el independentismo vuelve a obtener una mayoría parlamentaria pero sigue sin obtener una mayoría ciudadana.

Después de muchas vicisitudes se acaba produciendo la investidura de Quim Torra como presidente de la Generalitat y la formación de un gobierno integrado por Junts per Catalunya y ERC. La CUP dice pasar a la oposición.

El president Torra afirma desde el primer momento que ejerce sus funciones en una suerte de delegación de Carles Puigdemont.

Desde el primer momento el gobierno de la Generalitat muestra signos de desorientación, indecisión y división interna.

Y eso no debe extrañar en un gobierno que, a pesar de sus proclamas en favor de la denominada “república catalana”, ciñe su actuación al marco autonómico vigente. Discurso y realidad no van de la mano. Pese a que los discursos inflamados enardecen a tirios y troyanos, la realidad acaba imponiéndose tan silenciosa como terca. La lectura de los 138 folios del Pla de Govern presentado ayer por el president Torra es muy ilustrativa al respecto.

Aun a riesgo de simplificar, ERC parece aceptar una aproximación pragmática mientras Junts per Catalunya parece seguir refugiándose en el legitimismo de Puigdemont.

En la actualidad, el mayor factor de cohesión de la mayoría independentista es el encarcelamiento y la huida de sus dirigentes, y el rechazo del juicio al que serán sometidos próximamente.

Nadie puede dudar de que estas circunstancias dificultan el proceso de normalización política.

En todo caso, aprovecho para afirmar mi confianza en el Estado de derecho y el total respeto a la separación de poderes y a la independencia del poder judicial. A la justicia toca aplicar el derecho, y a la política encontrar soluciones.

Y a un problema que ha provocado una grave división social la única respuesta es la búsqueda permanente de soluciones acordadas que puedan alcanzar el apoyo de amplias mayorías, y un permanente esfuerzo de reconciliación.

No me cansaré de repetirlo, no hay solución posible sin un largo y difícil proceso de diálogo, negociación y pacto. Un proceso que debe respetar permanentemente la legalidad, y las mayorías y los procedimientos para cambiarla. Un proceso en el que cada pequeño acuerdo ha de ser considerado un gran paso.

Y el cambio político en España a partir de la moción de censura ha hecho posible iniciar ese camino. La disposición del presidente Sánchez al diálogo y a las reformas es el inicio de ese proceso. Cabe recordarque Carles Puigdemont no era partidario de votar la moción de censura, probablemente porque pensaba que contra el PP los independentistas vivían mejor.

Ahora conviene abrir el diálogo institucional cegado desde 2010. A partir de la reunión entre los dos presidentes, consellers y ministros se reúnen con naturalidad. Se han puesto en marcha los mecanismos bilaterales de relación entre los gobiernos, empezando por la Comisión Bilateral y siguiendo por los demás. Incluso parece que el gobierno de la Generalitat va a volver a asistir a las reuniones de organismos multilaterales como el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Ciertamente estamos en el inicio de un proceso, que ha empezado ya a dar algunos frutos como la retirada de algún recurso frente al Tribunal Constitucional, el abono en 4 años de 1.459 millones de euros de deudas pendientes acumuladas, o la refinanciación de 2.773 millones de euros de deuda a corto plazo.

Me parece muy raro que haya quien diga que ahora estamos peor. ¿Peor que cuándo? ¿Peor que cuando se convocaba un referéndum ilegal o que cuando se declaraba la independencia? Un poquito de por favor. Un poquito de prudencia sobre todo en boca de algunos que parecen creer que cuanto peor, mejor. La desinflamación ha empezado. Y es, desde luego, un gran acierto del presidente Pedro Sánchez.

A pesar de que no podamos lanzar aún las campanas al vuelo, cabe esperar que en los próximos meses esa dinámica de acuerdos haga crecer la confianza entre los dos gobiernos y permita abordar cuestiones más de fondo sobre las que estamos obligados a reflexionar.

Para los independentistas no hay más solución que la independencia o un referéndum sobre la independencia. Yo no comparto en absoluto ese planteamiento. No creo que cuestiones que afectan a los sentimientos de identidad o pertenencia puedan resolverse por la mera aplicación de la regla de la mayoría, que provoca en estos casos una gran división y polarización social.

En una sociedad dividida, en un tema tan sensible, una victoria por la mínima, la victoria de unos o de otros, acaba siendo la derrota de todos.

Ya se sabe que los referéndums sobre la independencia solo sirven si conducen a la independencia. Son esas soluciones mágicas que, como todos los trucos de magia, tienen trampa.

Son referéndums que se repiten hasta que se obtiene el resultado que buscan quienes los reclaman.

Hemos visto también como los referéndums mal planteados lejos de resolver los problemas, los complican. Tenemos bien cerca el referéndum sobre el Brexit.

Por lo tanto creo que merece la pena someter a referéndum acuerdos surgidos de un proceso de deliberación, de aproximación de posiciones y de acuerdo entre las formaciones políticas parlamentarias. Democracia directa, sí, pero como culminación de un proceso de democracia representativa.

Y por eso estoy completamente de acuerdo con el presidente Pedro Sánchez cuando sitúa la cuestión en un acuerdo sobre autogobierno que sea sometido al voto de los ciudadanos. Una reforma del Estatuto, sí.

Hay quien ha defendido, como el profesor Santiago Muñoz Machado, una reforma en paralelo de Constitución y Estatuto. Hay quien, como Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, ha evocado la necesidad de incorporar a la Constitución una nueva disposición adicional –sería la quinta– para incorporar la especificidad catalana. Hay también quien dice que en lugar de intentar grandes reformas en un proceso incierto, quizá sea mejor encadenar acuerdos concretos que refuercen el autogobierno y mejoren la financiación.

No voy a pronunciarme aquí sobre cual es el mecanismo concreto más adecuado. Pero sí digo que sea cual sea el camino que se emprenda requiere de un acuerdo político de fondo.

Un acuerdo primero entre catalanes. El independentismo tiende a evitar o soslayar esa cuestión, olvidando que un cambio profundo de nuestras instituciones requiere de un apoyo mínimo de 2/3 de los miembros del Parlament.

Los independentistas quisieron fulminar la legalidad vigente, con un apoyo inferior al que requería su mera reforma. Ese fue uno de los mayores errores de las nefastas sesiones parlamentarias de los días 6 y 7 de septiembre del año pasado.

Por eso el pasado 5 de julio, a propuesta del grupo socialista, el Parlament de Cataluña acordó solicitar al president de la Generalitat que convocase a los presidentes de los grupos parlamentarios con el objetivo de constituir un espacio de diálogo para facilitar acuerdos sobre todos los grandes temas de país. Hasta el momento el president Torra no ha tomado ninguna iniciativa en este sentido. Se lo reclamaremos de nuevo en el debate parlamentario de la semana próxima.

Un acuerdo entre catalanes es imprescindible. Pero no será suficiente, se requerirá además un gran Pacto de Estado sobre la cuestión catalana. Un pacto que puede recoger tantas cuestiones pendientes como se quiera si existe la voluntad política necesaria. Las resumo en 7 puntos al hilo de la Declaración de Barcelona suscrita entre el PSOE y el PSC el año pasado.

1. Las 46 demandas planteadas desde el Gobierno de la Generalitat al Gobierno de España en las que yo veo muchas posibilidades de llegar a acuerdos. Dejando de lado la cuestión del referéndum sobre la que ya me he pronunciado.

2. Desarrollar el Estatuto vigente e, incluso, a partir de las oportunas reformas legales en el Congreso, abordar algunas de las cuestiones que el Tribunal Constitucional consideró que podían acometerse a través de la reforma de las correspondientes leyes orgánicas.

3. Abordar la negociación de la financiación autonómica.

4. Impulsar un ambicioso Plan de inversión estatal en infraestructuras estratégicas para España en territorio catalán, que incorpore un diseño inteligente y una gestión compartida.

5. Profundizar en el reconocimiento de la lengua, la cultura y los símbolos de Cataluña. El Pacto debería servir para que se aprobara una Ley Orgánica de Reconocimiento y Amparo de la Pluralidad Lingüística en España. O para asegurar la presencia de todas las lenguas y culturas españolas en la UNESCO.

6. Reconocer la importancia estratégica de la ciudad de Barcelona como gran capital catalana, española y europea y sede de la Unión por el Mediterráneo.

7. Impulsar la reforma de la Constitución en un sentido federal. Una reforma que debería recoger las quellamamos las cuatro R, cuatro reivindicaciones:

Reconocimiento de las aspiraciones nacionales de Cataluña.
Reglas de reparto competencial que mejoren el autogobierno desde el respeto y la lealtad institucionales, reconociendo singularidades y hechos diferenciales; con especial atención a las cuestiones relacionadas con la lengua, la educación y la cultura.
Recursos. Fijando los grandes principios del sistema de financiación que debe ser suficiente, solidario, justo y equitativo y que recoja los conceptos de esfuerzo fiscal similar y ordinalidad; así como la figura de los Consorcios Tributarios o solución equivalente.
Representación, a través de un Senado o Consejo Federal que haga de la Cámara Alta un verdadero instrumento de integración y cooperación territorial.

Voy acabando y les resumo los ingredientes de la fórmula del socialismo catalán para el necesario proceso de diálogo, negociación y pacto. Algo así como la receta de Iceta.

Acertar con el método: dialogar siempre, de todo y con todos, aunque no se llegue a nada de momento. Hablar es la condición necesaria para la política. Hablar no es ceder, es reconocer al otro. Hablar es garantía de respeto mutuo, de reciprocidad. Hablar en público, en las instituciones, en la sociedad, en los mediospero también con discreción, buscando complicidad y sin el foco de las expectativasmediáticas. Hablar ahora, y negociar cuando se pueda.

Mantener una actitud positiva: el respeto a todas las ideas, en especial, las de nuestros adversarios o rivales. Una nueva etapa de cultura democrática basada en la más profunda convicción de que las diferencias en las ideas no deben impedir las coincidencias, siempre que sea posible, en los métodos y las cuestiones concretas. Desterrar el desprecio. Cerrar la puerta a la animadversión. Aceptar la diferencia y proteger la diversidad.

Acordar los mecanismos: una bilateralidad compatible con la multilateralidad. Una lealtad institucional que se oriente a la cooperación. Un mundo de competencias, sí; pero también un mundo de coincidencias, concurrencias y complicidades. Hacer de la lealtad y la cooperación el mecanismo fluido para avanzar en la práctica en la transformación federal del Estado.

Fomentar la transformación del Estado: para que integre mejor la pluralidad y la diversidad. Sí, un Estado plurinacional, pluricultural y plurilingüe, desde el reconocimiento de que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español. Mejor reconocimiento y fortalecimiento de todas las lenguas oficiales. Debemos renovar primero la cultura política, luego pondremos los nombres a las cosas y buscaremos su acomodo normativo o institucional. Para lo primero, vamos tarde. Para lo segundo, tenemos tiempo. En todo caso, no hacer nada que signifique un retroceso o un fracaso. Avanzar en los planteamientos, aunque debamos renunciar, por el momento, a las concreciones. Un nuevo pragmatismo, el idealismo de la política razonable.

Buscar soluciones factibles: temporales, transitorias, provisionales. Abandonar la idea funesta de la solución definitiva, o de la urgencia histórica. Cuando los objetivos políticos de cada parte son su programa máximo, surge la parálisis que impide progresar e imposibilita los acuerdos. No hay victoria absoluta, nunca. No hay solución definitiva, ahora. Esta generación actual debe dejar la situación mejor de lo que la encontró, preparando un futuro sin cargas excesivas y confiar en las próximas generaciones.

Priorizar lo urgente: reforzar el autogobierno. En lo institucional, en lo normativo, en lo fiscal y lo económico. Un plan del Estado para recuperar el vigor y la fortaleza institucional de la Generalitat. Nuestros déficits son alarmantes: tenemos menos sanitarios que la media española o europea; tenemos menos policías que la media española o europea; tenemos menos profesores que la media española o europea. Cataluña sufre por incompetencias de su gobierno, sí; pero también por falta de competencias y de recursos. A España le conviene una Cataluña de primera. Y a Cataluña conviene una España de primera. Recordemos a Maragall: lo que es bueno para Barcelona, es bueno para Cataluña y lo que es bueno para Cataluña es bueno para España. Y también en sentido inverso.

Saber renunciar: renunciar a resolver los problemas de fondo con soluciones unilaterales, rápidas, fraudulentas o con mayorías insuficientes. Nada importante se consigue solo con la mitad de los apoyos. Ni sin la otra mitad, ni contra ella. Se puede obtener la confianza de una sociedad política con una mayoría, sí; pero no se puede cambiar las normas que deben asegurar la convivencia de todos solo con esa legitimidad.

Tener siempre presente al destinatario: todo nuestro esfuerzo tiene un destinatario claro, la sociedad toda. La sociedad española y la sociedad catalana, en su diversidad, en su complejidad. Necesitamos la reconciliación. Una nueva oportunidad para entendernos. Ese es el sentido último de la política. Un problema político solo encontrará solución en la política. Pensemos en la sociedad toda, en la Cataluña toda y la España toda. No pensemos en los dirigentes, pensemos en sus seguidores, los de unos y los de otros. Quien mejor decline el diálogo y la reconciliación mejor servirá a Cataluña y a España. Pensemos en los estadistas que así lo demostraron. Pensemos en Adolfo Suárez y en Josep Tarradellas. Ellos quisieron y pudieron. Nosotros, si lo queremos, lo conseguiremos.

Muchas gracias.