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Intervención en el Club Siglo XXI

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL CLUB SIGLO XXI

Madrid, 21.02.17

 

Muy buenos días, señoras y señores, amigas y amigos.

Quiero agradecer al Club Siglo XXI, a su junta y a su presidente, Gerardo Seeliger, su amable invitación para compartir una reflexión con todos ustedes.

Agradezco también a Gloria Lomana su amable presentación.

Aprovecho para saludar desde aquí a los miembros de la gestora del PSOE y a los diputados y amigos del partido que han querido acompañarme.

Muchos de ustedes me conocen. Soy Miquel Iceta, primer secretario del PSC y presidente del grupo socialista en el Parlament de Catalunya. Reelegido primer secretario en un proceso de primarias en octubre pasado, y futuro candidato de mi partido a la presidencia de la Generalitat en las elecciones que muy probablemente se celebrarán antes de acabar el año.

Llevo muchos años en política, me afilié al PSP Catalán en 1977 y participé en el proceso de unidad socialista que dio lugar al PSC que hoy conocemos, fruto de la  fusión de tres partidos catalanes y que mantiene una relación federal con el PSOE.

El PSC, un partido socialista, profundamente democrático, catalanista, federalista y europeísta.

Un PSC que representa a una parte de los catalanes y las catalanas, entre 500.000 y 600.000, un PSC que tiene 123 alcaldías, de entre las que destacan las de Lleida y Tarragona, y que forma parte de muchos gobiernos municipales, entre los que destacan Barcelona y Girona.

Hoy vengo de nuevo a Madrid para hablar de las relaciones entre Cataluña y el resto de España, deterioradas tras la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto y cinco años de ausencia de diálogo entre los gobiernos de Cataluña y España, y agravadas por la deriva unilateral e ilegal de la mayoría independentista que ocupa el gobierno de la Generalitat.

Como hemos afirmado en diversas ocasiones, el PSC no participará ni prestará apoyo a ningún tipo de iniciativa que apueste por la independencia o por desconocer los mecanismos de reforma de la ley, el Estatuto o la Constitución.

Ni inmovilismo ni ruptura, tercera vía. Ni unilateralidad ni ilegalidad, diálogo, negociación y pacto. Este es nuestro planteamiento.

Ni un derecho a decidir en abstracto que no quiere decir nada, ni un referéndum sobre la independencia, renovación del pacto constitucional.

Cuando nosotros hablamos de referéndum nos referimos o bien al referéndum sobre la reforma constitucional, en el que estamos llamados a participar todos los españoles, o bien al referéndum sobre un nuevo Estatuto a partir de las posibilidades que se abran en la reforma constitucional federal que proponemos.

Reforma constitucional, ¿con qué contenido?

Hemos hablado de 4 erres. Reconocimiento. Reglas. Recursos. Representación.

Reconocimiento. Queremos que la Constitución reconozca la identidad nacional de Cataluña. Como decíamos en los acuerdos de Granada. “Creemos que en el federalismo se ubican las mejores soluciones para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España”. ¿Cómo debe hacerse esto? Hay muchas maneras de hacerlo. Una, que es por la que optamos en Granada, es reconocer los derechos históricos de Cataluña, hoy recogidos en el Estatuto, de los cuales se deriva el reconocimiento de una posición singular de la Generalitat con relación al derecho civil, la lengua, la cultura, la proyección de éstas en el ámbito educativo, y el sistema institucional en el que se organiza la Generalitat”.

Para los socialistas catalanes, Cataluña es una nación y España, cuya soberanía corresponde al conjunto del pueblo español, es una nación de naciones, nacionalidades y regiones que debe organizarse en el marco de un Estado federal.

Nación tiene que ver con identidad y con sentimiento de pertenencia. Saben bien que en nuestra opinión nación y Estado no son sinónimos, que el reconocimiento del carácter nacional de Cataluña no implica la reivindicación de soberanía ni independencia, que varias naciones pueden convivir en un mismo Estado, y que esa es la mejor manera de reconocer la diversidad de España en el mundo de interdependencias crecientes y de soberanías compartidas en el que vivimos. No queremos discutir a nadie su identidad, queremos reconocer la de todos, y dotarnos de los mejores instrumentos para asegurar la convivencia.

Reglas. Para una mejor distribución competencial, para evitar conflictos, duplicidades, solapamientos e interferencias. Para reconocer las competencias que recogen singularidades y hechos diferenciales. En el caso de Cataluña, con especial atención a las cuestiones relacionadas con la lengua, la educación y la cultura.

Recursos. Fijando los grandes principios del sistema de financiación que debe ser suficiente, solidario, justo y equitativo. Recogiendo los conceptos de esfuerzo fiscal similar y ordinalidad, así como la figura de los Consorcios Tributarios.

Representación. A través de un Senado o un Consejo federal que haga de la cámara alta un verdadero instrumento de integración y cooperación territorial. Saben ustedes que el federalismo aúna autogobierno y gobierno compartido. Un Senado federal ha de hacer posible el gobierno compartido.

¿Por qué debemos renovar el pacto constitucional? Porque hay una amplia mayoría de catalanes y una amplia mayoría de españoles que podrían verse bien reconocidos en ella, porque el desarrollo del Estado de las Autonomías ha evidenciado algunas carencias, y porque casi un 48% de catalanes, a falta de mejor opción, están optando por la independencia.

Entre quienes quieren romper y quienes no quieren que nada cambie hay un mundo de distancia, y muchísimas alternativas. Pero todas ellas pasan por el acuerdo. Un acuerdo que empieza por dialogar. Y hoy por hoy ni siquiera sabemos si hay o no diálogo. Si lo hay, me alegro. Si no lo hay, me escandalizo.

Ciertamente, cinco años sin diálogo cuestan mucho de revertir. Y la cosa se pone aún más difícil si una de las partes se empeña en desconocer la legalidad vigente. Frente a la desobediencia, la ley. Pero frente al problema, el diálogo.

La judicialización de la política es, en definitiva, el fracaso de la política. Los responsables políticos deben cumplir la ley, y los problemas políticos deben encontrar solución a través del diálogo y los mecanismos institucionales de reforma.

Lo he dicho en diversas ocasiones en el Parlament de Catalunya, quienes se empeñen en desconocer la ley no encontrarán en el socialismo catalán ni comprensión ni solidaridad. Y señalaremos con el dedo a quienes se nieguen a dialogar como responsables del desastre que se avecina si seguimos mucho tiempo en este camino a ninguna parte.

Los independentistas deben reconocer que no hay una mayoría favorable a la independencia, y deben por lo tanto abstenerse de preparar el camino a la desconexión. Y los que hasta ahora han demostrado su incapacidad para el diálogo deben ahora demostrar algo más que una buena predisposición.

La consigna independentista “referéndum o referéndum” está condenada al fracaso. No va a haber un acuerdo para realizar un referéndum sobre la independencia que, por otra parte y como nos recuerda el Tribunal Constitucional, requeriría de una reforma previa de la Constitución para reconocer un derecho que hoy sólo reconocen las Constituciones de Etiopía y Saint Kitts y Nevis. Por otro lado y aunque parezca mentira debo recordar que ese referéndum no figuraba en los programas electorales de Junts pel Sí y de la CUP.

Un referéndum no sirve para resolver un empate. Si la independencia es el último de los recursos no puede ser la primera de las preguntas que se formulen a la ciudadanía.

Estoy convencido de que una mayoría de catalanes estaría de acuerdo en avanzar hacia un autogobierno más potente y una mejor financiación. Y estoy convencido de que una mayoría de españoles estarían de acuerdo en ello, si la alternativa es la ruptura o el enquistamiento permanente de un problema que supone un monumental desperdicio de energías colectivas.

Según el último barómetro de la Generalitat un 5,7% de los catalanes quieren ser una región de España, al 24,1% ya le parece bien ser una comunidad autónoma, el 23,2% quiere un Estado dentro de una España federal y el 38,9% quiere un Estado independiente.

Los independentistas están convencidos de que el tiempo y una dosis de conflicto suficiente acabará de convencer a los federalistas que no hay otra salida que la independencia. Yo, en cambio creo que antes debemos conseguir convencerles de que una reforma sensata es posible. Y que puede concitar un amplio acuerdo en Cataluña y en el conjunto de España.

Y a eso vengo a Madrid. A insistir en ello. Otros socialistas catalanes avisaron hace tiempo de lo que se avecinaba. Lo hicieron los presidentes Maragall y Montilla. Sus advertencias no fueron atendidas. Y ahora estamos como estamos.

Los consensos deben construirse, y las grandes reformas requieren de grandes consensos. Conviene empezar por cuestiones más sencillas pero no menos importantes, el acuerdo sobre financiación, las inversiones, el corredor mediterráneo, el servicio de cercanías, etc.

Esas son a mi juicio las cuestiones sobre las que los gobiernos deben trabajar de inmediato. Y en el Congreso de los Diputados debiera empezarse a estudiar eso que algunos han denominado “perímetro de la reforma”, o cualesquiera otras soluciones que las fuerzas políticas o las comunidades autónomas quieran proponer o aquellas que han sido ya estudiadas a nivel académico y sobre las que existe gran consenso.

A construir ese imprescindible acuerdo les invito y, si me permiten, les convoco.

¡Alerta, homofobia!

¡Alerta, homofobia!

MIQUEL ICETA
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA, 15.02.17

Salen gays por la televisión, ganan premios, hay quienes son diputados como yo e, incluso, un ‘conseller’ de la Generalitat. Nuestros derechos están garantizados legalmente, nos podemos casar e incluso en Catalunya tenemos una ley contra la homofobia. Pero eso no es todo. Siguen los insultos, las agresiones, el ‘bullying’ escolar y en las redes sociales y los suicidios de adolescentes y jóvenes que ya no pueden aguantar más. Demasiada gente todavía, víctimas, amigos y familias, sufren, a menudo en silencio, el dolor infligido por otros que se sienten impunes.

No nos podemos quedar con los brazos cruzados. Debemos apoyar a las víctimas y las organizaciones que velan por los derechos de todas las personas. Pero desde las instituciones tenemos que hacer más que eso, tenemos que velar porque las leyes no se queden en papel mojado. ¿De qué sirve una ley contra la homofobia si no se imponen sanciones a los que la vulneran?

Fui ponente de la ley 11/2014, del 10 de octubre, para garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales y para erradicar la homofobia, la bifobia y la transfobia. Y estoy alarmado por la lentitud en su aplicación. Me alertó Eugeni Rodríguez, portavoz del Observatorio contra la Homofobia y la comparecencia en el Parlamento de Joaquim Roqueta y Mandan, presidente de Gays Positivos y de la Plataforma LGTBIcat y miembro del Consejo Asesor del Observatorio Contra la homofobia. Es necesario que todos juntos encendamos las alarmas.

Todavía no se ha constituido el Consejo Nacional LGTBI tal como articula la Ley

Todavía no se ha aprobado el decreto que regulará el procedimiento sancionador previsto en la ley.

Todavía no se ha aprobado el protocolo específico de actuación que haga real el deber de intervención de la administración.

Todavía no se ha creado el órgano coordinador de políticas LGTBI previsto en la ley, y la Comisión Interdepartamental existente no participa el colectivo LGTBI que, afortunadamente, sí lo hace en la Comisión Interdepartamental del SIDA.

Todavía no se ha aprobado el protocolo para tratar de forma integral y adecuada a las víctimas de agresiones por razón de orientación sexual, identidad de género o expresión de género.

No existe aún el protocolo para prevenir y abordar el ‘bullying‘ homofóbico.

¡Demasiados deberes pendientes como para bajar la guardia! Govern de Cataluña, ponte las pilas! ¡La homofobia aún no ha sido erradicada!

Intervención en el desayuno informativo organizado por Nueva Economía Fórum

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA EN EL DESAYUNO INFORMATIVO ORGANIZADO POR NUEVA ECONOMÍA FÓRUM (Madrid, 23.11.16)

[enlace al video]

Muy buenos días, señoras y señores,

Empiezo agradeciendo a Nueva Economía Fórum su invitación, a los patrocinadores su inestimable colaboración y a Ángel Gabilondo su cariñosa presentación, en la que se pone en evidencia la amistad que nos une.

Quiero agradecer la numerosa asistencia a este acto, al tiempo que debo disculpar a mis compañeros diputados y diputadas en el Congreso que no han podido acompañarnos por celebrarse hoy un pleno de la Cámara que se inicia con la sesión de control al Gobierno.

No me resisto a dar algún dato de presentación. Soy Miquel Iceta, primer secretario del PSC. Elegido el pasado 15 de octubre en un proceso de primarias al que concurrimos dos candidatos, encabezo una Comisión Ejecutiva que contó con el apoyo de un 88% de los delegados y delegadas al Congreso.

Por otra parte no soy un recién llegado a la política. En 1977 me afilié al Partido Socialista Popular Catalán y me incorporé por primera vez a la dirección del PSC en 1984.

El PSC representa electoralmente entre 500.000 y 600.000 catalanes y catalanas, como se ha demostrado en las recientes elecciones municipales, autonómicas y generales. Mantiene 123 alcaldías y está presente en los gobiernos locales donde vive el 64% de los catalanes, entre ellos las cuatro capitales de provincia, manteniendo en Lleida y Tarragona la alcaldía.

La relación entre Cataluña y el resto de España es uno de los tres principales problemas a los que nos enfrentamos. Los otros dos son la crisis económica, sus secuelas y la necesidad de impulsar la incipiente recuperación creando empleo y reduciendo las desigualdades, y la necesidad de recuperar la confianza en la política y las instituciones combatiendo y castigando eficazmente la corrupción.

Entenderán que me centre en el problema de la relación entre Cataluña y el resto de España. La posición del PSC es la siguiente: ni la independencia ni el inmovilismo son opciones viables ni sensatas. Nos oponemos frontalmente a dividir la sociedad catalana y a separar a Cataluña del resto de España. Por ello proponemos renovar el pacto de 1978 a través de una reforma constitucional federal cuyas líneas maestras acordamos con todos los socialistas de España el 6 de julio de 2013 en Granada.

Los socialistas catalanes queremos representar un catalanismo abierto e integrador, dialogante, pragmático y pactista, que rechaza tanto el inmovilismo como las iniciativas unilaterales que pretenden ignorar la legalidad. Queremos superar la disfunción democrática causada por la Sentencia del Tribunal Constitucional que alteró el Estatuto votado por la ciudadanía, al tiempo que queremos dar un nuevo impulso a la modernización del Estado, y deseamos proporcionar un marco de convivencia que pueda recibir el apoyo mayoritario de los catalanes y del conjunto de los españoles.

Ni defendemos la independencia ni reclamamos el derecho de autodeterminación. Y como hablamos de cambiar España, cuando hablamos de referéndum nos referimos a un referéndum en el que estarán llamados a participar todos los españoles.

Un referéndum en el que se someta a ratificación un ambicioso pacto político que debe alumbrarse en el periodo 2016-2020. Un pacto para muchos años, para seguir juntos y progresar juntos.

¿Qué elementos deberían incorporarse a esta reforma constitucional federal en lo que se refiere a la estructura territorial del Estado? Para simplificar, desde el PSC hablamos de “cuatro erres”. R de reconocimiento. R de reglas. R de recursos. Y R de representación. Dejo la primera R para el final.

Reglas. Para mejor distribuir las competencias, para evitar conflictos, duplicidades, solapamientos e interferencias. Para reconocer las competencias que recogen singularidades y hechos diferenciales.

Recursos. Fijando los grandes principios del sistema de financiación que debe ser suficiente, solidario, pero también justo y equitativo. Recogiendo los conceptos de esfuerzo fiscal similar y ordinalidad, así como la figura de los Consorcios Tributarios.

Representación. A través de un Senado o un Consejo federales. Que haga de la cámara alta un verdadero instrumento de integración y cooperación territorial. Que haga posible el gobierno compartido. Saben ustedes que federalismo aúna autogobierno y cogobierno. El cogobierno reside fundamentalmente en la cámara territorial, sea un Senado o un Consejo federal.

La primera R, reconocimiento, es la más compleja, a pesar de que no tiene coste económico alguno y forma parte de los intangibles. Queremos que la Constitución reconozca a Cataluña en su identidad y su aspiración. Los acuerdos de Granada lo explican así: “Creemos que en el federalismo se ubican las mejores soluciones para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España” (punto 16, página 6). Y apunta una posibilidad concreta que consiste en incorporar al texto constitucional los derechos históricos de Cataluña recogidos hoy en el artículo 5 del vigente Estatuto, que dice lo siguiente: “El autogobierno de Cataluña se fundamenta también los derechos históricos del pueblo catalán, en sus instituciones seculares y en la tradición jurídica catalana, que este Estatuto incorpora y actualiza al amparo del artículo 2, la disposición transitoria segunda y otros preceptos de la Constitución, de los cuales deriva el reconocimiento de una posición singular de la Generalitat con relación al derecho civil, la lengua, la cultura, la proyección de éstas en el ámbito educativo, y el sistema institucional en el que se organiza la Generalitat”.

Para muchos catalanes, y para el PSC, Cataluña es una nación. Esa definición forma parte de la tradición catalanista desde hace ya más de siglo y medio, está recogida en los documentos fundacionales del PSC, y se mantiene viva en nuestra cultura y nuestras leyes. Ustedes saben, por ejemplo, que el 11 de septiembre es la Fiesta Nacional de Cataluña, y que fue regulada por ley, aprobada en su día con el voto unánime del Parlament en 1980. Y no fue recurrida.

Para los socialistas catalanes, nación no es un concepto que lleve aparejado el de soberanía o el de Estado. Hay naciones que no son Estados. O mejor, naciones que comparten Estado con otras naciones.

España es plural, sí. España es diversa, sí. Algunos de los pueblos que la integran tienen una identidad diferenciada y tienen aspiraciones nacionales porque se consideran a sí mismos una nación, sí.

Pero la convicción de que España integra diversas naciones no es incompatible con considerar que España es una nación. Una nación de naciones como decía el socialista leonés Anselmo Carretero hace ya muchos años. Como señalaron Felipe González y Carme Chacón en un valiente artículo del año 2010: “La concepción de España como ‘Nación de naciones’ nos fortalece a todos”.

Algunos desconfían y dicen: hombre si queréis que se os reconozca como una nación es porque queréis ser un Estado independiente. Y nosotros decimos que, en Cataluña ciertamente hay muchos que sí que lo quieren, pero nosotros no. Nosotros queremos un Estado moderno que nos represente mejor y que defienda mejor nuestros intereses, no un Estado solo para nosotros.

Por eso decimos que ya tenemos un Estado que es el Estado español, dentro del cual se incluye la Generalitat de Cataluña, para la cual queremos el máximo de competencias para lograr el máximo autogobierno posible en el marco del proyecto compartido que se llama España en donde la soberanía reside en el conjunto del pueblo español.

¿Es esto tan difícil de entender? ¿Y por qué Cataluña es una nación? Pues, sencillamente, porque muchos catalanes lo sienten así. Es difícil encontrar una definición de nación que sea unánimemente aceptada. Para unos es sujeto de soberanía, para nosotros es sentimiento de identidad y de pertenencia.

Que muchos catalanes sientan que Cataluña es una nación, ¿la hace mejor o peor que otras Comunidades Autónomas españolas? No. Simplemente la hace diferente. Desde luego no hay muchas Comunidades españolas en las que haya partidos que prometan conseguir la independencia de forma unilateral y recojan casi un 48% de los votos.

¿Y es malo ser diferente? No debería serlo. De lo que se trata precisamente es de integrar y hacer compatibles las diferencias con la existencia de un proyecto compartido común.

¿Quién tiene miedo a reconocer que España es un país muy diverso con grandes diferencias entre unas zonas y otras?

  • El 40% de la población española vive en CCAA con lengua cooficial distinta del castellano para toda la comunidad (Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, Euskadi, Baleares), lo que se incrementa a más de un 45% si tenemos en cuenta las protecciones específicas que tienen el bable en Asturias y el catalán en partes de Aragón.
  • El 22% de la población española es protegida por una policía diferente al Cuerpo Nacional de Policía.
  • El 16% de la población española tiene una gestión de las prisiones diferente del resto.
  • El 10% de la población vive en CCAA con sistemas fiscales diferenciados (Euskadi, Navarra y Canarias)

Yo creo que un estado moderno, de tipo federal, como el que tenemos y en el que queremos profundizar más para que sea más eficaz, es el mejor instrumento que se ha inventado hasta la fecha para que los diversos territorios con identidades, culturas y necesidades diferentes puedan convivir armónicamente.

En resumen, los socialistas catalanes creemos que Cataluña es una nación, una comunidad nacional, pero no abrazamos la causa de la independencia. No reivindicamos el derecho de autodeterminación y acabamos de ratificar en nuestro Congreso que la decisión respecto de qué es lo que ha de ser España corresponde a todos los españoles y no a una parte de ellos.

En fin, tiempo habrá para discutir cómo reconocer constitucionalmente la aspiración nacional de Cataluña, pero me gustaría haber dejado claro que para los socialistas catalanes la reivindicación de Cataluña como nación no implica una disputa sobre soberanía, ni un atajo a la autodeterminación, ni la quiebra de la igualdad de derechos entre todos los españoles.

No somos una especie de quintacolumna soberanista o independentista, quizá somos la última viga que resiste la presión que amenaza con derribar el puente de la esperanza de encontrar una solución no traumática al problema de la relación entre Cataluña y el resto de España.

Déjenme que haga un inciso en este momento. Ya hace 8 años que las personas que nos vamos sucediendo al frente del PSC venimos a Madrid a avisarles, a advertirles, de que algo muy grave está pasando en Cataluña.

Cuando el president Montilla, que también era primer secretario del PSC, advertía, ya en el año 2008, del riesgo de desafección en Cataluña hacia España no se le hizo mucho caso. Luego lo repitió Pere Navarro y yo creo haberlo dicho también en otras ocasiones en este mismo foro. Con idéntico éxito. Es decir, ninguno.

Hoy, ante el cariz que han tomado los acontecimientos, quiero creer que algunos en Madrid piensan que quizá deberían haber atendido más este tipo de advertencias.

¿Por qué digo que quizá somos la última viga? Pues porque en Cataluña existen básicamente 3 posiciones:

Una, la que representan Ciudadanos y el PP, que creen que el problema no es tan grave, que el paso del tiempo y el Código Penal lo resolverán. Otra, la que de quienes forman hoy la mayoría parlamentaria que nos gobierna en Cataluña que dice que ya ha desconectado de España. Su imaginario colectivo es lo que llaman República Catalana y en el que España ya no es más que un poder que, todavía (y el adverbio de tiempo es muy importante) les oprime y al que hay que buscar cada día cómo desafiar hasta derrotar.

Y yo digo que cuando desafiar al Estado y desobedecer a los jueces y tribunales se convierte para una parte significativa de la sociedad en una anécdota graciosa, algo muy grave está sucediendo.

Y, por último, estamos los catalanistas. Y, singularmente, los socialistas catalanes.

El catalanismo, esa idea dominante en los últimos 150 años en la política catalana y que consiste en luchar para conseguir el máximo autogobierno para Cataluña al tiempo que se participa en la modernización de España.

Durante mucho tiempo, esta postura catalanista era la defendida por el propio PSC, por CIU y por ICV; cada uno con sus matices.

Ahí quedan los logros de Narcís Serra democratizando las Fuerzas Armadas, los de Ernest Lluch implantando la sanidad universal, y los de tantos y tantos otros socialistas catalanes comprometidos en diferentes niveles en todos los gobiernos de España.

También el impagable esfuerzo de Miquel Roca y Jordi Solé Tura en la redacción de la Constitución. Y el esfuerzo de la antigua CiU de Roca y Duran contribuyendo a la gobernabilidad de España durante muchos años, colaborando con el PSOE y aún más con el PP.

Pero déjenme que les diga una cosa que aún no ha calado suficientemente en Madrid.

Hoy, tanto en las Cortes Generales, como en el Parlament de Cataluña, el único partido que representa hoy ese catalanismo pragmático y pactista es el PSC.

Nosotros somos el único partido que mantiene la voluntad de construir un proyecto en el que sea compatible conseguir el máximo autogobierno posible para Cataluña y, al mismo tiempo, participar en primera línea en el esfuerzo de modernizar España.

Porque CiU hoy ya no existe. Unió ha dejado de tener representación parlamentaria en Madrid y en Barcelona. El PDECat, los herederos de Convergencia, está planteando un referéndum unilateral de independencia junto con ERC y la CUP. Y los antiguos miembros de ICV, hoy inmersos en un proceso de confluencia con Podemos y otros actores como Ada Colau, están en proceso de definición y parece que se decantan por el soberanismo.

El último barómetro del CEO (noviembre de 2016) dice que un 5,7% de los catalanes quieren ser una región de España, al 24,1% ya le parece bien ser una comunidad autónoma, el 23,2% quiere un Estado dentro de una España federal y el 38,9% quiere un Estado independiente; mientras que el resto no sabe o no contesta.

¿Hacia dónde acabará decantándose ese 23,2% que quiere estar en España, pero de una manera diferente a la de ser una Comunidad Autónoma, si no hacemos reforma alguna? ¿Queremos sumar apoyos en favor del pacto o les empujamos hacia la ruptura?

¿Entienden por qué les digo que acaso el PSC y su apuesta federal por la que se decantan el 23% de los catalanes es la última viga del puente? Por eso les pido que nos escuchen y que nos ayuden. No es necesario que estemos de acuerdo en todo, pero sí en una cosa. En la disyuntiva “pacto o riesgo de ruptura” vamos a trabajar por el pacto.

Señoras y señores,

Nosotros conocemos los problemas y somos conscientes de los riesgos de tomar posiciones. Pero preferimos los riesgos derivados de mantener las posturas que nos parecen correctas a los riesgos derivados del absentismo, la claudicación o el silencio.

Por eso no vamos a renunciar a nuestro proyecto de construir una Cataluña mejor en una España diferente. Y una España diferente es una España que debe reconocer la singularidad de Cataluña, y también las demás singularidades que existen, al tiempo que asegura la igualdad de derechos de todos los españoles.

Nosotros queremos un trato diferente en lo que somos diferentes y un trato igualitario y justo en lo que debemos ser todos tratados por igual. Y con eso me estoy refiriendo a la financiación de los servicios públicos esenciales.

Ahora que parece que se va a abrir, ¡por fin!, la reforma del modelo de financiación de las Comunidades Autónomas quiero decir que nosotros coincidimos mucho con aquellos que defienden que los recursos destinados a financiar la educación, la sanidad y los servicios sociales, que son las grandes partidas del gasto del Estado del bienestar que gestionan las CCAA, han de ser los mismos, per cápita, para todos los españoles, residan donde residan. Y que, además, han de ser suficientes para la prestación de unos servicios dignos.

Lo que significa que las administraciones responsables de prestar servicios a los ciudadanos: la Administración General del Estado, las CCAA y los municipios, han tener asignadas las partidas suficientes para proveerlos en función de sus competencias.

También defendemos que los impuestos los pagan las personas, no los territorios. Aunque hay que mantener un equilibrio entre el conjunto de lo que los ciudadanos de un territorio pagan y lo que reciben. Por eso no vamos a dejar de defender la solidaridad interterritorial, que queremos que sea compatible con el principio de ordinalidad recogido también en los acuerdos de Granada.

Y quizá lo vamos a tener que hacer solos porque, en un ejercicio de inconsciencia política, el gobierno de la Generalitat parece que ha decidido inhibirse de esa reforma de la financiación. Quieren dejar a Cataluña sin voz en España, sin nadie que represente sus intereses.

¿Qué puede ser más demostrativo de ese espíritu de desconexión que renunciar a discutir la financiación porque prefieren verse ya como un Estado independiente? Un verdadero disparate.

¿Cómo volver a la vía del diálogo, la negociación y el pacto? Poco podemos esperar del gobierno catalán, decidido a romper en el plazo de un año. Tiene poco interés en arreglar problemas concretos, porque sólo busca aumentar su memorial de agravios. A pesar de todo les seguiremos instando a cumplir con su obligación de trabajar para todos. ¡A ver si toman ejemplo del País Vasco y del pacto PNV-PSE!

¿Y qué podemos esperar del gobierno de España?

Hasta ahora no le hemos visto buscar aproximaciones ni acuerdos. A veces ha parecido esconderse en un burladero como si su único papel fuese el de resistir. Pero es el más fuerte desde cualquier punto de vista. Y por eso le hacemos también responsable de la ausencia de diálogo. No debería escudarse en la falta de voluntad negociadora del gobierno catalán. Pues el gobierno de España lo es de toda España, de todos los españoles y, por tanto, de todos los catalanes. Y tiene la obligación de proponer alternativas que no se limiten a esperar a que el paso del tiempo resuelva el problema o a judicializarlo.

El gobierno de España, y si no lo hace el gobierno deberá hacerlo el Congreso de los Diputados, tiene que plantear que se abra ya el debate sobre la reforma constitucional. Y con mayor urgencia el gobierno de España debe trabajar para acordar la financiación, reducir la conflictividad competencial, tener una especial sensibilidad con respecto a los temas educativos, culturales y lingüísticos, acordar las inversiones, impulsar el corredor mediterráneo, mejorar la gestión del servicio de cercanías, revisando si conviene los términos de la transferencia. El gobierno de España, y si no lo hace el gobierno deberá hacerlo el Congreso de los Diputados, tiene que plantearse la necesidad de revisar algunas leyes orgánicas para profundizar en el autogobierno de las Comunidades: la Ley Orgánica del Poder Judicial, la Ley de Régimen Local, la LOMCE. Hay mucho por acordar y por hacer y el tiempo corre desgraciadamente en favor del conflicto. Por eso hablo de urgencia.

El socialismo catalán hubiese preferido otro gobierno en España. Pero reconoce la legitimidad del gobierno actual. Y precisamente porque queremos a Cataluña y la queremos en España, le pedimos al gobierno del PP que no se limite a esperar el desastre anunciado. Le pedimos que actúe, y nos ofrecemos en lo que se nos requiera para echar una mano. Lo sabe ya la Vicepresidenta y lo sabe el nuevo Delegado del Gobierno en Cataluña.

En nuestra opinión, la disyuntiva es clara: pacto o riesgo de ruptura. Y el socialismo catalán, como siempre, trabajará por el pacto. Nos gustaría contar con la ayuda de muchos para conseguirlo. Desde Cataluña y también en el resto de España.

Y ofrecemos también la colaboración de los municipios en los que gobernamos, a empezar por la ciudad de Barcelona que reclama también un mayor compromiso del Estado en materia de inversiones y equipamientos culturales.

Dejo para el debate las cuestiones que por razón del tiempo han quedado fuera de mi intervención. Y sin duda la situación del PSOE y las relaciones entre el PSC y el PSOE merecerán alguna pregunta.

Muchas gracias por su atención.

 

[descarga la intervención en formato pdf]

Intervención en el Consell Nacional del PSC

Intervención de Miquel Iceta en el Consell Nacional del PSC

Barcelona, 25 de octubre de 2016

 

Gracias, compañero Presidente.

Compañeras y compañeros, miembros del Consell Nacional del PSC.

Celebramos hoy una reunión extraordinaria pocos días de la celebración del 13º Congreso del partido. Pero había que hacerla.

Como figura en la convocatoria, se trata de fijar la posición del partido sobre la investidura de Mariano Rajoy.

Y la posición que os proponemos es el voto negativo en primera y segunda votación de la investidura de Rajoy.

Las razones son muy conocidas: no compartimos sus políticas económicas y sociales, no le creemos capaz ni con voluntad suficiente de luchar contra la corrupción y le consideramos en gran medida responsable de la falta de diálogo entre los gobiernos de la Generalitat y del Estado, que está envenenando el problema de fondo de las relaciones entre Cataluña y el resto de España. Una situación que en menos de un año puede conducir a un choque de trenes sobre el que tanto hemos alertado.

Ésta fue la posición que defendí en nombre del partido en el Comité Federal del PSOE. Y ésta es la posición que, de forma unánime, votaron todos los miembros del Comité Federal militantes del PSC presentes en la reunión.

Pero el Comité Federal aprobó por mayoría, 139 votos a favor y 96 en contra, que el grupo socialista en el Congreso se abstenga en segunda votación de la investidura de Mariano Rajoy.

Este es el problema. ¿Qué hacemos ahora? ¿Aceptamos sin más la decisión del Comité Federal o nos mantenemos en la coherencia de nuestra negativa a investir a Mariano Rajoy? Ésta es la decisión que tomamos hoy.

Y la Comisión Ejecutiva os propone que mantengamos el voto negativo también en la segunda votación del debate de investidura de Mariano Rajoy.

Pero tenemos que ser conscientes de que nuestra decisión, entra en contradicción directa con lo que decidió el Comité Federal del PSOE, en el que intervinimos y votamos de acuerdo con lo que establece el Protocolo de Unidad.

Se han alzado voces representativas del PSOE que señalar que esta contradicción puede llevar a revisar nuestra relación federal con el PSOE. Algunos hablan incluso de romperla.

Pedí a la Secretaría de Organización del partido que os enviase, por si no la conocíais, mi intervención en el Comité Federal.

Una intervención pensada, escrita y leída por un Primer Secretario de PSC, que se afilió en septiembre de 1977 al Partit Socialista Popular Català y que en la primavera de 1978 se incorporaba a las Joventuts de la Federació Socialista de Catalunya (PSOE).

Hizo una intervención desde el corazón pero también firme en las convicciones y consciente de representar al socialismo catalán en un debate especialmente delicado. Hablé desde la libertad, el respeto y la fraternidad.

Una intervención en la que reafirmaba nuestros criterios sobre la investidura de Rajoy y, de forma especial, reclamaba respeto a la discrepancia desde la firme voluntad de mantener el vínculo federal entre el PSC y el PSOE.

Sabéis que nunca he sido partidario de revisar el Protocolo de Unidad. En general, no soy muy partidario de cambiar cosas si no hay garantía de mejorarlas.

Pero quizás ahora, desde el PSOE, se pedirá la revisión de lo que se establece en este Protocolo. Es evidente que esto se tendría que producir en un Congreso, porque nuestro encaje orgánico está contenido en la disposición adicional primera de los Estatutos Federales del PSOE. Y en los principios generales que encabezan nuestros Estatutos, y en su artículo 24.

Compañeras y compañeros:

Pero el problema no es un problema de Estatutos. Es un problema político. Nosotros no queremos renunciar a tener un proyecto federal de modernización de España, un proyecto que hay que definir y desarrollar de acuerdo y de la mano de los socialistas de toda España.

Y la decisión que tomemos hoy puede provocar un problema en la relación entre el PSC y el PSOE. Seamos conscientes. Porque, dejémoslo claro, dos partes no pueden desarrollar un proyecto común si una de ellas no lo quiere.

Y el Comité Federal ha tomado una decisión legítima, con unos argumentos tan consistentes como los que podemos defender nosotros, aunque sean argumentos que no compartimos.

Ciertamente yo no había pensado nunca, que el detonante de una crisis entre el PSC y el PSOE sería un voto de investidura a un Presidente del gobierno del PP. Pero es así.

Nuestra decisión puede tener, pues, consecuencias. Si las hay, espero que sabremos ponernos de acuerdo en cuáles tendrían que ser. Y espero que pase lo que pase podamos seguir compartiendo con el PSOE un proyecto federal para España. No me gustaría dar esta satisfacción ni a los inmovilistas ni a los independentista. Y menos ahora.

Los compañeros y compañeras socialistas del resto de España tienen que saber que si tomamos una decisión como la que os proponemos tomar hoy, es para asegurar la utilidad del PSC como instrumento político útil para los ciudadanos y ciudadanas, que se sienten progresistas y catalanistas. Unos ciudadanos y unas ciudadanas que no entenderían que, en el inicio de un curso político crucial en Cataluña, un curso que acabará o en un fracaso o en un desastre a causa de la deriva y aceleración independentistas, el PSC apareciera al lado de una de las locomotoras que han decidido emprender un rumbo de colisión. Una abstención en la investidura de Mariano Rajoy nos inhabilitaría para poder tender puentes y para proponer soluciones en el momento que más falta hacen y harán.

Ésta es la razón fundamental de que hoy nos mueve a proponeros la resolución que se os ha distribuido. Una razón que quisiéramos que fuese entendida por el socialismo español. Sólo quien sepa gestionar diferencias y discrepancias podrá aportar soluciones al encaje de Cataluña en el resto de España. Este es el reto que hoy, PSC y PSOE, tienen planteado.

Muchas gracias.

 

Resolución aprobada por el Consell Nacional del PSC

Razones del PSC para el ‘no’

RAZONES DEL PSC PARA EL ‘NO’
20 minutos, 25.10.16

El pasado Comité Federal del PSOE, defendí la posición de los socialistas catalanes de votar no a la investidura de Mariano Rajoy. Es la misma posición que hoy martes defenderé ante el Consell Nacional del PSC y la que, de salir adelante, mantendrán nuestros diputados y diputadas en las dos votaciones previstas en la sesión de investidura.

Creo que el cambio de posición del PSOE respecto a lo decidido en el Comité Federal del 28 de diciembre de 2015 es un error, y así lo expliqué delante de mis compañeros socialistas, desde la libertad, el respeto y la fraternidad.

La libertad, para decir lo que pensamos. El respeto, para escuchar a todos, coincidan o no con nuestras opiniones. Y la fraternidad de querer seguir compartiendo un proyecto federal, siendo capaces de gestionar la discrepancia.

Las razones del no a Rajoy son sobradamente conocidas. No compartimos su proyecto. Desconfiamos de su capacidad y de su voluntad de luchar contra la corrupción. Y creemos que nuestra posición política quedaría gravemente hipotecada por nuestra abstención, máxime sin haber intentado de verdad un gobierno distinto.

Son razones, son argumentos. No cuestiones de principio, ni de una cruzada del bien contra el mal. No son una verdad dogmática enfrentada a otra. Son nuestros argumentos. Y también el temor de alejarnos de tantos militantes y de tantos electores. Temor acrecentado por haber tomado una decisión sin escuchar a la militancia, como sí hicimos con motivo del pacto con Ciudadanos. Sí, nos da más miedo ese abismo con militantes y electores que la convocatoria de unas terceras elecciones. Y en el caso del PSC, la situación aún es más justificada.

n las primarias recientemente celebradas, he hablado con muchísimos militantes, y estoy convencido de que nuestra posición es ampliamente compartida entre los socialistas y las socialistas de Cataluña, así como por muchos de nuestros votantes y amplios sectores de la ciudadanía catalana.

Por eso, la cuestión es si el socialismo español es capaz de reconocer que hay un elemento diferencial crucial en este tema cuando se aborda desde Cataluña.

El independentismo tiene hoy el apoyo de casi el 48% de los catalanes. Y nosotros hacemos en gran medida responsable de esta situación a un gobierno del PP incapaz de abrir una perspectiva de diálogo. En Cataluña hoy somos pocos quienes propugnamos la vía del diálogo, la negociación y el pacto, desde un total respeto a la legalidad. Estamos convencidos de que es la única solución, la que acabará por imponerse. Pero hoy estamos muy solos en su defensa. Y en este momento, cuando empieza el curso en el que el choque de trenes parece inevitable, no podemos aparecer ni siquiera absteniéndonos en la investidura de uno de los máximos responsables de la ausencia de diálogo. Si lo hiciésemos, dejaríamos de ser útiles para tender puentes, para encontrar una solución a un problema muy serio.

El futuro depende, precisamente, de nuestra capacidad de aceptar las diferencias y gestionar las discrepancias, desde la voluntad de seguir caminando junto a todos los socialistas para construir un proyecto federal para España.