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Intervención en el Debate de política general

El pasado martes se celebró en el Parlament de Catalunya el debate anual sobre política general, a continuación os ofrezco la traducción al castellano de mi intervención.

DEBATE DE ORIENTACIÓN POLÍTICA GENERAL, 16 de septiembre de 2014

INTERVENCIÓN DE MIQUEL ICETA

Gracias, señora presidenta.

Señoras y señores diputados,

Muy Honorable President de la Generalitat,

Me complace tomar la palabra en este debate, por primera vez como Presidente del Grupo Socialista, en un momento de especial transcendencia para el futuro de nuestro país.

Quiero comenzar expresando mi respeto hacia el President Mas y su gobierno, que están afrontando una situación económica y política especialmente delicada. Yo no seré tan duro como usted con gobiernos anteriores cuando era líder de la oposición. De lo que va bien me alegro y por la parte que le corresponde, le felicito.

Pero, President, ayer su discurso nos defraudó por estar demasiado alejado de la realidad, por ser demasiado autocomplaciente desde nuestro punto de vista. Era un discurso en el que no aparecían las personas sin trabajo, ni aquellas con salarios bajos o trabajo precario, ni aparecían los jóvenes que han tenido que marcharse, ni el 20% de los catalanes que están por debajo del umbral de la pobreza, ni los empresarios con dificultades, ni los autónomos que se ven obligados a dejar su actividad, ni las mujeres discriminadas laboralmente, ni tantos y tantos otros.

Por otro lado, President, el suyo era un discurso falto de credibilidad en la medida que era incapaz de aceptar ninguna responsabilidad sobre las cosas que van mal. Y las hay , President, las hay.

Mire President, no se pueden utilizar encuestas de satisfacción de usuarios de la sanidad pública sin decir que el problema no es el de las personas atendidas que, efectivamente, comprueban el alto nivel de nuestro sistema público de salud. El problema son las listas de espera, la incertidumbre de tantas y tantas personas que no saben cuándo serán atendidas. El problema es que el gasto público sanitario per cápita en Cataluña es un 25% inferior a la media europea. El problema es que hay 1.250 camas estructurales menos, 1.000 para enfermos agudos y 250 para pacientes del  sistema sociosanitario.

La prioridad de su gobierno, señor President, deberían haber sido las más de 750.000 personas desempleadas en nuestro país. La prioridad debería haber sido las políticas de relanzamiento económico y fortalecimiento de las redes de protección social. La prioridad hubiera tenido que ser garantizar la calidad de los sistemas públicos de educación y salud. Y, desde nuestro punto de vista, la prioridad de su Gobierno no ha sido ésta. Bastaría con repasar las comparecencias semanales del portavoz del Gobierno.

En el año 2010 había en Cataluña 676.000 personas en paro, y hoy son más de 750.000. La población ocupada en 2010 era de 3.242.300 personas, hoy es de 3.040.000. El 40 por ciento de las personas desempleadas no tiene ningún tipo de subsidio o prestación. En 2010 la deuda pública era de 35.616 millones de euros, y acabaremos el año 2014 claramente por encima de los 60.000 millones.

El gasto social per cápita se sitúa hoy a niveles del año 2004. Es decir, hemos retrocedido una década en gasto público de carácter social. Así, por ejemplo, el gasto en salud, educación, bienestar y ayudas sociales a la vivienda ha caído en 2.763 millones de euros desde que ustedes han vuelto al gobierno.

Ninguna mención a las medidas aprobadas en el pleno monográfico sobre juventud, señor President. La palabra “desigualdad” no sale en su discurso, cuando es el desequilibrio más grave que tenemos y afecta tanto a nuestra cohesión social como a las expectativas de recuperación económica. Nos habla de incremento de becas comedor, que se ha producido, pero el problema es que muchos niños que las necesitan no las tienen.

No me interprete mal, President: todos somos conscientes de que el margen del gobierno es escaso. Pero muchos creemos que ustedes no han sido capaces de utilizar este pequeño margen porque tienen prioridades y políticas equivocadas.

Hoy tenemos más paro y mucha más deuda pública que cuando usted llegó al gobierno. Usted habrá producido más deuda pública en cuatro años que los gobiernos de izquierdas en siete años. Y hoy los servicios sociales, la educación y la salud públicas han perdido el impulso que recibieron de los gobiernos de izquierdas.

Pero no quiero ser injusto. Soy plenamente consciente de las dificultades que afronta el gobierno. Porque, en efecto, ha continuado la caída de ingresos públicos debida a la crisis económica, y también a la mezquindad del gobierno central, y seguramente son muchas las razones que pueden aducirse para derivar responsabilidades hacia Madrid, o hacia la política de la Unión Europa, dominada por liberales y democristianos. Y, sí, una política que la socialdemocracia no ha podido enderezar.

Pero, President, recortes, muchos; reforma, ninguna. Recortar en políticas de inserción laboral de personas con discapacidad supone quitar derechos a estas personas y, por otro lado, tener que pagar más por los servicios asistenciales que tienen que recibir. No podemos dejarlo todo, y aquí exagero un poco pero es para que me entienda, en manos de la “Grossa” de Navidad o del Maratón contra la pobreza.

No basta con situar a Madrid y al Presidente Rajoy como el origen de todos los males. Déjeme que le ponga algunos ejemplos de cosas que dependen de nosotros y que no hacemos lo suficientemente bien. Porque el autogobierno es para ejercerlo, no para dormirse en los laureles atribuyendo a los anteriores gobiernos y al gobierno de España todos los males. Y conste, quiero ser justo, que en algunos casos no me estoy refiriendo solamente a responsabilidades gubernamentales, sino a deficiencias en la política catalana en las que todos tenemos alguna responsabilidad.

Por ejemplo, nos quejamos de la politización del Tribunal Constitucional, pero el sistema de elección de los miembros del Consejo de Garantías Estatutarias es casi el mismo, ¿no es cierto? Y esta responsabilidad es exclusivamente nuestra.

Nos quejamos, con razón, de que no nos dejan votar, pero aquí somos incapaces de acordar una ley electoral. Por ese motivo no tenemos acceso al censo ni una Sindicatura Electoral en Cataluña. Y esto es responsabilidad exclusivamente nuestra. Repito: nuestra, no estoy hablando del Gobierno.

Nos quejamos, justificadamente, del excesivo déficit fiscal de Cataluña, pero aprobar los presupuestos de la Generalitat cuando toca y elaborar con realismo las previsiones de ingresos y gastos públicos depende solamente de nosotros. Y lo cierto es que desde que usted gobierna los presupuestos siempre se han presentado con retraso o se han prorrogado, y su gobierno siempre ha generado más déficit y deuda públicos de lo previsto.

Este año, por ejemplo, President, usted ha prometido no reducir más el gasto público, y para cumplir este compromiso su gobierno ha de obtener aproximadamente unos 3.000 millones de ingresos extraordinarios, los 2.318 contemplados en los presupuestos más el desvío del déficit del año 2013. Usted sabe que esta previsión no se cumplirá ni de lejos.

¿Y cuáles serán las consecuencias de esta previsión errónea? ¿Quién pagará esta falta de realismo de su gobierno? No es temerario pensar que compensarán esta desviación en la previsión de ingresos recortando el gasto y que, nuevamente, la ciudadanía tendrá que pagar las consecuencias de una gestión económica poco eficiente.

Decimos que conviene mejorar la eficacia y la eficiencia del sector público catalán, pero mientras tanto, sin una reflexión a fondo sobre lo que tenemos, lo que necesitamos y cómo convertirlo en más eficiente y más eficaz, ya hablamos de nuevos Consells Comarcals, y queríamos pasar de cuatro provincias a siete veguerías, y ya estábamos hablando de alguna más.

Nos quejamos de la manipulación de televisiones públicas que dependen de otras instituciones, mientras que aquí el Sindicat de Periodistes de Catalunya, nos alerta sobre la falta de neutralidad de TV3.

Quiero decir, President que, sin menospreciar las dificultades con las que topamos debido a la crisis y a incomprensiones e incompetencias ajenas, en lo que depende de nosotros deberíamos hacerlo mejor. Y no lo hacemos lo suficientemente bien.

Últimamente hemos tenido otra noticia que demuestra que no siempre estamos a la altura. Hablo de la declaración del ex President Jordi Pujol i Soley. Y vaya por delante que hubiese preferido, como todos, y seguro que como el President de la Generalitat, que su comparecencia ante la Comisión de Asuntos Institucionales del Parlament se hubiese producido antes de este debate, pero lamentablemente no ha sido así.

President, a nadie pueden gustar las noticias que apuntan a posibles irregularidades o delitos cometidos durante anteriores etapas de gobierno de su partido. Pero demasiado a menudo hemos escuchado como única explicación que todo ello eran ataques a Cataluña y a su autogobierno.

Todavía resuenan las palabras de Jordi Pujol con motivo del caso Banca Catalana en el año 1984: “El Gobierno central ha hecho una jugada indigna. Y a partir de ahora, cuando alguien hable de ética, de moral y de juego limpio, hablaremos nosotros. No ellos”.

El caso Banca Catalana fue utilizado como una especie de vacuna. A partir de entonces, en este y en otros terrenos, el victimismo sustituyó a la autoexigencia. A partir de entonces un velo se extendió sobre determinadas cuestiones que hoy salen a la luz. Y la cuestión es que no han sido los mecanismos de control de las instituciones catalanas, no hemos sido nosotros los que hemos detectado irregularidades o delitos. Nos lo han tenido que decir otros. Y este es un grave problema de Cataluña.

Usted también se acordará del duro intercambio que mantuvo en esta Cámara con el President Maragall cuando él aludió al 3% de las comisiones en obra pública, y que después ustedes le presentaron una querella que afortunadamente se retiró. No recuerdo estos hechos para hacerle un reproche. Sencillamente quiero ilustrar cómo las instituciones catalanas no han estado a la altura de lo que los ciudadanos exigen, que no es otra cosa que transparencia, y garantías de que cuando algún responsable político obra mal, el hecho será detectado y castigado.

En este sentido, señor President, quiero preguntarle expresamente si ha dado instrucciones para que sean investigadas todas las informaciones surgidas en las últimas semanas que apuntan a negocios privados al amparo de la actividad de la Generalitat.

Para acabar con la sospecha generalizada y para recuperar nuestra autoestima colectiva, hay que aclarar los hechos y disipar las dudas. Y creo que en este sentido el gobierno de Cataluña podría hacer más de lo que está haciendo.

President, si no elevamos el nivel de autoexigencia de las instituciones catalanas no estaremos a la altura de lo que la gente espera. Y es mucho mejor que usted tome la iniciativa, como lo hizo con las 51 medidas para regenerar la democracia y para la transparencia, para evitar que la lucha contra la corrupción se convierta en un campo de batalla partidista.

En definitiva: nos hace falta más autoexigencia en todos los terrenos. También en los de la consulta.

Y quiero dejarlo claro de entrada. El Grupo Socialista es partidario de una consulta legal y acordada. Nosotros creemos que no habrá solución estable al grave problema de encaje entre Cataluña y el resto de España sin que la ciudadanía se pueda pronunciar en las urnas.

Nosotros hemos dado y daremos apoyo a la ley de consultas populares no referendarias, pero creemos que esta ley no puede servir para hacer la pregunta que usted ha acordado con ERC, ICV-EUiA y la CUP, la doble pregunta encadenada que usted se ha comprometido a incluir en el decreto de convocatoria que firmará poco después de aprobar la ley.

Permita que le haga una pregunta muy concreta. En su acuerdo con Esquerra Republicana de Cataluña se contempla la utilización de la Ley 4/2010 del Parlament de Catalunya, de consultas populares por vía de referéndum. Se ha renunciado a hacer eso.

Probablemente me dirá que no vio la mínima disposición a negociar por parte del Gobierno español. Lo acepto. Pero si ustedes mismos en su programa veían que para hacer un referéndum había que activar las previsiones de la Ley 4/2010 de consultas populares por vía de referéndum ¿por qué piensan que pueden formular la pregunta que han acordado, propia de un referéndum, utilizando la ley de consultas populares no referendarias? ¿Usted no ve en ello ningún problema?

Con su pacto con ERC, partido que respetamos y conocemos bien, usted ha convertido esta legislatura en una frenética cuenta atrás que en teoría acaba el 9 de noviembre. Y hoy, muchos catalanes y catalanas, a pesar de las buenas intenciones, a pesar del trabajo de la vicepresidenta, nos tememos y lamentamos que el 9-N la consulta no se podrá realizar. Probablemente y en primer lugar por la oposición frontal de las instituciones del Estado.

Pero sigo con mi argumento de la autoexigencia. Usted también ha hablado a menudo de la necesidad de “hacer las cosas bien”.

¿Era razonable fijar el año 2014 como fecha inamovible de la consulta con mayoría absoluta del PP? ¿No hubiese sido más sensato darnos de plazo toda la legislatura? Estoy convencido de que usted lo hubiera querido así, pero que tuvo que claudicar ante la exigencia del socio que usted mismo había elegido para compensar su retroceso electoral de 12 escaños.

¿Era razonable plantear la cuestión en términos de soberanía, tal y como se hizo con la Declaración de soberanía del Parlament el 23 de enero de 2013, hoy anulada? ¿Era ésta la mejor manera de iniciar una negociación con el Estado?

¿Fue inteligente fijar de forma unilateral fecha y pregunta el 12 de diciembre pasado?

Ustedes mismos entendieron que para hacer la pregunta necesitaban la autorización del Estado, y por ello pidieron la transferencia de la competencia para convocar referéndums. Al ser denegada esta transferencia, ¿cómo piensan que se puede hacer esta misma pregunta utilizando la vía de las consultas populares no refrendarias?

De hecho, el primer Informe del Consell Assessor per a la Transició Nacional ya señalaba las dificultades y la fragilidad de esta vía.

La ley ha pasado la evaluación del Consell de Garantías Estatutarias, sí. Por eso el Grupo Socialista la votará favorablemente. Repito. Pero no podemos olvidar que se han producido cuatro votos particulares. Simplificando podemos decir que ha pasado la prueba con un 5 a 4. ¿No cree que eso aconseja mejorar en lo posible la ley? Por este motivo nosotros hemos presentado 4 enmiendas. Para intentar blindar la ley y la consulta. Porque nosotros queremos que se pueda celebrar una consulta ¿Conoce, President, estas enmiendas? Doy por hecho que sí, su fama de trabajador incansable le precede. ¿No valdría la pena que fuesen seriamente consideradas y aceptadas?

Si una ley tan importante, la que tiene que posibilitar la consulta del 9 de noviembre, cuando pasa el examen de un organismo tan nuestro como el Consell de Garanties Estatutàries, obtiene un 5 a 4, ¿qué pasará cuando llegue, que llegará, al Tribunal Constitucional?

Si se aprueban nuestras enmiendas, por ejemplo, la pregunta podrá ser validada por el Consell de Garanties Estatutàries. Y el decreto de convocatoria podrá decir en qué competencia de la Generalitat se ampara la pregunta que se quiere formular.

Para hacer las cosas bien tenemos que mantenernos siempre en el marco democrático del Estado de derecho, principal obligación de las instituciones públicas y de todo gobierno. Cuente con nosotros para hacer posible la consulta en este marco. Podemos y queremos ayudar.

President, desde nuestro punto de vista, el balance de estos dos años de acción de gobierno, o cuatro, si contamos la legislatura anterior, que fue un poco breve, no es positivo.

Escasas medidas de impulso a la economía; fuertes recortes sociales; recortes importantes en el Departamento de empresa y empleo, la partida de innovación ha padecido un recorte del 90%; nulo desarrollo del pacto “Más Industria”; no se ha cumplido el compromiso de presentar la ley de comercio, mientras el comercio de proximidad ha perdido 50.000 puestos de trabajo y han cerrado más de 3.500 establecimientos; en materia de empleo hemos pasado de destinar 569 millones de euros en 2010 a 198 millones en 2012 y 180 millones en 2014; deben más de 150 millones del Plan de Barrios a los Ayuntamientos; han disminuido las ayudas al alquiler, hay impagos muy importantes a agricultores y cooperativas…

President, llevamos cuatro años desperdiciados y muchos tenemos la inquietante sensación de que usted ha colocado a Cataluña en un callejón sin salida.

Le tengo que confesar que una de las principales dificultades a las que me he enfrentado en el momento de preparar mi intervención ha sido luchar contra el convencimiento de que este será el último gran debate de esta legislatura. Y más después de haber escuchado ayer la última parte de su intervención.

Pero, Sr. President, y lo digo respetuosamente, usted tiene la obligación de agotar la legislatura precisamente porque ya avanzó las anteriores elecciones. En nuestra opinión tendríamos que aprovechar los dos años de legislatura que quedan para establecer un nuevo contrato social en Cataluña.

President, con motivo de nuestra Diada Nacional, por tercer año consecutivo, muchísima gente se manifestó en Barcelona a favor de la consulta, muchos de ellos a favor de la independencia. Muchos de los que no nos manifestamos también queremos un cambio profundo en las relaciones entre Cataluña y el resto de España, y estamos convencidos de que no hay solución estable que no pase por el voto de las catalanas y los catalanes.

Pero detrás de este malestar ciudadano, President, al menos yo lo veo así, no hay solamente una preocupación de identidad, territorial o de autogobierno. Hay algo más profundo: existe el convencimiento de que el contrato social, aquel contrato invisible que vincula al gobierno con sus conciudadanos, se ha roto, que ni el modelo socioeconómico ni el funcionamiento de las instituciones responden ya a las aspiraciones ciudadanas. En nuestra opinión, hay que aprovechar los dos años de legislatura que queda para establecer un nuevo contrato social en Cataluña.

Hay un clamor contra los estragos de las políticas de austeridad dogmática, la constatación de que la economía no está al servicio de las personas, que los mercados dictan las leyes en lugar de ser la política la que regula los mercados.

Muy mayoritariamente los catalanes no se resignan a ser un país con pocas empresas competitivas internacionalmente y sin oportunidades para las personas emprendedoras, a un país sin esperanza, sin oportunidades, con poco trabajo y precario, y salarios de miseria. Muchos catalanes no se resignan al deterioro sistemático de los servicios sociales, de la sanidad y la educación públicas, al incremento de las desigualdades y la pobreza, a la violencia machista. Y no ven una respuesta eficaz a sus problemas desde la política. Vuelvo a decir, desde la política, no solamente desde el gobierno.

Y la respuesta no puede ser, otra vez, avanzar las elecciones. La legislatura de 2010 se acabó de forma abrupta a medio mandato, en teoría por el fracaso en conseguir el pacto fiscal, y ésta puede acabar también a medio mandato por el fracaso para organizar la consulta perfecta. No deberíamos acumular fracasos.

El error fue poner fecha a la consulta sin garantías de poder celebrarla. Que quede claro: no le estamos pidiendo que abandone la perspectiva de hacer la consulta; al contrario, le estamos pidiendo que trabaje hasta el final de la legislatura para hacerla posible, y también para responder a las preocupaciones y exigencias de la ciudadanía. Y nos ofrecemos a colaborar para conseguir estos objetivos.

President, creemos factible establecer acuerdos para desarrollar las prioridades que usted señalaba ayer y con las que en gran medida coincidimos.

Tendría perfecto derecho a no creerme, pero ayer ya tenía el primer borrador del discurso de hoy: el relanzamiento económico y la creación de empleo; la defensa del estado del bienestar; la regeneración democrática; y la negociación de un nuevo acuerdo político con el resto de España que sea sometido a referéndum de los catalanes. Son prioridades de sentido común, son las que la gente nos pide ¿A la gente que nos está pidiendo esto les tenemos que decir que cómo no somos capaces de hacer algo que no depende de nosotros, enviaremos la legislatura a hacer puñetas?

Sé que las cosas son como son, que la política catalana tiene algunas reglas que la hacen especial y muy nuestra. Pero después de este debate no debería quedar la idea de que el mundo se acaba el 9 de noviembre. Tengo una buena fuente que me ha dicho que no es así. No se acaba el 9 de noviembre: no lo dijo Kant (alusión al discurso de Oriol Junqueras), pero no se acaba el 9 de noviembre. De nosotros depende dotar de contenido la política catalana de los próximos dos años. De todos nosotros.

Nuestras propuestas de resolución van en esta dirección, y están guiadas por una voluntad de mano tendida, de propuesta en positivo. Le avanzo de forma breve algunos de los elementos de estos cuatro ejes:

  • Relanzamiento económico y creación de empleo:

Priorización presupuestaria de las políticas activas de empleo, medidas de fomento de los emprendedores, apoyo a la industria y a las empresas más competitivas, el comercio y el turismo, prioridad al corredor mediterráneo, la línea 9, los servicios de cercanías, y los accesos al puerto y al aeropuerto, reforma y fortalecimiento del Servicio de Ocupación de Cataluña, disposición a acordar la ley de la Formación Profesional, Plan de rescate para personas desempleadas de larga duración, convocatoria extraordinaria del Plan “Trabajo en los Barrios”,  asegurar el mantenimiento de los Centros Especiales de Trabajo, facilitar la transición al mundo laboral de las personas con discapacidad, mayor activismo de la inspección de trabajo, modificación del impuesto de sucesiones, mejor coordinación para combatir el fraude y la evasión fiscal, impulso a la universidad y la investigación, consideración de la educación como inversión social, elaboración de una ley de cambio climático y energía, revertir la reducción del presupuesto del Departamento de Agricultura.

  • Garantía de los servicios públicos y eficacia de la protección social:

Ir más allá de las resoluciones aprobadas en el pleno extraordinario sobre la pobreza con un acuerdo para luchar contra el crecimiento de las desigualdades sociales en nuestro país y para la cohesión social, garantizar las becas y las becas comedor para quien las necesite, impulsar medidas efectivas contra la pobreza energética, restablecer la convocatoria de ayudas para la adquisición de libros de texto, garantizar las prestaciones para hijos a cargo a todas las familias en exclusión y riesgo de exclusión, ampliar y fomentar las políticas para favorecer la vivienda de alquiler, impulsar las medidas contra la violencia machista visto el incremento de mujeres fallecidas durante este año, comenzar a compensar los recortes en salud, acordar un plan de choque para garantizar la accesibilidad de los servicios sanitarios, garantizar la absoluta transparencia y rendición de cuentas de todos los centros sea cual sea el sistema de provisión del servicio, asegurar la viabilidad de la ley de la dependencia y promoción de la autonomía personal, repensar el copago de los servicios sociales, eliminar la previsión de la supresión de la paga extra a los empleados públicos para 2014, velar por la calidad de los servicios penitenciarios y en especial de la justicia juvenil

  • Regeneración democrática:

Aprobación de la ley electoral de Cataluña, aprobación de la ley de transparencia, revisión de los mecanismos de provisión de los órganos de la Generalitat nombrados por el Parlament, pago de las deudas con la administración local, despliegue de las medidas de regeneración democrática que usted anunció el 22 de febrero de 2013.

  • Negociación de un nuevo acuerdo político con el resto de España que sea sometido a referéndum:

President, nos ponemos a su disposición para contribuir a la negociación de las 23 cuestiones que usted planteó al Presidente Rajoy en su última entrevista.

Nosotros también queremos votar y queremos ayudar a la negociación de un nuevo acuerdo político con las instituciones del Estado que sea sometido al voto de la ciudadanía. Como bien sabe somos partidarios de una profunda reforma constitucional que, entre otras cuestiones, reconozca el carácter plurinacional de España, nos dote de estructuras federales, garantice el pleno despliegue de nuestro autogobierno, blinde nuestras competencias en materia de lengua, educación y cultura, y haga posible un pacto fiscal que asegure el principio de ordinalidad, que se no se cumple, y la creación de un Consorcio Tributario presidido por la Generalitat que gestione todos los impuestos soportados en Cataluña. Es muy difícil, hay quien dice que más que la independencia, pero lo tenemos que hacer.

Somos conscientes de que muchas de estas propuestas requieren también de cambios a nivel europeo y español, de revisión de nuestra fiscalidad, de duras negociaciones con el gobierno de España sobre los límites de déficit y el funcionamiento del Fondo de Liquidez Autonómica. Y de un nuevo sistema de financiación. Aquí, por cierto, usted cumplió: dijo que el gobierno de Cataluña no se empeñaría en ello y no lo ha hecho. Pero el resultado es que no tenemos un nuevo modelo de financiación. Y, como usted ha dicho, tendría que estar en vigor desde el 1 de enero de este año. No tenemos que renunciar. La Generalitat debería ser mucho más activa en este terreno.

President: somos conscientes de la dificultad del momento, de los estragos de la crisis económica, de la dificultad de dialogar y negociar con el gobierno de España, de las enormes expectativas levantadas en importantes sectores de la sociedad catalana, y somos conscientes de que, al fin y al cabo, las responsabilidades políticas solamente le serán exigidas a usted, Sr. President.

Sabe que con nosotros, los socialistas, se puede contar para hacer avanzar la vía del diálogo, la negociación y el pacto, desde un estricto respeto al estado de derecho y desde el convencimiento de que leyes cambian leyes, y de que hay que cambiar la Constitución.

Permítame, President Mas, que se lo exprese con toda claridad: para la estabilidad política, el crecimiento económico, la cohesión social, y el fortalecimiento nacional se puede contar con nosotros. Para aventuras, rupturas o el desmantelamiento del Estado social, no.

Muchas gracias, señora Presidenta, señoras y señores diputados.

Cataluña, claves para España y Europa

Acaba de salir en formato digital el número monográfico de la revista Política Exterior “Cataluña, claves para España y para Europa” con artículos de Stéphane Dion, Malcolm Rifkind, Walter L. Bernecker, Jordi Pujol, Miguel Herrero, Xavier Vidal-Folch, Josep Borrell, Oriol Junqueras, Josep Piqué, Javier Pérez Royo, Germà Bel, Araceli Mangas, Miquel Iceta, Gabriel Elorriaga, Josep M. Colomer, Joan Herrera, Angel de la Fuente, Enric Ucelay Da Cal y Màrius Rubiralta. Os lo podéis descargar entero aquí o podéis descargaros mi contribución “La solución federal“.

No, la secesión perjudicaría a los ciudadanos

Hoy el Huffington Post me publica el artículo que encontraréis transcrito a continuación.

No, la secesión perjudicaría a los ciudadanos

La independencia sería, desde mi punto de vista, la expresión de un fracaso colectivo: la constatación de nuestra incapacidad de construir, en Cataluña y en España, un proyecto común en que conviven ciudadanos con identidades múltiples y sentimientos diversos.

No soy independentista. No por no querer lo suficiente a Cataluña, sino porque creo que la independencia sería altamente perjudicial para Cataluña y para España.

En un mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas; en una España plural y diversa, levantar barreras y divisiones es un mal negocio.

El federalismo, el ideal de la convivencia entre diferentes, es la mejor solución al encaje de Cataluña en España. Quiero una España federal, suma de autogobierno y Gobierno compartido. Quiero una Cataluña hermanada con el resto de pueblos de España y cuya singularidad sea plenamente reconocida en una España nación de naciones.

La pérdida de dimensión económica, cultural, demográfica y política es un grave riesgo, tanto para Cataluña como para España. En el mundo en que vivimos, perder tamaño es perder oportunidades. Nadie ha sido capaz de calcular los costes y las incertidumbres de un proceso de separación, con toda seguridad excesivos; probablemente, insoportables.

Por otro lado, si Cataluña se separase de España no dejarían de ser vecinas. Cataluña puede separarse de España pero no puede abandonar la península ibérica. ¿Cómo puede beneficiar a Cataluña la separación, el alejamiento traumático de sus vecinos más inmediatos, que serán para siempre sus vecinos y con los que siempre le convendrá tener las mejores relaciones posibles?

La secesión perjudicaría a los ciudadanos, una gran mayoría sufriría al ver desgarrarse sus identidades plurales y compartidas; obligados a considerar como extranjeros a buena parte de sus conciudadanos, de repente muchos deberían considerar como extrañas cosas que les eran propias.

Y, además, la secesión perjudicaría también a la integración europea. Más allá de la evidencia de que, al menos por cierto tiempo, Catalunya quedaría fuera de la UE, la fractura de un país miembro de la Unión Europea plantea interrogantes sobre el propio funcionamiento de la Unión, sus relaciones con lo que a partir de entonces sería un país tercero y sobre el riesgo de incentivar procesos similares en otros países miembros.

La secesión crearía más problemas de los que pretende resolver. Ante esto, cabe buscar otras respuestas. Soluciones que pasan necesariamente por el diálogo, la negociación y el pacto, elementos definitorios del federalismo.

Conferencia en el Foro Nueva Economía

CONFERENCIA EN EL FORO NUEVA ECONOMIA

Madrid, 9 de septiembre de 2014

Muy buenos días señoras y señores, amigos i amigas,

Quiero agradecer a José Luis Rodríguez, presidente de Nueva Economía Fórum, y a los patrocinadores, ASISA, BT y Red Eléctrica de España, la amable invitación que me permite dirigirme hoy a todos ustedes.

Quiero agradecer también a Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, sus palabras de presentación que son una muestra de amistad y de compromiso político.

Aprovecho para decir que, en mi modesta opinión, Pedro Sánchez es quien más está haciendo en estos momentos para intentar resolver el problema de relación entre Cataluña y el resto de España que, junto a la crisis económica y sus efectos, es la cuestión más grave a la que nos enfrentamos como país en los últimos años.

Precisamente por la gravedad del tema, y por la inminencia de la celebración de la Diada nacional de Catalunya y de la convocatoria de una consulta por parte del presidente Mas, voy a centrar mi intervención en esta cuestión.

Sin agotar las razones de fondo que explican las razones del malestar de amplios sectores de la sociedad catalana sobre el que alertaron sin éxito los presidentes Maragall y Montilla, déjenme que recuerde la batalla frontal del PP contra el Estatuto, que llegó por cierto a recoger firmas para pedir un referéndum ilegal. O la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto que, por vez primera y única en nuestra historia democrática, modificó un texto legal que había sido sometido a referéndum de los ciudadanos tras haber cumplido escrupulosamente el trámite parlamentario. O la crisis económica que alimenta la percepción de maltrato fiscal. O, para acabar, la erosión del autogobierno causada por decisiones del Gobierno de España o del partido que lo sustenta, que tampoco ha mostrado mucho talento al abordar cuestiones sensibles como la lengua: han llegado al punto de aprobar una ley para denominar LAPAO (lengua aragonesa propia del área oriental) a las variedades dialectales del catalán noroccidental.

Sobre el delicado tema de las lenguas de España confío que el Seminario “El reconocimiento de la pluralidad lingüística en España” que se celebra hoy mismo en la Fundación Ortega-Marañón aporte claridad y esperanza de cara al futuro.

Créanme que no me refiero a estas cuestiones con afán polémico, pues a estas alturas eso no sirve de mucho. Ni tampoco para ocultar errores que se hayan cometido desde los partidos e instituciones catalanas, pues eso tampoco sirve ya de nada.

El caso es que nos encontramos en vísperas de un conflicto institucional que se producirá inevitablemente cuando el Tribunal Constitucional con toda probabilidad suspenda cautelarmente la convocatoria de una consulta convocada por el gobierno de la Generalitat a partir de la ya inminente aprobación de la Ley de consultas populares no referendarias.

El gobierno de Cataluña se ha comprometido a convocar una consulta el 9 de noviembre con una pregunta acordada con ERC, ICV-EUiA y la CUP que, a mi juicio, ni siquiera cabe en la ley que aprobará el Parlament. Se quiere formular una pregunta propia de un referéndum en el marco de una ley de consultas populares no referendarias. Una Ley que, por cierto, teniendo el aval del Consejo de Garantías Estatutarias, y por eso vamos a votarla, mereció cuatro votos particulares de un organismo formado por nueve personas.

En una situación normal, tras la suspensión cautelar, todo el mundo aceptaría el papel arbitral del Alto Tribunal y esperaría a su resolución definitiva, tanto por lo que se refiere a la ley como a la convocatoria de la consulta. Pero hay partidos en Cataluña que urgen al president Mas a hacer caso omiso de las decisiones del Tribunal. Y espero que sea el propio president quien desdeñe esos envenenados consejos que encierran un peligro que no quiero ni siquiera entrar a considerar.

En todo caso, no podemos desconocer que son muchísimos los catalanes que desean votar, y lo veremos con motivo de la Diada. Y han de saber que muchos catalanes que no nos manifestaremos el 11 de septiembre decimos también que no puede haber solución estable al actual desencuentro que no pase por someterla al voto ciudadano.

Somos muchos quienes no nos resignamos al choque de trenes y reclamamos de los presidentes Rajoy y Mas un diálogo que por lo que parece es hoy totalmente inexistente.

Confío en que el período que se abrirá tras la más que previsible suspensión cautelar de la consulta por parte del Tribunal Constitucional pueda servir para retomar al diálogo entre gobiernos.

Quisiera emplazar a los presidentes Rajoy y Mas al diálogo, que no se atrincheren en sus razones, que no busquen excusas en los errores de la otra parte, que abandonen cálculos partidistas y electorales, que no esperen a que se llegue a un punto sin retorno, que nos ahorren a todos un enfrentamiento sin sentido que a todos perjudicaría.

Estando en Madrid entenderán que me dirija especialmente al presidente Rajoy. Supongo que sigue con atención los preparativos del referéndum escocés, y debe ver como en estos últimos días, y sin duda azuzados por encuestas que apuntan a un resultado incierto, David Cameron, con el apoyo de otros partidos, está proponiendo un nuevo acuerdo a los escoceses, demostrando que no se refugia en el inmovilismo, convencido de que un nuevo pacto es más beneficioso para todos que la secesión.

Los socialistas, para evitar los callejones sin salida, proponemos soluciones concretas al problema, en la senda iniciada por Alfredo Pérez Rubalcaba y Pere Navarro, que ha recibido el renovado impulso de Pedro Sánchez. La propuesta no es otra que una profunda reforma constitucional que sea sometida al voto de todos los españoles y pueda recibir el apoyo mayoritario de los catalanes.

Las propuestas de corte federal ofrecen alternativas al actual desencuentro entre las instituciones catalanas y españolas en un marco que proporciona soluciones a problemas del conjunto del Estado de las Autonomías, aquejado de un exceso de conflictos competenciales, de profundas carencias en materia de cooperación entre las administraciones, de agravios económico-financieros, el fallido papel del Senado como cámara territorial, etc.

Es por ello que de forma muy breve quisiera exponerles los cuatro ejes que a mi juicio deberían vertebrar una propuesta de reforma constitucional federal. Reconocimiento, Reglas, Representación y Recursos.

Primer eje, reconocimiento. La reforma constitucional que conviene a España y a Cataluña, asegurará tanto la unidad del Estado como el reconocimiento de la identidad nacional catalana, de su singularidad en el marco español. Una singularidad que tiene raíces históricas profundas y se manifiesta especialmente en su lengua, su cultura, el derecho civil y las instituciones de autogobierno. Se trata de los derechos históricos ya recogidos en el Estatuto y que, a nuestro juicio, deberían incorporarse también a la Constitución.

Segundo eje, reglas. La reforma constitucional que conviene a España deberá contener reglas claras que delimiten con precisión los espacios competenciales del Estado federal y las Comunidades, permitiendo que éstas puedan desarrollar sin cortapisas las políticas públicas que tienen encomendadas, procurando la máxima proximidad, eficacia y eficiencia, evitando duplicidades e innecesarias interferencias del gobierno federal.

Tercer eje, representación. La reforma constitucional que conviene a España reformará profundamente el Senado, que debería convertirse en un Consejo Federal con presencia de los gobiernos de las Comunidades, para que éstas participen de la política legislativa general, y especialmente en el establecimiento de las normas de cooperación horizontal y de la financiación.

Cuarto y último eje, recursos. La reforma constitucional que conviene a España debería recoger un federalismo fiscal basado en los principios de suficiencia, justicia y solidaridad que, entre otras cosas, asegure un trato económico justo para todos incorporando el principio de ordinalidad, y que, a través del Consorcio Tributario que proponemos, otorgue a las Comunidades que lo requieran, la capacidad de recaudar y gestionar el conjunto de impuestos soportados en sus territorios, asegurando eficacia, transparencia y automatismo en los flujos fiscales entre Comunidades y Estado.

No nos cansaremos de defender esta propuesta, por mucho que algunos, que no proponen nada, digan que es inconcreta. Les invitamos a leer con calma los acuerdos de Granada, lecturas que pueden ampliarse con los importantes documentos elaborados por la Fundación Alfonso Perales o la Fundación Rafael Campalans.

Si se aportan otras ideas, estaremos encantados de estudiarlas, discutirlas y construir también sobre ellas un nuevo acuerdo.

Pero debo insistir en dos elementos que me parecen de difícil refutación: el primero, así no podemos seguir; el segundo, cualquier solución de fondo debe someterse al veredicto ciudadano.

No nos cansaremos de repetirlo, no hay salida al actual atolladero sin diálogo, negociación y pacto. Esa no es la tercera vía. Es la primera. Y, si me apuran, la única.

Quienes piensan que las revelaciones del caso Pujol, una eventual renuncia de Mas o la derrota de CiU en unas elecciones resolverán el problema se equivocan. Tampoco desaparecerá el problema tras anular la consulta que se pretende convocar para el 9 de noviembre. El hartazgo de amplios sectores de la sociedad catalana es grande y sus causas, diversas. Los avatares de tal o cual dirigente o de tal o cual partido pueden entorpecer el proceso pero no harán desaparecer el problema de fondo. En algún caso pueden incluso complicarlo aún más.

Acabo para dar espacio al debate. Los socialistas estamos comprometidos en la vía del diálogo, la negociación y el pacto. Tenemos propuestas concretas que aportar en ese esfuerzo y tras nuestro propio proceso negociador estamos en condiciones de contribuir, PSOE y PSC, a la estabilidad y la inteligencia política necesarias para encontrar las soluciones que mejor sirvan a Cataluña y a España.

Muchas gracias.

Nueva etapa del Diario

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Mi elección como primer secretario del PSC (en un proceso recogido en mi web Reconstrució) obliga a un cambio en mis rutinas y me impedirá a partir de ahora actualizar semanalmente mi Diario. Sigo recomendando de forma casi diaria artículos de opinión que considero relevantes y que podéis encontrar en mi Scoop.it y en el recopilatorio Alternatives. También los podéis seguir a través de mi Twitter y de mi perfil y pàgina en Facebook. Sigo alimentando también mi Archivo en castellano y en català, el ArxiuPSC, y los sitios web Cartells socialistesLlei electoral y Reforma federal.

Podréis ir siguiendo las secciones dedicadas al programa Polònia y las recomendaciones de la Zona Web en los sitios web de sus respectivos autores, mi hermana Núria y mi amigo Antoni Gutiérrez-Rubí.

Por mi parte, seguiré haciendo anotaciones en este Diario sin la regularidad habitual. Hoy me limito a recomendaros el artículo de Patxo Unzueta “¿Hay margen para un nuevo pacto?“, mi artículo “Federalismo necesario” y la reflexión que hice al hilo de la Diada del 2013 como presidente de la Fundació Rafael Campalans.

¡Hasta pronto!

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